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La lepra es una enfermedad que no se ha erradicado en el mundo y persiste a la sombra de la ignorancia. Un especialista contó a DW en entrevista por qué sigue aquejando a pacientes en América Latina.

DW: En pleno 2020, podría sonar extraño hablar de esta enfermedad, ¿sigue siendo la lepra un problema de ciertas regiones o del mundo entero?

Dr. Juan Periche: El número de casos se ha reducido, pero no se ha erradicado en el mundo entero. Es una enfermedad que está muy ligada a la pobreza y a la ignorancia, y de mucha incidencia en los países más pobres.

En primer lugar, para entender por qué la lepra sigue siendo un problema en el mundo entero, yo me remito a las enfermedades que se han erradicado o sea han controlado en mayor medida como sarampión, tifoidea, viruela, varicela. Son enfermedades que tienen en común una vacuna. Si se vacuna a toda la población, en parte resuelves el problema. Aunque esas personas sigan siendo pobres o ignorantes, su sistema inmune se defiende más o menos bien. Pero la lepra no tiene una vacuna, porque es una enfermedad provocada por una bacteria, no es un virus.

En segundo lugar, la ignorancia en países pobres que carecen de un buen servicio de salud pública. Sin embargo, no importa qué tanto se invierta en mejorar ese servicio de salud pública si los pacientes son ignorantes y optan por no ir al médico. Yo tenía un paciente que, a pesar de tener el cuerpo lleno de nódulos, decidió ir al médico cuando la lesión le salió en el pene. Solo así lo consideró peligroso, pensando que era cáncer. Y peor aún, muchos pacientes piensan que es un castigo de Dios y se encierran en su casa a llorar. Entonces, nuestros países tienen que invertir también en educación.

 ¿Qué hacer para atender a estos pacientes?

En el mundo entero, el tratamiento es gratis. La Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha asegurado de que los antibióticos sean gratuitos para los pacientes diagnosticados con la enfermedad. Nuestro programa de control de la lepra no cobra consulta, no cobra análisis, regala el medicamento, pero el paciente no cree que tiene lepra y se va a su casa a esconderse.

Yo tengo pacientes que me dicen «si tengo lepra le voy a rezar a Dios y él me va a curar». Esta ignorancia hace que persista la enfermedad. Y los antibióticos que usamos hacen que sea un tratamiento largo porque matan al microbio muy lentamente. Entonces, el paciente al ver que la mancha o la lesión disminuye, se va a otro pueblo porque consiguió trabajo y se nos desaparece. Tenemos que seguirlo por todo el país, no terminó su tratamiento, y dos años después cuando lo encontramos, tiene lesiones y, de nuevo, está contagiando a alguien más.

La OMS tiene por objetivo disminuir la lepra en niños en 2025

¿Cómo saber si se ha contagiado de lepra? ¿Cuáles son los síntomas de esta enfermedad?

El periodo de incubación de la enfermedad es muy largo, y antes de tener lesiones en la piel o calambres en las manos, pueden pasar cuatro o cinco años pero ya es contagioso. Es una enfermedad crónica, parecida a la tuberculosis, es decir, si el paciente tiene contacto con 100 personas, solo unas cuatro o cinco se contagian, usualmente las más cercanas. Y viene algo mucho más complicado: cuando tengo un paciente contagiado, también se tiene que estudiar su entorno para examinar a los posibles nuevos contagiados. Eso lo hacemos durante cinco años. Cuando el paciente es dado de alta, sus contactos también. Nosotros tenemos paramédicos que visitan a los pacientes informándoles que vayan al médico si tienen lesiones en la piel, o ellos mismos nos los traen. Es difícil y es caro.

Por otra parte, un 95 por ciento de las personas que se exponen no la contrae, pero en el cinco por ciento que sí, el fallo en el sistema inmune es variable: puede experimentar la presencia de lesiones en baja o alta cantidad. Y lo más importante, la lepra afecta a los nervios de la piel, dañándolos, volviendo a las regiones afectadas insensibles, sea una mancha o todo el cuerpo. Los pacientes que tienen todo el cuerpo afectado no va a sentir los dedos… Si el paciente se quema la piel no lo va a sentir. Esa creencia de que la enfermedad hace que se caigan los dedos o la nariz, es más bien el deterioro debido al trauma producto del descuido. La lepra es una enfermedad que afecta mayormente a las clases bajas.

