La democracia no está funcionando bien, puede mejorar su funcionamiento si la gente presiona lo suficiente, como sucedió hace un siglo con el “New deal” de la era progresista.

Existe una situación ventajosa, las organizaciones internacionales tienen entre sus desafíos contribuir con la profundización de la democracia.

La Unión Europea, pongamos por caso, además de contemplarlo en sus 27 países miembros, también la promueve a través de la expansión de sus decisiones de política económica como ejemplo a nivel mundial.

Sin duda, ello depende de la debida actuación en las necesarias reformas de los Estados, si se pretende velar por la gobernanza sobre asuntos de interés común objetivamente y no para salvaguardar los intereses de particulares, contrarios a las bases del derecho supranacional que les compete, como confederación de alta legitimidad internacional.

Estas premisas y su sobrevivencia de cara a la preservación en dicha justicia están condicionadas directamente con su capacidad de reducir la desigualdad en la redistribución de la riqueza, la inequidad social y la injusticia. Su compromiso es con un espectro de 447 millones de habitantes -la tercera población del mundo después de China e India- y un PIB de más de 13,7 billones, luego de la salida de Reino Unido.

Según el último euro barómetro un 61 % de los españoles y 48 % de la media europea consideran la lucha contra la pobreza, y las desigualdades sociales como principal prioridad del Parlamento Europeo; teniendo en cuenta las consecuencias económicas percibidas a partir del COVID-19.

La incredulidad de los ciudadanos europeos -puede acentuarse de no cumplir con sus expectativas- y el creciente auge de las posiciones antieuropeístas, con presencia masiva, se ciernen como potenciales elementos disruptivos en el mediano plazo, capaces de promover la interrupción progresiva de este modelo constructivo.

La coyuntura adversa que se describe con la pérdida global de 4,68 millones de empleos en la zona euro y una caída del PIB en 2020 del 6,8 %, elevará las brechas sociales en una combinación de crecimiento del desempleo y elevada desigualdad en la distribución de las rentas.

Para mitigar los efectos provocados por la pandemia se activará el fondo de recuperación europeo, aprobado el pasado julio, dotado de 750.000 millones de euros y el presupuesto plurianual para los próximos siete años que en total asciende a 1,8 billones de euros hasta 2027.

Es preciso destacar que el bloque de los frugales, liderados por Holanda, exigió el cumplimiento de las reformas a fin de asegurar que el dinero se dedicara a los objetivos acordados.

Una postura razonable si se intenta contribuir a la buena gobernanza, ya que con las reformas se pretendería reducir las acentuadas asimetrías entre los países de la UE, basadas en la propia composición sectorial de sus economías.

Esto es la resultante de la propia fragilidad de sus instituciones, la gestión ineficiente en el diseño y ejecución del gasto social y de inversión. Así como de la incapacidad real del régimen fiscal para contrarrestar la creciente desigualdad por las limitaciones en el margen fiscal y la escasa sostenibilidad de las finanzas públicas, especialmente en países como Francia, España e Italia. Contradicciones que reducen la credibilidad y la gobernanza.

La falta de Coherencia, transparencia e imparcialidad.

La Comisión Especial sobre Delitos Financieros y Evasión y Elusión Fiscales (TAX3) señaló en 2019 a 7 países de la UE por mostrar rasgos de un paraíso fiscal y facilitar una planificación fiscal agresiva: Bélgica, Chipre, Hungría, Irlanda, Luxemburgo, Malta y Países Bajos. Estos estados miembros representan el 36 % de las pérdidas fiscales globales (más de 154.000 millones de $ anuales), diario ABC 23/02/2021.

Adicionalmente, la lista de los paraísos fiscales que Europa revisa cada seis meses es decepcionante por lo reducida, solo incluye a 13 estados o territorios, no incluyen la Islas Caimán y ningún paraíso fiscal europeo, como Luxemburgo, los Países Bajos o Irlanda.

Network señala que los cuatro paraísos fiscales que conforman un eje de evasión fiscal son: Reino Unido, Suiza, Luxemburgo y los países bajos, que representa para la UE una pérdida de recaudación de casi 25.000 millones de euros cada año.

Extrañamente, todas estas empresas a pesar de tener filiales en paraísos fiscales serán beneficiadas por préstamos blandos, aplazamiento de cotizaciones o ERTE, previstos para contrarrestar el impacto de la pandemia.

Por esta razón, las multinacionales que trasladen sus beneficios a Luxemburgo o a los Países Bajos, podrán beneficiarse del apoyo público del Estado enmarcado en los planes de recuperación.

