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Durante los meses previos a las elecciones, y sin apenas excepciones, los medios de comunicación advirtieron sin cesar del riesgo de disturbios en las calles si Trump era derrotado por Biden. Hordas de deplorables por supuesto armados, se nos sugirió con más o menos delicadeza en decenas de noticias e informaciones habladas, saldrían en sus feudos a montar bulla y torpedear la democracia que ya habían empezado a cargarse ejerciendo su derecho al voto para llevar a la Casa Blanca a su candidato. El caldo de cultivo perfecto para estas violencias era una victoria ajustada de Biden que Trump se resistiría a aceptar denunciando un fraude.

Estamos, exactamente, ante la situación que debía desencadenar ese infierno y, mira tú por dónde, todavía no hemos visto ni una información de deplorables incendiando las calles. Lo máximo a lo que han llegado hasta ahora los peligrosos seguidores de Trump es a manifestarse ante los colegios electorales (parece, eso sí, que algunos de ellos armados) de los estados en disputa exigiendo garantías en el recuento del voto.

Claro que, como en todo movimiento político, hay en el trumpismo un segmento de fanáticos nihilistas violentos e indeseables. Claro que podrían activarse en cualquier momento y dejarme en ridículo a mí y a mi artículo. Pero lo cierto es que hasta este momento en el que escribo, el martes 10 de noviembre cuando son cerca de las diez de la mañana en España, los deplorables se preparan para ir a trabajar o duermen pacíficamente en sus casas y aguardan la decisión de la justicia a los legítimos recursos que ha interpuesto Trump contra lo que dice que ha sido un robo.

Lo que sí hemos visto los que hemos buscado, porque por supuesto no ha salido en los medios que tanto les preocupa América si la rompe la derecha, es el asalto continuado a la propiedad y las libertades que grupos de izquierda totalitaria como Antifa y el Black Lives Matter (BLM) vienen perpetrando en sus ciudades-santuario gobernadas por los demócratas. Lo hicieron en los meses previos al voto y lo siguen haciendo tras el cierre de las urnas, sin que los grandes medios en Estados Unidos y Europa se molesten en mencionarlo.

Una buena forma de saltarse esta censura (censura por omisión) es seguir en Twitter al periodista de Portland Andy Ngo. Este valiente reportero de origen vietnamita ha sido agredido, amenazado y difamado por los Antifa y sus encubridores y apologetas en los medios por informar sobre las orgías de intimidación y destrucción a las que esta legión de paramilitares urbanos se entrega casi cada noche en Portland y otras ciudades de América.

Seguir a Ngo en Twitter es asistir a la titánica batalla de un hombre con cara y franqueza de niño contra una oscura fuerza totalitaria y su cruzada por destruir todo lo que hace de Estados Unidos un país de éxito. Seguir a Ngo en Twitter es, además, adentrarse en el extraño mundo de los Antifa. A juzgar por las fotografías y descripciones que el periodista ofrece de los detenidos en las protestas, la vanguardia de la kale borroka americana la conforman un puñado de eternos adolescentes casi siempre blancos, a menudo itinerantes y sin oficio ni beneficio y a veces transgénero que llenan con odio a lo establecido un vacío existencial oceánico.

Más allá de su extrema peligrosidad para la libertad, la convivencia y el orden público, de Antifa es particularmente interesante el retrato psicológico de sus integrantes, y una forma inmejorable de sumergirse en el tema será comprar, cuando salga este febrero, el libro de Ngo sobre sus investigaciones de este fenómeno.

Mientras tanto, como decía, podemos saltarnos la censura de la prensa sobre los verdaderos incendiarios que le prenden fuego a América a través de su cuenta de Twitter y de su The Post Millennial, el medio que este hijo de exiliados del gulag comunista en Vietnam ha fundado para contribuir a la verdad en política.

Una de sus últimas informaciones, por cierto, habla del ataque de Antifa a la sede del Partido Demócrata en Portland. “Durante 4 años, los demócratas han coqueteado con Antifa, convirtiéndose en sus aliados no declarados en su común oposición a Trump. Pero ahora Antifa siente que tiene una deuda que quiere cobrar”, ha escrito certeramente Ngo sobre el incidente.


Marcel Gascón Barberá es periodista español, trabajó como corresponsal en el extranjero para la Agencia Española de Noticias EFE en Rumanía, Sudáfrica y Venezuela

Este artículo se publicó originalmente en Libertad Digital el 13 de noviembre de 2020

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