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En el complejo ambiente de las nuevas realidades que se están configurando como componentes de la denominada sociedad de la información y el conocimiento que caracteriza al presente siglo, la democracia luce convulsionada y reflejando preocupantes signos de deterioro que ponen en peligro su vigencia como el sistema que históricamente ha representado la forma más civilizada de gobierno de la que se ha beneficiado la civilización occidental.

No debemos olvidar que sistemas con características democráticas que en tiempos remotos lucían muy sólidos, al final pasaron a la historia. Así sucedió con la democracia que durante dos siglos prevaleció en Atenas y con los quinientos años de autogobierno que se dieron los romanos. Es por ello que resulta preocupante el proceso de deterioro que asoma el sistema de democracia liberal surgido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y que, a partir de entonces y hasta nuestros días, se ha mantenido como el sistema político por el que se conducen las sociedades en un buen número de las naciones del planeta, demostrando ser el menos malo de los sistemas de gobierno por asegurar la libertad, la prosperidad, la estabilidad y la paz social.

Para una mejor comprensión de los peligros que amenazan el futuro de la democracia, es importante destacar las características del sistema de democracia liberal que está en graves riesgos. Y es que la democracia liberal como sistema político es democrático y es liberal a la vez, es decir, es un sistema que proteja los derechos individuales y facilita que los ciudadanos tengan posibilidades de que sus propuestas y opiniones puedan convertirse en ejecuciones concretas del gobierno. El debilitamiento o deterioro de este sistema se persive porque el mismo ha perdido capacidad para responder por las demandas de los ciudadanos y ha comenzado a entrar en lo que algunos politólogos califican como una “crisis de rendimiento” que ha estado facilitando el surgimiento de corrientes populistas de derecha e izquierda que aprovechan esa debilidades del sistema para provocar la profundización de la crisis del mismo con intenciones de promover su desmantelamiento.

Son varias las circunstancias que estan contribuyendo al debilitamiento de la democracia liberal, generando su crisis de rendimiento y dificultando su desenvolvimiento en el contexto de las nuevas realidades globales. Así, si bien es cierto que el proceso de globalización ha contribuido a la expansión de la democracia y la libertad y al crecimiento económico en muchos paises, los beneficios del progreso no se han distribuido en forma equitativa y durante las últimas décadas en varios de esos paises el sistema político, promovido para asegurar la eficiente gobernabilidad en beneficio del pueblo, con frecuencia ha fallado en ese compromiso, lo que está facilitando el surgimiento del populismo que se promueve como una alternativa democrática, pero que a la larga siempre termina confrontando la voluntad popular, confiscando derechos humanos y evolucionando hacia regímenes autocráticos y hasta totalitarios. Por ello el populismo en su ejecutoria es realmente un sistema anti liberal y anti democrático que, en el caso de América Latina, ha surgido como corriente espasmodica que, en gran medida, ha sido pesada rémora para el desarrollo de la región.

Las crisis económicas representan igualmente serias amenazas a la democracia liberal; es así como el impacto mundial de las secuelas de la crisis de Wall Street de 1987 produjo notables cambios políticos en muchos paises, con surgimientos de gobiernos autoritarios y de nuevas organizaciones políticas, lo que ha generado muchas complicaciones para conformar pactos políticos y asegurar la gobernabilidad. Conviene señalar que es posible que esta tendencia tienda a agudizarse con la profunda crisis económica derivada de las medidas de confinamiento para combatir la pandemia sanitaria del COVID 19. A estas circunstancias se agregan los nefastos efectos desestabilizadores que, en algunos gobiernos democráticos y en los sistemas de partidos políticos, ha estado causando la corrupción en la gestión de los asuntos públicos y en las organizaciones políticas. Los casos de Italia y Grecia son emblemáticos en Europa. En Italia por graves escándalos de corrupcion colapsó el sistema de partidos tradicionales, lo que ha provocado el surgimiento de nuevas organizaciones y liderazgos, la mayoría con sesgos populistas. En Grecia se ha hecho protagónica una coalición de izquierda radical, y en España en gran medida como consecuencia de la crisis inmobiliaria de 2008-2014 surgió PODEMOS, el movimiento populista de extrema izquierda que, junto con los partidos separatistas, ahora comparte gobierno con el Partido Socialista con empeños de impulsar en el pais cambios de corte social comunista. Igualmente América Latina esta plagada de los efectos perversos que en regímenes democráticos ha estado causando la plaga de la corrupción , facilitando el surgimiento de gobiernos populistas, destacándose como casos emblemáticos Argentina, Brasil, México, Bolivia, Perú, Guatemala, Panamá, Venezuela, entre otros.

