Por una parte, trátase de un momento, que desde 2009, hemos venido experimentando, progresivamente, traducido, hoy día, en un déficit de generación de energía y/o potencia eléctrica, expresado en KVA/MW por razones muy diversas, ya reiteradas: sequías a causa de “El Niño”y per’iodos de las mismas  muy extendidos que provocaron disminución de flujo hídrico del río Caroní a la represa de Guri, embalse de nuestra central hidroeléctrica SIMÓN BOLÍVAR, cuyos niveles tan bajos, aparte del abandono de dragado a la misma,  impedían la operatividad regular de sus turbinas, lo que contribuyó a tal déficit, que, se manifiesta, hoy día, entre otros, por pérdida de unos 200 megavatios, que ha hecho colapsar a Planta Centro, termoeléctrica más importante del país, cercana a Puerto Cabello, con la caída descrita, razón por la cual nos acecha otro apagón general, análogo al del 7/3/2019, según la dip Nora Bracho.

Consecuentemente, y también de importancia primordial. Pero, no por fenómenos naturales, sino por desinversión y quizá hasta desidia estatal, nuestra industria petrolera también sufre los embates de una producción exigua, que ha caído a niveles de producción del año 1943 –unos 570 mil bpd-, lo que podría estar afectando a las plantas térmicas, que funcionan con gas, escaso a todos los niveles y la falla de combustible para vehículos.

Y, es así, como dentro de este contexto, Maduro decretó una extensión de la emergencia energética en toda la indistria petrolera por un año más a fin de proceder a tomar todas las medidas pertinentes para su recuperación integral (¿?). No obstante, es de estimarse que luego de tanto tiempo de descuidos en sus instalaciones, sería muy prudente, admás, recurrir a dispositivos adecuados y compatibles con la tecnología instalada anteriormente, para lo cual la industria había formado a sus técnicos, hoy día migrantes.

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