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Stille Nacht! Heilige Nacht!…. literalmente sería algo así como “Noche callada, noche sagrada…”, aunque nosotros la conoceríamos más bien como “Noche de paz, noche de amor…”. Posiblemente la canción navideña más bonita y conocida de la historia.

Pero… ¿Conocemos su origen?

Data de 1816, de Austria… Sucede que apenas hacía un año que habían terminado las terribles guerras napoleónicas, que, siendo producto de la Revolución Francesa, duraron 12 horribles años de muerte, saqueos y muchísima sangre. Austria, principal víctima de las agresiones francesas, a duras penas logró ganar la guerra con ayuda de sus aliados, pero había quedado en bancarrota como nación, y emocionalmente quebrada por tantas y tantas muertes. El pueblo austriaco para ese momento sufría todo lo que puede sufrir una generación entera cuando es víctima de los desmanes de la guerra… pobreza, hambre y enfermedades… Hoy le llamaríamos “Crisis humanitaria”.

Para colmo de males, aquel año el clima fue muy frío, y se perdieron casi todas las escuetas cosechas sobrevivientes a la guerra, de hecho, fue llamado “El año sin verano”. Además, cuando la canción fue estrenada, el órgano (instrumento musical) de la iglesia estaba dañado, y no tenían recursos económicos para repararlo… es decir: todo lo que podía salir mal, salió mal…

Y así, en medio de la peor de las carestías, el párroco y el músico resolvieron estrenar la canción solamente acompañados con las voces de los asistentes a la misa de Nochebuena, y una humilde guitarra… y esa noche hicieron historia, y nos regalaron una canción que pasaría a ser considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en el año 2011.

Es que justamente en los momentos más difíciles sale a relucir lo que realmente somos, lo mejor, y también lo peor. ¿Qué sacará a flote en nosotros la crisis que actualmente atravesamos? En términos económicos puede que no sea la mejor navidad que hayamos vivido, de hecho, para muchos se trata de la más difícil de todas; no es un secreto: demasiada tragedia, muchísimas carencias y una incertidumbre atroz que pone a prueba los nervios del más templado.

Pero la navidad es mucho más que un arbolito, una hallaca o los “estrenos del 24”, la navidad es un momento de unidad familiar; y es justamente la familia, como núcleo central de nuestra sociedad, la verdadera estrella de Belén que ilumina las noches de oscuridad en la tierra, dándonos calor, luz y esperanza.

Recibamos esta navidad sin adornos que desvíen la atención del núcleo central de la celebración, y hagamos de esta noche, y del día de mañana, y de todos los que están por venir, un motivo de alegría sincera en nuestros corazones. Celebremos el nacimiento de Jesucristo, y mantengamos viva la esperanza de que el año entrante las cosas serán mejores, muchísimo mejores. Pero eso sí, que no sean esperanzas vacías, sino esperanzas fundadas en el empeño y el trabajo diario direccionado a la concreción de nuestras metas, individuales y colectivas, miren que: una fe sin obras, es una fe muerta.

Si queremos que las cosas sucedan, nosotros mismos tendremos que propiciarlas. “Ora et labora”.

¡Feliz Navidad!

Dios bendiga a Venezuela.

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