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En las sociedades democráticasel resultado de las elecciones se determina con los votos de la gente. El proceso democrático en EE.UU. eligió al presidente Donald Trump en 2016. Cuatro años después, después de que todos los votos legales son contados y verificados, el mismo proceso podría requerir que transfiera pacíficamente el poder a otra persona. Claramente, desde ahora hasta la inauguración el 20 de enero de 2021, se requiere que muchos procedimientos electorales y batallas legales en estados reñidos claves aclaren todas las incertidumbres acerca del voto popular en esta elección. El proceso democrático depende no solo la creencia de los ciudadanos en el mismo, sino también de su paciencia con los procedimientos que son integrales y que toman su tiempo. Consecuentemente, el presidente Trump podría haberse excedido cuando dijo, “Si cuenta los votos legales, gano fácilmente”.

La transferencia pacífica de poder ha sido una parte esencial del exitoso experimento americano con la democracia a lo largo de sus más de 200 años. Si un presidente se negara a entregar el poder luego de perder una elección, esto crearía un inmenso efecto desestabilizador en la sociedad. Significaría que un presidente estaría cayendo junto con el sistema electoral y la democracia del país. Esperemos que eso no suceda.

Mientras tanto, para declarar el resultado oficial del ganador de la elección presidencial de este año en EE.UU., todos los votos legales necesitan ser contados y verificados, incluyendo aquellas papeletas que todavía no han sido contabilizadas. Según la Comisión de Asistencia Electoral (EAC, por sus siglas en inglés), menos de un 5% de los electores en Carolina del Norte, Pennsylvania y Wisconsin votaron por correo en 2016. Este año, 1,2 millones o 21% de los residentes de Carolina del Norte, 2,6 millones o 37% de los de Pennsylvania, y 1,2 millones o 34% de los de Wisconsin solicitaron papeletas para enviar por correo. Como estos votos suelen ser contados después que aquellos depositados en las urnas, las ventajas del presidente Trump empezaron a evaporarse tan temprano como la noche del 4 de noviembre. Este desarrollo ha resultado en muchas preguntas entre aquellos que siguen el conteo extra-oficial de los votos, especialmente entre los partidarios de Trump.

Es interesante que los estados de EE.UU. todos tienen sus propias leyes electorales, las cuales entre otras cosas regulan los votos vía correo, y los electores deben tener en cuenta estas ampliamente distintas normas legales, especialmente aquellas que determinan hasta cuando se puede realizar un voto en ausencia y hasta cuando este podría llegar a la oficina electoral. Mientras que las leyes electorales de cada estado varían en sus detalles, una característica común entre ellas es que las papeletas enviadas por correo deben tener fecha de envío del día de la elección a más tardar.

Con millones de votos enviados por correo este año, se ha reportado que una mayoría de estos han sido a favor de Joe Biden. Hay dos razones principales para este desarrollo. Primero, los electores de Biden solían ser mas temerosos que los partidarios de Trump de una exposición al COVID-19 en las urnas. Los electores que votaron por Trump, en cambio, estaban más ansiosos acerca de votar por correo, en parte porque el presidente mismo les pidió no confiar en este método de votación y en cambio votaron en persona o pasaron dejando sus papeletas de voto en ausencia directamente en el lugar de votación.

El 8 de diciembre es la fecha límite para que, en virtud de la Ley Federal de EE.UU., los estados deben haber resuelto cualquier asunto relacionado al colegio electoral. Por lo tanto, los estados de EE.UU. tienen más de un mes después del día de las elecciones para contar el voto popular, resolver cualquier disputa, certificar los resultados, y otorgar sus votos al colegio electoral. El pueblo estadounidense espeta que tanto la ley de los estados como la federal sea respetada al momento de determinar cuáles electores de los estados son enviados al colegio electoral.

En lugar de dudar e incluso quizás socavar el proceso democrático, los estadounidenses, incluyendo a su presidente, deberían confiar en el proceso electoral y entender que en su esfuerzo de ser preciso, transparente y justo, este tarda tiempo y requiere de verificación para declarar un resultado final. Este no está determinado por lo que los políticos dicen, incluso si se trata del presidente de EE.UU. En cambio, este está decidido por los votos ciudadanos, con las autoridades electorales haciendo cumplir las leyes electorales y las cortes resolviendo las potenciales disputas en relación al proceso electoral.


Tanja Porcnik es académica adjunta del Instituto Cato y presidenta y co-fundadora del Visio Institute en Slovenia

Este artículo fue publicado originalmente en Delo el 11 de noviembre de 2020.

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