Tamaña contradicción en una verdadera lucha para la evasión fiscal.

Usando como ejemplo Francia, el economista Gabriel Zucman recuerda que el 80 % de la evasión fiscal se realiza vía otros países de la UE. El fraude fiscal se estima entre 60.000 y 100.000 millones que restan a las arcas públicas estas magnitudes de ingresos, con una de las fiscalidades más regresivas del mundo.

Hacia una verdadera reconstrucción del tejido económico y social

Anne Case y Angus Deaton en su último libro: “Las muertes por desesperación y el futuro del capitalismo”, destacan que estas muertes son frecuentes entre aquellos que han sido dejados atrás, cuyas vidas no han ido como ellos esperaban.

“Los ingresos son una parte importante de esta historia. Pero el hecho de que la gente de clase trabajadora haya sido dejada atrás económicamente es importante, sobre todo cuando en la economía se ha producido un crecimiento real. Ese crecimiento les ha correspondido a las élites con más estudios, dejando a los demás atrás. La brecha cada vez mayor en los ingresos es una consecuencia de este proceso. “

En la sociedad del conocimiento en la que cada vez más importa la formación académica y la educación en valores, la inversión más productiva del Estado debe ser la educación.

Una educación orientada hacia la calidad y desarrollo de destrezas prácticas, simultáneamente con la inversión en investigación y desarrollo. Todo ello, forma parte de la formación de capital humano de excelencia competitiva internacionalmente, capaz de afrontar los nuevos desafíos tecnológicos y la transformación de los procesos de negocios empresariales en la nueva era.

Gasto en educación, brecha social y fraude fiscal:

Una falta de igualdad de oportunidades conduce a un aumento en la desigualdad de ingresos y también socava la justicia social.

“La distribución excesivamente desigual de los recursos de la economía amenaza la cohesión social y el sentimiento de pertenencia común.” European Comission 1917.

Un estudio del Banco Mundial nos revela que cada punto porcentual extra invertido en educación repercute en un crecimiento del 0,9 %.

En España, el gasto público en educación es del 3,97 % del PIB, y comparado con los países del entorno, es uno de los que menos invierte. El fraude fiscal representa el 3,5 % del PIB con lo cual luchar contra este flagelo podría reflejar un mayor aporte dedicado a la formación de capital humano.

Es preciso mencionar que el elevado desempleo que presenta España del 16,13 % afecta en mayor medida a la población joven sin estudios superiores.

En Italia la inversión en educación es similar 3,85 % del PIB y el fraude fiscal es alarmante, ya que representa el 7,5 % del PIB; siendo su gasto en educación incipiente.

Los países nórdicos se mueven en volúmenes de gasto como % del PIB en educación muy superiores: Suecia (6,77 %); Dinamarca (6,58 %); Finlandia (5,68 %), Noruega (5,61%).

No se puede garantizar el éxito de un programa de recuperación sin el debido saneamiento de las finanzas públicas y la inversión en la formación de capital humano altamente competitivo y de no hacerse, simplemente se acentuarán las brechas entre los países que integran la UE, promoviendo mayor inequidad socioeconómica.

Angus Deaton, premio nobel de economía en 2015, señala que “El problema con la desigualdad es que buena parte de la riqueza y de los ingresos de los más ricos se obtiene de manera inadecuada, dicho de otro modo, no es que vivamos en una sociedad desigual, sino que vivimos en una sociedad injusta”.

Y añade: “En buena parte de la economía, el remedio no es sustituir los mercados, sino hacer que se parezcan más a los mercados genuinos, libre y competitivos, que se supone que son, pero que cada vez más no son en realidad (…) Creemos que el capitalismo es una fuerza de progreso y de bien inmensamente poderosa, pero tiene que servir a la gente y no hacer que la gente le sirva a él”

En opinión de Deaton “El capitalismo tiene que estar mejor vigilado y regulado, no para ser sustituido por alguna fantástica utopía socialista, sino para limitar la captura de rentas y reducir el saqueo que comprimirá los ingresos injustos sin necesidad de elevados impuestos sobre la renta, si se considera que han sido ganados de manera justa.”

Las aspiraciones de los ciudadanos le plantean nuevos retos a la relación de las instituciones con el capitalismo. Estamos en un momento de exigir grandes decisiones que aseguren paz y libertad para el fortalecimiento de la democracia. La puerta de entrada a un futuro con certidumbre es menos desigualdad y menos injusticia, en su resolución está la clave del asunto.

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