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Luis Alberto Buttó @luisbutto3

2020 baja el telón. En consecuencia, tengamos esperanza, deseemos profundamente y hagamos lo conducente para que 2021 sea un año mejor. Soñemos y busquemos con ahínco lo que verdaderamente vale la pena imaginar, reconstruir, recuperar, afianzar. Es éste, el año que culmina, uno donde deberíamos haber aprendido cuán frágil puede ser mantener en pie lo que realmente nos une y define como humanos, lo cual, a fin de cuentas, es todo lo que necesitamos. Lo insustancial sobra y no compensa.

La oscuridad, la maldad, el desasosiego, no tienen porque prevalecer. Que así sea, depende de nosotros y de la responsabilidad que asumamos al respecto. Palabras como justicia, prosperidad, igualdad, libertad, dejarán de ser desiderátum cuando pongamos el empeño suficiente para materializarlas. El futuro llega por sí solo, es mera cuestión del paso de las horas. Que dicho futuro sea luminoso es otra historia, historia que tenemos que escribir. Si no actuamos en la forma y dirección correcta, sin duda alguna habrá mañana, pero ello no implicará que haya cambios y que los cambios apunten al bien que estamos obligados a edificar.

Este año que termina, como en tantos otros previamente transcurridos, hemos visto el espanto de frente. Seamos conscientes de que esa realidad no tiene porque mantenerse. Que el espanto se difumine no lo lograremos por acumulación de deseos, sea cual sea la intensidad de estos. Lo lograremos con inteligencia, con disciplina, con la fe que se potencia por el trabajo comprometido. Sirve de menos reclamarle al otro lo que está dejando de hacer. Sirve de más que cada uno haga lo que no está haciendo en este momento. Hacerlo bien y hacerlo pronto. Hacerlo sin cansancio. Hacerlo con alegría. El compromiso comienza en nosotros mismos.

Que el nuevo año sea distinto en términos positivos es posible si hermanamos los esfuerzos para así alcanzarlo. La sociedad es creación de los hombres, consecuencia directa de sus actos cotidianos. En el trabajo por el progreso no valen la banalidad y la inmediatez. Valen la honestidad, la seriedad, la transparencia. No es de puertas adentro el asunto; es de puertas afueras, allí en el espacio colectivo donde se hace tangible el maravilloso concepto de la ciudadanía. Repensar el mundo es más que una consigna. Repensar el mundo es una necesidad. Necesidad urgente, necesidad importante. Lo individual en su justa dimensión; lo colectivo en el sitial que no puede abandonarse. Querer que la oscuridad pase a ser rémora superada pasa por hacer lo que esté a nuestro alcance para que la luz brille. Comencemos con el nuevo año. No esperemos más. Todo tiempo se agota.

Ojalá no olvidemos lo que hemos transitado este año. Ojalá con todo lo que hemos experimentado en el ciclo que se cierra hayamos adquirido la sabiduría para fijar la vista donde realmente vale la pena hacerlo. Ojalá los días que estamos dejando atrás nos hayan ayudado a comprender, en definitiva, la poderosa hermosura que subyace en lo pequeño.

¡Feliz año para aquellos que colaboren en hacer realidad la ilusión de un mundo mejor!   

@luisbutto3

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