El deterioro de la democracia liberal responde igualmente a la presión de la ofensiva neomarxista o socialcomunista que, con la estrategia Gramsciana de penetrar con ideas estatistas y populista los sistemas educativos y los medios de comunicación y expresión, ha lograda importantes avances desestabilizadores y el control político en algunos gobiernos. El Progresismo y el Globalismo, con sus sesgos liberticidas representan también una seria amenaza a la democracia liberal. Pero quizás el mayor reto para asegurar su sobrevivencia como sistema político que debe enfrentar la democracia liberal es el de desarrollar una estrategia de convivencia en el entorno de las nuevas realidades planteadas por la informática y el destacado poder adquirido por los medios de comunicación y redes sociales que, como acaba de suceder en las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, han desempeñado -la mayoría de ellos en manos de importantes magnates globalistas- un abierto y beligerante papel en contra del intento reeleccionista del presidente Trump, llegando al extremo de cortar la intervención del Jefe de Estado durante una rueda de prensa, cuestión que nunca había sucedido en la larga historia democrática de ese pais.

En este mes en curso se estan cumpliendo 31 años de la caída del Muro de Berlín, hecho histórico que marcó el acelerado proceso que puso fin a la Cortina de Hierro y que, luego de una serie de movimientos populares -la gran mayoría pacíficos-, señaló la disolución de la Unión Soviética y el colapso de la gran mayoría de los gobiernos comunistas a nivel mundial. Son acontecimientos que revelan la fortaleza de la libertad y la democracia frente a sistemas estatistas cuando los ciudadanos asumen el protagonismo en la defensa de esos supremos valores.

En las actuales circunstancias que amenazan la sobrevivencia de la democracia liberal se impone la necesidad de promover las bondades de ese sistema y fortalecer la educación ciudadana para asegurar la defensa del mismo. La educación democrática debe fomentarse con énfasis en la exposición de las razones que validan la importancia de este sistema politico, en contraste con las perversidades de alternativas ideológicas y sistemas anti democráticos que, como el socialismo marxista, confiscan la libertad, vulneran los derechos humanos y solo han generado miseria y destrucción en los pueblos donde se han impuesto. Promover la ciudadanía como defensa de la democracia liberal supone el compromisos de los medios de comunicación social, de los intelectuales democráticos y del sistema educativo formal en el empeño de hacer de la formacion cívica un objetivo primordial. En el currículo de las instituciones educativas, a todos los niveles, se debe incorporar un sistema de educación en valores y principios democráticos. Ello supone superar las deficiencias pedagógicas, especialmente en las universidades para romper con el tradicional modelo educativo concentrado en solo objetivos utilitarios y de la mera formacion profesional, a fin de incrementar la formación cívica y una pedagogía de educación en valores y en los principios constitutivos del Capital Social que son fundamentales como soporte del sano ejercicio de una genuina democracia liberal de ciudadanos.

No hay dudas que es mucho lo que se puede hacer en defensa de la democracia liberal, frente a las amenazas de los populismos de izquierda y de derecha y los retos planteados en esta sociedad global de la información y del conocimiento que impone cambios fundamentales en la manera de hacer política y de gestionar los gobiernos. Ello supone, como reto impostergable, fomentar en los ciudadanos las virtudes de la libertad y el compromiso con la defensa de los derechos individuales y el principio liberal del imperio de la ley como garantía contra la arbitrariedad y la injusticia. Supone finalmente que los lideres y las organizaciones políticas, con vocación democrática y sólidos principios éticos, respalden con empeño protagónica y carácter prioritario, los cambios y acciones necesarias para asegurar una democracia liberal inmune frente a las amenazas que ponen en peligro su futuro.

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