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Visión Global

Dando por descontado que el problema político venezolano será solventado en algún momento, más temprano que tarde (ya ha durado demasiado), quedará pendiente un problema mucho mayor, el relativo a la reconstrucción y consolidación del nuevo tejido social que requiere el país. Esto es así a pesar de que la transformación política requerirá de cambios en la sociedad, acuerdos de convivencia y participación ciudadana, todo ello bajo un marco de conducción y liderazgo político y ciudadano adecuados.

Y es que mucho se ha venido hablando desde hace más de dos décadas acerca del resquebrajamiento (ruptura) del tejido social tradicional del país motivado a factores de diversa naturaleza, tales como los políticos, económicos, sociales, culturales e institucionales. En efecto, Venezuela viene presenciando profundas modificaciones en sus formas de relacionamiento social y convivencia ciudadana, construidas particularmente durante sus últimos 50 años y que la convirtieron en un país con bajos niveles de violencia política y social, envidia en América Latina. El siglo XXI ha trastocado sensiblemente este tejido social.

Durante el presente siglo se han venido conformando nuevas relaciones, acentuadas en la última década, producto del nuevo modelo político ideológico en experimentación, del abrupto colapso del modelo petrolero rentista que se ha mantenido, el significativo deterioro del sector productivo no petrolero tanto público como privado, y el afloro de una crisis humanitaria que atenta a diario contra la cobertura de las necesidades básicas de la ciudadanía, por lo que urgen acuerdos y el restablecimiento de la convivencia y solidaridad entre sus habitantes, y entre sus gobernantes y los ciudadanos.

Sin embargo, cabe preguntarse si el nuevo tejido social en construcción durante este siglo (no muy bien definido u orientado todavía de manera firme) puede generar la estabilidad necesaria para el desarrollo de las potencialidades y retos que tiene por delante el país.

Progresiva Destrucción del Tejido Social y el Gran Reto

Es obvio que los últimos años de la llamada IV Republica no auguraban estabilidad social (incluidas las intentonas militares fallidas), de allí el advenimiento del chavismo al poder. El cambio de rumbo que se adelantó con la Revolución Bolivariana desde 1999 ha traído modificaciones en todos los ámbitos de la vida nacional. En buena medida, la estrategia pragmática gubernamental parece haber sido la de crear una institucionalidad paralela en todos los ámbitos de la vida nacional, incluso de aquella asociada al ámbito religioso. El desprestigio de las instituciones tradicionales fueron desplazadas o minimizadas por la nueva institucionalidad creada, hasta hacerse totalmente evidente con la lucha por la Asamblea Nacional y la creación de la Asamblea Nacional Constituyente; amenazada ahora la primera por ser sustituida por el Poder Popular en sus más variadas formas (léase Estado Comunal).

Todo esto ha hecho que bajo la creencia de entregarle el poder al pueblo bajo la denominada “democracia participativa y protagónica”, vendrían los grandes cambios sociales asociados al modelo del Socialismo del Siglo XXI. Así, se construiría un nuevo hombre y un nuevo tejido social acorde.

Desafortunadamente, el nuevo tejido social con bases socialistas está lejos de ser estable, puesto que la realidad de la aceleración en la destrucción masiva de la economía ha dado al traste con su consolidación, generando mas bien una fuerte inestabilidad.

Es claro que el gran reto es la construcción de un nuevo tejido social estable. En cualquier caso, este requiere tiempo para su fortalecimiento y la conformación de relaciones sólidas y de respeto entre los distintos participantes en la sociedad.

Elementos Intrínsecos en la Transformación del Tejido Social de los Ultimos Tiempos

La grave afectación en las formas de relacionamiento y convivencia social en Venezuela es lo que algunos han calificado como el “daño antropológico”.

En los cambios que se vienen produciendo están presentes algunos factores asociados a un revanchismo político y a un concepto de lo social mal entendido (por ejemplo, los pobres son pobres porque los ricos les han quitado oportunidades). Pero también por factores vinculados al “facilismo” de parte de la población (logros al menor costo) y dependencia exacerbada del Estado combinada con su paternalismo. Esto ilustra la visión del modelo social entendido por décadas en Venezuela (no “capitalista” como algunos han querido hacerlo ver), y hoy día llamado “socialista”, sin llegar a serlo.

Lo cierto es que la sociedad venezolana ha estado sometida a una significativa y profunda destrucción de su tejido social tradicional, proceso que se ha ido gestando día a día y por distintas vías. Muchos son los elementos intrínsecos que interactúan en la conformación de este tejido, enfaticemos algunos de ellos.

El primer elemento a destacar está relacionado con el ambiente económico, pues este define en gran medida el confort y bienestar con el cual puede vivir el venezolano. Este, como es bien sabido, ha derivado en un deterioro muy  pronunciado en sus indicadores durante los últimos siete años, aunque el entorno como tal ya venía siendo adverso. Las consecuencias han sido, entre otros, una contracción económica muy fuerte que ya alcanza cerca de 80% del PIB, poca generación de empleo formal productivo, una hiperinflación sostenida y una perdida prácticamente total del valor de la moneda (recurrentes reconversiones monetarias) y del salario de los trabajadores, al punto que el salario mínimo en Bs. está por debajo de un dólar americano. Ello viene ocurriendo en un contexto de progresiva dolarización de las transacciones domésticas, pese a que la moneda nacional sigue siendo el bolívar. 

