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Al leer las redes sociales uno tiene la impresión de que los pueblos primitivos han regresado a escribir notas y poner videos y memes en ellas. Estos pueblos atribuían a dioses o grupos de ellos todo lo que pasa en el mundo físico y también de lo que hacen los seres humanos con su vida. Así, si un rayo caía a la tierra, era porque algún dios, enojado por algo, había decidido tirarlo. Si una ciudad era derrotada en una guerra era porque la diosa a cargo de ésta se le había volteado. El mundo entero era como un tablero de ajedrez en el que jugaban los dioses.

Esta concepción de la vida restringió el desarrollo de la ciencia, que tuvo que esperar miles de años para comenzar a reemplazar a los caprichos de los dioses y semidioses como la base del entendimiento de lo que pasa en el mundo y de lo que hay que hacer para mejorarlo.

Con la llegada de la ciencia, los seres humanos comprendimos que había mucho que podíamos hacer con nuestras vidas, no sólo acurrucarnos en una cueva temblando del miedo, creyendo que los rayos de una tormenta significaban que los dioses habían decidido destruirnos y que contra eso no podíamos hacer nada. Así, por ejemplo, la gente entendió los orígenes eléctricos de los rayos, lo cual llevó al establecimiento del control humano sobre la electricidad, lo cual a su vez llevó al desarrollo de la ciencia y la ingeniería eléctricas que tanto bien han hecho a la humanidad. Esto, repetido en miles de campos, llevó al triunfo de la razón sobre la superstición.

Es triste ver que, asociada con enormes avances en las ciencias de la comunicación la superstición ha regresado a nuestro mundo del siglo XXI y con ellas las actitudes primitivas que llevan al terror sin redención. Han vuelto los dioses, aunque no les digan dioses, y la idea de que ellos controlan todo lo que pasa en el mundo en gigantescas teorías de la conspiración. Son personajes, algunos vivos, algunos muertos, que tienen todos los poderes que tenían los dioses y que conspiran para destruir al mundo.

Son seres poderosos, que controlan personas, multitudes y países con frialdad sin par. Son tan poderosos que varias de las conspiraciones que ellos supuestamente llevan a fruición necesitarían la participación como cómplices de toda la población mundial.

El efecto de estas historias es, como fue en las tribus primitivas, la generación de una pasividad pasmosa, porque, excitada por las conspiraciones de los dioses, contra las cuales no hay nada que nadie pueda hacer, el pueblo se olvida de hacer las cosas que sí puede hacer para resolver sus problemas. Así, hay miles de personas que se excitan escribiéndose los unos a los otros tratando de ser los primeros en regar la más nueva de las conspiraciones. En el camino, bloquean el desarrollo de verdaderas soluciones.

Hay casos que serían divertidos si no fueran tan trágicos, como el del fuerte movimiento que sostiene que la Tierra es realmente plana y que el engaño de que es redonda es el resultado de una de estas conspiraciones gigantescas, realizada por siglos por millones de personas movidas por un propósito oscuro. Otro caso, este con consecuencias más graves, es el de los fake news que reportan las supuestas conspiraciones para convertir en robots a toda la población del mundo y matar a todos los viejos en ella, supuestamente llevadas a cabo por grupos nefarios. Increíblemente, estos grupos incluyen a supuestos dioses o demonios, quizás suicidas porque si se mueren los viejos ellos se irían primero, tales como Bill Gates (65 años), Christine Lagard (66 años), Henry Kissinger (96 años), Ted Turner (86 años) y David Rockefeller, que murió hace tres años de 102 años de edad pero que, según los fake news, supuestamente sigue insistiendo en matar a los viejos (quizás desde donde esté).

Según esta historieta, es este grupo, que sin ninguna prueba los memes acusan de estar aliado con decenas o cientos de millones de personas para destruir a la humanidad, el que supuestamente decidió armar la pandemia para tener la oportunidad de inyectar vacunas que, según esta superchería, son venenos o vehículos para insertar chips a toda la población mundial y convertirlos en robots de ellos (de los dioses). Con esta historia que parece tomada de una película de Batman, los que la creen y la riegan están causando un daño muy grave a la población, que puede rehusarse a tomar las vacunas, la única ruta que existe para vencer la pandemia. Todavía hay dudas sobre el momento en el que estas vacunas salgan al merado por el corto tiempo de su desarrollo y por el uso de nuevas tecnologías, pero para asegurarse de que estas se resuelvan tienen que pasar por la aprobación de las agencias que velan por la seguridad y la efectividad de las medicinas.

Los memes pretenden probar, uno, con la aparición en videos de señores desconocidos diciendo que son abogados (o médicos o cualquier otra cosa, así como antes decían que eran chamanes) y que por eso entienden lo que está pasando, y dos, también con varios otros materiales, incluyendo citas entre comillas atribuidas a los conspiradores, la existencia de la conspiración.

La gente que les cree no se pone a pensar que, como dije en un artículo reciente, los dioses estos no necesitarían haber creado la pandemia para inocular sus chips o sus venenos. Los podrían haber inoculado, de una manera más barata, a través del agua.

La historia no está ni siquiera bien inventada. Tampoco se ponen a pensar en que nadie que quiera matar a media humanidad o esclavizarla entera daría declaraciones diciendo que lo hará en memes que se le enviarán a usted. Si fuera cierto que han dicho esto estarían en la cárcel.

Crucialmente, la gente que les cree no se da cuenta de que las redes sociales les mandan todas estas historietas porque los han identificado como crédulos y como parte de un mercado que estará siempre conectado a las redes sociales si le alimentan su credulidad con historias cada vez más increíbles, para luego vender el acceso a ellos a los que buscan crédulos y se benefician de que la gente se excite con bombas de humo, se olviden de los problemas reales del país y se depriman y busquen el liderazgo de un autoritario.

Al hacer esto, esta gente no se da cuenta de que, al volverse adicta a esos videos y memes, está dejando que la conviertan en el verdadero monstruo, que está destruyendo la capacidad de pensar del pueblo y convirtiéndolo en un verdadero conjunto de robots.


Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 2 de diciembre de 2020.

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