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Pedro Vicente Castro Guillen @pedrovcastrog

La Universidad venezolana hoy no es más que el reflejo del profundo proceso de destrucción, una sociedad que ha visto vaporizarse sus instituciones políticas, sociales económicas, toda norma moral en la dirección pública; esto se simboliza en la destrucción de dos procesos que sintetizan sociedad y economía: la destrucción de la educación y la destrucción de la industria petrolera.  De aquí la pobreza material y moral del país, la hiperinflación que no es más que el resultado de la destrucción hasta sus cimientos de todo el tejido socio-productivo.

Este ha sido el trabajo del llamado socialismo en el siglo xxi, y no podían ser menores sus consecuencias en la educación superior en manos del estado. En su empeño por convertir y reducir a las desobedientes universidades a un aparato más de propaganda del socialismo, ha ido ahogando a las universidades autónomas a nivel presupuestario a otorgarle fracciones mezquinas del presupuesto universitario realmente asignado hasta llegar a las cifras ridículas del 8% y ahora para el año que viene el 2%. Esta actitud es el índice del desprecio del régimen por las universidades, por el saber, por la cultura.

El socialismo en el siglo xxi marca dos décadas de agresiones hacia las universidades, que es la respuesta a su no sometimiento, a mantenerse en firme rebeldía frente a las pretensiones de avalar o peor aún de cantar alabanzas ante el proceso de destrucción nacional. La permanente voz de protesta de profesores y estudiantes frente a los desmanes del desastre gubernamental, las violaciones de los derechos civiles, de los DD.HH, los flagrantes crímenes de lesa humanidad, que ya hoy aparecen abiertamente en los informes de la ONU no podían permanecer sin castigo por parte de un régimen que tiene por el peor de los crímenes la disidencia, la crítica, la intolerancia a la inmoralidad y la corrupción.

El castigo y la represión del régimen no ha podido ser más brutal, reducir el salario de los profesores en la contratación colectiva a cifras ridículamente insignificantes, desconociendo nuestro trabajo intelectual como creadores y líderes en la transmisión de conocimiento, reduciendo nuestras remuneraciones a niveles irrisorio, ya la hiperinflación no nos deja saber si 10 o 4 dólares; la condena a la miseria de miles de profesores activos y jubilados, que pierden sus posibilidades de conectividad porque no tienen como pagar el INTERNET. Por supuesto, ni hablar de alimentos, medicinas y otros servicios públicos y privados, aislados de los circuitos de conocimiento, porque participar en las redes de información, Congresos, Seminarios Internacionales requiere sufragar recursos del que estamos desprovistos.

Pero, la cuestión es aún peor las universidades llevan dos décadas de vandalización, cuestión que podemos fechar con la famosa toma del rectorado de la UCV con respaldo gubernamental en el año 2001. Desde ese momento las Universidades que se han opuesto al régimen han sido sometidas al más oprobioso saqueo material desde la reducción del presupuesto hasta el despojo por las bandas delictivas de sus equipos frente a la mirada impasible y porque no decir cómplice del régimen. En no pocas universidades los colectivos rojos en las llamadas tomas para reducir a sus profesores y estudiantes han destruidos las instalaciones universitarias sin que se produjera un castigo por parte del régimen de una actividad fuera de la ley.

Pero, el 18 de noviembre de este mes, se produce un quiebre de este relato de resistencia universitaria, cuando el Secretario y Vicerrector Administrativo encargado de la UCV Amalio Belmonte acompañado por 9 decanos, realizó un acto de postración de la universidad, cuando en el Auditórium de la Facultad de Farmacia con la presencia del ministro de educación superior Trompiz y Yadira Córdoba como actores estelares para recibir 2000 canaimitas que el régimen en modo de magnimidad le entrega a la UCV. El secretario Belmonte, monta esta farsa, esta burla a los profesores y estudiantes hundidos en la miseria sin posibilidades de acceder a alimentos y medicinas mucho menos a INTERNET, para luego chantajear a los profesores para que reanuden las actividades de docencia para lo cual no hay condiciones ni materiales ni intelectuales para hacerlo por ser el nuestro un país sin energía eléctrica, sin agua y con el peor internet de Latinoamérica todo por obra y gracia del socialismo en el siglo xxi. Los profesores en múltiples comunicados hemos condenado y rechazado este intento infeliz del secretario por congraciarse con el régimen. 

Me atrevería a pensar que el secretario Belmonte al pretender ignorar todo este desastre de destrucción tiene el propósito de satisfacer planes personales. Por lo tanto, no es de extrañar que este diciembre aparezca investido como rector con la complacencia del régimen.

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