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EFE/ WILL OLIVER

 

Si 2020 estuvo como estuvo, no quieran ver cómo andará 2021, a juzgar por su estreno.

Cierto es que ya no se sabe qué es realidad y qué es ficción: ¿son vacunas las vacunas o pasos previos hacia la eutanasia masiva de ancianos y bobos de la yuca? ¿La manifestación de Washington era de patriotas pro Trump o se trataba de figurantes al peor estilo hollywoodiense contratados por Black Lives Matter, Antifa y Soros? Qué manera de engañarnos Hollywood con sus superproducciones en el pasado, en las que nos mostraron aquello de que poner un pie en el Capitolio, así como así, no podía suceder ni en los cuentos de hadas de Disney.

No me vengan con lo de la teoría de las conspiraciones, que miren que a los conspi-paranoicos también nos persiguen. El caso es que, viendo las imágenes de varios vídeos y estudiando diversos ángulos fotográficos y hasta actitudes de los fotografiados, contra, me digo, qué fácil consiguió esta gente, vestida como iba, entrar al Capitolio, qué suave así por las buenas, qué policías tan gentiles, ¿no? Como mínimo resulta sospechoso. Vean aquí.

Nadie en su sano juicio se puede tragar la versión oficialista acerca de lo que aconteció este miércoles en Estados Unidos. Pero lo que menos podemos asimilar es la traición del vicepresidente Mike Pence; por otro lado, la ingenuidad del presidente todavía en funciones, Donald Trump, y, el cómo han conseguido voltear –incluso siendo habitual en la izquierda– la tortilla: porque del fraude electoral, lo que constituye un golpe de Estado sin duda alguna, hemos pasado a otro tipo de golpe de Estado, que hasta la prensa de derechas se lo endilga a Trump.

Las traiciones llueven entre los republicanos, qué podíamos esperar si el vicepresidente se bajó a última hora con ese numerito del “límite” constitucional. No me extrañó nunca de un Mario Díaz-Balart y de un Marco Rubio, no porque tengan sangre cubana, aunque también, sino porque sus parlamentos se los escribe por debajo del tapete Bush el ñame. ¡Pero del hombre de fe como se nos vendió Pence, ni en la peor de las pesadillas!

De cualquier modo, venga lo que venga, que ahora la esperanza se ha ido extendiendo hasta el próximo 20 del mes en curso, quedan 75 millones que votaron por un líder, por un patriota, por un hombre que ha querido salvar a América del comunismo –aunque muchos creemos que llegó tarde–. ¿Qué pasará con ellos? ¿Qué pasará con Trump, al que ya están queriendo aplicarle la 25ª Enmienda, la que no le aplicaron a Obama ni a Biden por traición, por fraude electoral y corrupción?

Lo visto en Estados Unidos seguramente ha puesto muy felices a Raúl Castro, a Nicolás Maduro y a todos los dictadores de América Letrina, así como al Gobierno social-comunista de España (Pablo Iglesias ya destiló su veneno en Twitter), porque es una manera de echarle en cara a la primera potencia mundial que ya va dejando de serlo, y podrán hincharse pletóricos a cacarear que más república bananera que USA no hay.

“Estamos todavía reflexionando”, me dice un amigo, tratando de ver un resquicio poco probable. De cualquier modo, Joe Biden, el manoseador corrupto, no gobernará. Gobernará Kamala Harris, o sea Obama, o sea Soros, o sea la componenda del Vaticano y de las grandes fortunas en la sombra.

Sí, Máster, ya sé que usted advirtió muchísimo antes que esto ocurriría, como todo sabio japonés que se respeta. Ahora la realidad lo acuña.


Este artículo se publicó originalmente en Libertad Digital el 7 de enero de 2021

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