Cómo podía decirle a mi paciente que se cuide si se ganaba la vida quemándose los codos, porque no sentía, a cambio de dinero. Entonces volvemos a la ignorancia. Si hay pérdidad de la sensibilidad, ahí podría pensarse que es lepra.

Hace unos días nos enteramos de 89 casos registrados en México en lo que va del año ¿Por qué no se ha podido erradicar la lepra en América Latina?

Sin embargo, Latinoamérica no es la región del mundo con más problemas. Te vas a encontrar que los tres países del mundo con más problemas son la India, Indonesia y Brasil. Pero también son tres países con una población muy grande, analfabetismo y pobreza. Muchos países de África siguen en la lista. Brasil presenta miles de pacientes nuevos al año. Y cuando enfrentamos las últimas infecciones por virus que tuvimos, no solo COVID, sino dengue o chikunguña, que produjeron una gran cantidad de casos y que producen mucho malestar, al comparalos con casos de lepra, uno se da cuenta que hay prioridades y problemas más grandes para la OMS y la salud pública. Eso es lo que ha permitido que la lepra persista de forma muy silenciosa y que la gente hasta se sorprenda y diga «¿y todavía hay lepra?». Muchos piensan que la lepra es un castigo de Dios por sus pecados.

En Brasil, por ejemplo, el programa de control de lepra hace un esfuerzo muy grande y la van reduciendo año con año. Ellos tienen centros acreditados para el control de la lepra con expertos de fama internacional en ciertos puntos del país. Por ejemplo, en los bordes de la selva, a donde se puede acudir a recibir tratamiento cada treinta días. Cuando los pacientes dejan de asistir, se les busca en cada directamente, y según cada país, eso representa mayor o menor esfuerzo. Un país ejemplar es Cuba: todos los pacientes están registrados y es muy fácil, tanto llevar el control, como encontrarlos para continuar el tratamiento.

El caso de México es interesante. Es un país altamente poblado que está muy alejado de las cifras de lepra que presenta Brasil, y en cambio, se le puede comparar con los registros de países como Cuba o República Dominicana, con sus 11 millones, comparados contra los más de 120 millones de México. Conozco a los colegas que trabajan en el control de la lepra en México y se lo toman muy en serio. Pero 89 casos en un país como México no es alarmista, aunque no quiero quitarle importancia.

Casos totales de lepra 2019 versus 2018

La OMS tenía como objetivo erradicar la lepra en 2020 y ahora se ha postergado hasta 2025. ¿Cuáles son los retos y el camino a seguir?

La OMS indica que la enfermedad está «bajo control” cuando se registra un caso por cada 10 mil habitantes, lo cual no implica que se haya erradicado. A partir de ese parámetro se establecieron dos grupos: los que están bajo control y los que no. Dependiendo del caso, las medidas que se implementan son diferentes, y por supuesto, tienen prioridad las comunidades, pueblos o ciudades que no tienen los casos bajo control. La clave está en su detección temprana, así presentan menos daños permanentes, que conocemos como discapacidades, y menor riesgo de contagiar a otros. La OMS apunta a los cero casos de discapacidades.

Y por último, las enfermedades que se han erradicado en el mundo, lo han logrado a través de una vacuna. Pero hay otra forma, y es cuando tienen un vector que puede ser eliminado, por ejemplo, un mosquito que la transmite. La lepra tampoco tiene ese vector. El truco con la enfermedad es la educación, que las personas entiendan que una lesión en su piel amerita ir al médico. Si se lograra que los pacientes vayan por cuenta propia, se diagnosticarían con mayor anticipación. Llevarlo a cero por completo es incierto.

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El doctor Juan Periche Fernández es médico dermatólogo y lleva más de veinte años trabajando en casos de pacientes con lepra. Actualmente es director del Programa de Control de la Lepra de República Dominicana, que en el país está a cargo del Instituto de Dermatología y Cirugía de Piel Dr. Huberto Bogaert Díaz. El programa está en operación desde 1966 en el país caribeño.

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