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“Los chilenos:“Somos clasistas, jerárquicos, isleños y envidiosos”.

“Una sociedad que no tolera ser cuestionada no se supera a sí misma, limitando así su desarrollo”. 

Leyendo el realista estudio “Un país desconfiado”, del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, y otros artículos que resaltan los rasgos culturales de los chilenos.

“Se desconfía de las élites, de los partidos, de quienes ostentan el conocimiento epistémico, de los dirigentes sociales, de los vecinos. ‘¿Cuál es la letra chica?’ ‘¿Dónde está la pillería?’ ‘¿Por dónde nos quieren fastidiar?’ Se construyó una sociedad con tanta letra chica que resulta imposible confiar”. Chile está enfermo de desconfianza.  

En la conversación cotidiana «los chilenos somos expertos en irnos por las ramas, minimizar, ocultar o decir una cosa por otra con tal de evitar el temido conflicto«.

Esto porque damos demasiadas vueltas para decir las cosas. ¡No somos directos! Y eso llama la atención a los emigrantes, sobre todo, a nuestros hermanos venezolanos que son directos y alegres.

  “En  todas  las  épocas  de  la  historia  de  Chile, desde la conquista con Don Alonso de Ercilla y Zuñiga y su famoso libro La Araucana,   ha estado siempre  latente la  preocupación de  conocernos  a  nosotros  mismos,  de  describirnos,  de  estudiar  nuestro carácter,  el  por qué  somos  cómo  somos.  Cuáles  serian los  factores que  han influido  en  nuestra  idiosincrasia, tal vez el clima del país  o bien  su ubicación  geográfica,  esta larga franja de territorio que  pareciera una  isla  en  un  extremo lejano de  un continente; con limites  casi  infranqueables, al sur  la  Antártida el  polo sur; al norte un desierto enorme; al oeste  el océano  Pacifico  casi infinito   y  al  este  la  cordillera de  los  Andes, con sus niveles  más altos de  América.  Que  luce hermosa  e  imponente,  que  nos da  identidad,  una  marca  país”.

Destacados políticos, diplomáticos, escritores, humoristas criollos han tratado de explicar  los  rasgos y características  de  los  chilenos. Don Alberto Blest Gana,en el siglo XIX, en sus conocidas novelas costumbristas (Martin Rivas, Los trasplantados, etc),  Alberto Cabero publicó un libro  muy reconocido en su  tiempo en 1990:  “Chile  y  los chilenos”.  Alberto Edwards criticaba la forma de vida de los chilenos y su “ineficiente” forma de gobierno en la época. Sus ensayos relacionados con la historiografía de Chile fueron más conocidos que cualquier otra cosa que haya escrito, siendo La Fronda Aristocrática en Chile el más sobresaliente.

Sin embargo, entre los escritores que mejor han descrito y criticado la identidad chilena, han sido: Don Joaquín Edwards Bello(JEB), en sus vigentes crónicas y libros, la incomparable poetisa Gabriela Mistral(GM) con sus escritos y correspondencia a sus amigos, algunas de ellas, inéditas recién conocidas.

Por supuesto, no podemos dejar de citar a Jenaro Prieto un agudo observador de la idiosincrasia chilena plasmó con un humor excepcional sus reflexiones críticas acerca del gobierno, la sociedad y la contingencia de su tiempo. Su estandarte fue siempre «decir la verdad con una sonrisa», así desde la sátira logró divulgar magistralmente sus certeras apreciaciones sobre la sociedad santiaguina.  Cecilia García Huidobro, su genial obra “Tics de los chilenos”,Ed.Sudamericana, 1998,  recopiló una serie de frases de autores sobre las características de los chilenos. “Una de aquellas frases se refiere al hecho de que los chilenos no son alegres, rasgo típico de su idiosincrasia. Cuando el chileno baila pone cara de tonto”. “O cuando se afirma que los chilenos son desconfiados. Cecilia quiso con este libro valorizar el género de la crónica y los periódicos. En segundo lugar poner de relieve la importancia de la autocrítica y el valor del reconocimiento de una característica que es parte de la identidad de los chilenos.

En efecto, además de desconfiado, Chile tiene otros defectos  culturales: isleños, clasistas jerárquicos, envidiosos, más conocido como  chaqueteo, el deporte nacional, descritos por JEB. Y algo similar se expresaba la poetisa (GM), pero lo que más la irritaba era el doble estándar de sus paisanos; bastaría recordar que recibió el Premio Nobel de Literatura antes que el Premio Nacional (con ella funcionó el chaqueteo), por ello, inteligentemente permaneció gran parte de su vida en el exterior.

JEB no sólo fue un “estimulador del pensamiento público” como gustaba denominarse, sino un significativo cultor del espíritu crítico entre nosotros. Poco se ha dicho y reconocido de su aporte a uno de los rasgos más atrofiados de nuestra sociedad:  el hábito de discrepar y polemizar.  “Por lo general en Chile una discusión en vez de ejercitarse en el plano de los argumentos deriva muy rápidamente en la descalificación personal con afirmaciones como “ ¿y quién eres tú para hablar de este tema?”. Él, en cambio, promueve el debate e incluso pública opiniones que lo cuestionan”.