Este panorama económico ha terminado por afectar muy negativamente a las variables sociales, pues el ingreso de los trabajadores está muy lejos de cubrir la canasta alimentaria, dejando también al descubierto la falta de cobertura de los servicios públicos básicos, educación y salud, de hecho ya carentes o muy deteriorados. Así pues, las necesidades del venezolano vienen siendo crecientemente insatisfechas, dificultando su vida, su convivencia familiar y obviamente ciudadana. Esto ha derivado en situaciones de crisis humanitaria, desnutrición, miseria y pobreza agudas (se manejan cifras de pobreza entre 80-90%). Visto desde otro ángulo, la situación económica ha hecho evidente la existencia de al menos “dos Venezuelas”, una, la que posee y/o genera $ o Euros, posee capacidad adquisitiva y en consecuencia dispone de un buen nivel de vida; y la otra, la que todos los días trata de sobrevivir, incluso hurgando en la basura para buscar algo de comer. Aquí se une el deterioro económico con el social que ha terminado por resquebrajar el tejido social y que requiere de un resurgimiento de la economía para comenzar a ganar terreno nuevamente en términos de bienestar social.

Pero el deterioro del tejido social tiene que ver también con muchos otros factores. Recordemos que el chavismo le vendió a la población más desposeída la posibilidad de salir de la pobreza mediante su superación educativa, al poner en marcha algunos proyectos (misiones). Este ideal, que fue originalmente compartido por muy buena parte de la población, al verlo como algo positivo en términos sociales y solidarios, terminó por desvanecerse como proyecto nacional al evidenciarse la carga político-ideológica que llevaba aparejada y las exigencias del mercado laboral privado.

En contraste con los objetivos gubernamentales, los indicadores en el campo educativo son, como mínimo, desesperanzadores. De acuerdo a lo expresado por la Fundación Redes Venezuela “en los 23 estados del país, la deserción escolar en la educación media supera el 75%; cerca del 45% de los maestros han abandonado la educación pública y 60% la privada. Los educadores han protagonizado protestas por los bajos salarios, la carencia de condiciones mínimas para el ejercicio de la profesión, el incumplimiento de reivindicaciones sociales, pero también por la desnutrición de los estudiantes, la deserción escolar y, en general, por las deficiencias del transporte público, los altos índices de inseguridad,  y alto costo de la vida”. 

Por otra parte, los antagonismos y conceptos puestos de moda, tales como: escuálidos, patriotas, apátridas, ricos, pobres, buenos, malos, y traidores, entre otros, han buscado dividir a la sociedad y familia venezolana, desafortunadamente con mucho éxito, a costa del debilitamiento del tejido social.

No son pocos los que creen que uno de los aspectos más graves de lo que se ha estructurado radica en la construcción de una red clientelar mucho más fuerte de la que había operado en gobiernos anteriores, con características burocráticas y de amplia corrupción que ha permeado prácticamente toda la estructura del aparato público y  que determina, quiérase o no, para bien y para mal, la vida de muchos venezolanos que dependen directa o indirectamente del Estado. Incluso, en esto último se inscribe la dotación de alimentos a cambio de apoyo político, pero a costa de la humillación y minusvalía de muchos de los trabajadores públicos y familias venezolanas. Lo increíble es que esto ocurre contrariamente a “la venta política” que los altos gobernantes realizaron para hacerse del poder, cuando criticaban duramente al capitalismo salvaje, depredador e inhumano por erosionar los valores sociales.

Todo lo anterior ha alimentado la conflictividad social en términos de polarización, no solo política sino más grave aún social, que compromete el encuentro de una salida sensata y duradera como sociedad y país. En gran medida, el problema se centra en la perdida del respeto y la aceptación de las diferencias (tolerancia) entre los políticos, entre los ciudadanos, y entre estos dos, todo lo cual atenta contra el tejido social y lo resquebraja.

Es indispensable que sea resuelta la polarización y violencia política que se ha vivido en el país durante los últimos tiempos, ya que ha derivado en situaciones de agresión en todas sus formas entre hermanos venezolanos (llegándose a ver como “normal” en la disputa o ambiente político), pero que han tenido serias implicaciones adversas en la vida de los ciudadanos, su individualidad y sus relaciones en sociedad.

­­­­­­­­­­­­­­­­­­Comentarios Finales

La reconstrucción del tejido social será una tarea ardua que demandará tiempo y mucha solidaridad. Dada la responsabilidad del sector político en el tema, el mensaje para ellos es el de humanizar la política, poniendo por delante al ciudadano y al país.

Como lo han señalado otros, el proceso de reconstrucción del tejido social requerirá de la despolarización social y la aplicación de la justicia unida a la “reparación social postconflicto” (similar a los acuerdos de paz), pero por encima de todo, la construcción de ciudadanía y la siembra de la cultura de paz.

Se requiere de una reconciliación política nacional verdadera y duradera, y que elimine la represión o revancha como política de Estado. A esto debe sumársele lo que ha planteado la Iglesia venezolana en términos de la necesidad de un pacto educativo (con visión histórica). Y finalmente, se hará necesaria la construcción de alianzas sólidas a todo nivel para tener éxito.                                                                     

La urgencia en la reparación del tejido social radica en el riesgo de que Venezuela se extinga como sociedad y ciudadanía, mas allá de como nación, por lo que ese tejido social debe ser racional y estable para darle viabilidad al país.

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https://www.analitica.com/opinion/un-tejido-social-estable-para-venezuela/