“El chileno construye bien, pero demuele mejor, y cuando echa abajo algo lo hace con alegría. Es la manía destructiva que nos preside y nos gobierna”.(1). Sólo bastaría mencionar la demolición del bello puente de Calicanto. Las calles Ejército y Dieciocho, aun se han salvado 

Ejerciendo de «tábano», Edwards Bello se lanza al cuello de sus compatriotas: «La raza chilena tiene dos caras: es o muy fuerte y sufrida, o desfalleciente y lánguida al extremo», anota. Luego complementará diciendo que «el chileno, contra todas las apariencias de resistencia y agresividad, es dócil y ansía encontrar disciplina, amo que lo guía. Solo, sin control, nuestro pueblo no ha dado buenos resultados». Es lapidario: «A un chileno le duele cualquier éxito nacional». Agrega: «El chileno se cansa pronto de todo: vive ávido de novedades extranjeras». Otro defecto que destaca «Apequenamiento». Quizás aún rige: «Apequenarse quiere decir hacerse pequeño de una manera nacional especial que proviene de ese fenómeno que en otras ocasiones llamábamos ‘el cultivo sistemático del fracaso nacional, .nuestra inferioridad económica de Encina.

Es que la intolerancia a la crítica es un problema cultural que tiene que ver con la idiosincrasia del chileno. “En nuestra sociedad existe la creencia y el temor de que si le decimos algo al otro éste se va a molestar y nos retirará el afecto o el beneficio. Entonces, no criticamos ni esperamos que nos critiquen”. Esto lleva a relaciones interpersonales de mala calidad  e impide que los individuos se superen a sí mismos y construyan con otros un proyecto común que haga crecer al país. Por eso, es esencial educar para la crítica, desde temprano, ámbito en que padres y profesores tienen un rol especial como primeros agentes socializadores de los niños.

La incapacidad del chileno para recibir una opinión adversa se remonta a los orígenes del país. A diferencia de las naciones latinoamericanas que miran al Océano Atlántico y recibieron varias migraciones, Chile quedó aislado y se convirtió en un espacio monocultural, donde impera un orden tradicional y quien se aparta de él es castigado.

“Así, como dice Humberto Maturana, no consideramos  al otro como un legítimo “otro” en la convivencia y nos cerramos a escucharlo, en vez de preguntarnos qué aporte tiene para enriquecer nuestra vida y ampliar nuestros horizontes”.

A esto se suma la relación jerárquica entre patrones y subordinados heredada de la Colonia. “Debe existir una supremacía social o intelectual para que la crítica se acepte. Si no, la persona que la emite es descalificada: “Quién es éste para decirme algo”.

Asimismo, pesa la inseguridad del chileno: la persona que tiene conciencia de ser capaz está mucho mejor dispuesta a recibir juicios de los demás. Peor aún, la sociedad chilena no es autocrítica. Existe la costumbre de transferir las responsabilidades a otros, en vez de asumir los errores propios.

Así como los chilenos no son dados a ver las falencias propias ni la de los otros en forma abierta, tampoco reconocen cuando alguien hace algo bien. En el fondo, les cuesta expresar sus sentimientos, pero explotan cuando la situación ya es insostenible. “Así la crítica aparece como un acto violento y descalificador que resulta inaceptable para quien la recibe, en vez de ser una argumentación racional que permita construir un proyecto de sociedad”.

En consecuencia, las personas no logran establecer relaciones honestas y empiezan a interactuar en función de temas superficiales, hasta terminar en una repetida frase: “Esto me lo tenía guardado hace mucho tiempo”. El “minuto de confianza” que se ha institucionalizado en el mundo laboral chileno es una muestra de eso: durante todo el año el empleado soporta que el jefe haga y deshaga con él hasta que tiene la oportunidad de desahogarse.

El diagnóstico es bastante pesimista”. “Estamos muy lejos de legitimar a nuestras instituciones y tener confianza en ellas. Chile está muy lejos de meterse en una trayectoria que nos permita transformarnos en un país desarrollado”.

La solución:¡Poner como prioridad la educación como un proyecto país con visión de futuro a largo plazo! El anhelo de transformación social y cultural es posible y depende de nosotros exigir a la clase política hacerlo ya, ¡sino salir de ellos!!!!

Referencias:

 Rasgo Nacional: La arraigada costumbre de rehuir la crítica. 

www.diario.elmercurio.com 31/07/2002. Ángela Grisar Martínez.

https://www.icso.cl/noticias/un-pais-desconfiado/ http://www.quepasa.cl/articulo/politica/2015/03/19-16498-9-un-pais-desconfiado.shtml/

https://www.analitica.com/opinion/somos-como-somos/