Culmina una “septimana horribilis”, para el chavismo, y perdónenme el latinazo, pero al final les explico por qué usaré la noble lengua muerta para definir lo que le sucede a la revolución en estos momentos. Esa semana horrible arrancó con las sanciones a 19 funcionarios, y termina con la inadmisión, deportación, o como quieran llamarla, de Javier Bertucci en el aeropuerto internacional de Miami.

¿Qué tienen en común ambas noticias con todo lo que pasó en el medio? Sencillo, mi gente: la comunidad internacional se sigue resistiendo a que se normalice la situación venezolana, a aceptar el statu quo; a que se cumpla aquello que, según dice Juan Guaidó, Jorge Rodríguez le vendió a Maduro como una estrategia brillante: hagamos una oposición a la medida, una Asamblea Nacional a la medida, y el mundo no tendrá sino que aprobarlo y mirar para otro lado.

La idea original es de Vladimir Putin, que en septiembre de 2019 le reiteró su apoyo al mandatario, pero lo conminó a dialogar con la oposición, lo que muchos, en su momento, entendimos como un “créate una oposición con la que puedas dialogar”.

Alerta aeropuerto Bertucci

En su explicación al país sobre los hechos de Miami, Bertucci tiene que reiterar varias veces que él sí es de oposición, pero no de una “oposición extremista”, sino una “moderada”, “inteligente” y “razonable”: una oposición 20 en conducta, pues.

Una oposición tan poco opositora que hasta el discurso es clonado del chavista y Bertucci tiene que aclarar que a él Maduro no lo puso en el cargo. Mírenlo aquí si no lo creen.

Con razón los agentes de la ICE le dijeron que no creían ni que fuera diputado ni que fuera opositor, como millones de venezolanos, todo lo cual no le impide al pastor hablar desde la superioridad moral y decir que le da pena “la rabia” y “el odio” de los que se burlan de su situación. A Bertucci lo deportan y la culpa es de la oposición de la que él no forma parte, porque él sí es «moderado» e «inteligente».

Olvida el pastor el pequeñísimo detalle de que de Venezuela se están yendo millones de venezolanos, a pie y la mayoría sin papeles, como para sentir tristeza por un deportado del aeropuerto de Miami que, además, tiene que aclarar que viajó en clase turista, por American Airlines; y que no explica por qué, si iba en misión humanitaria, lo acompañaba toda su familia.

Al final del camino, la comunidad internacional, la democrática, sigue tan firme como siempre en que en Venezuela hay que realizar unas elecciones libres, presidenciales y parlamentarias; Biden sigue en la onda de su antecesor Trump; y la Unión Europea, que siempre va despacio en esto, anuncia, este mismo viernes, que se reserva nuevas acciones.

Y el viaje de Bertucci pone a la AN chavista en la terrible situación de tener que hacer una sesión para discutir por qué lo rechazaron en Miami. Se dice que un sacerdote del siglo XVIII, en la Puerta de Caracas, y a la salida de algún desengaño de tanta barbarie, se sacó las cocuizas y dijo: «de Caracas ni el polvo». Los tiempos, y los representantes de Cristo en la Tierra, han cambiado, sin duda.

Y aquí viene lo del latinazo: con todo lo horrible que es la política colombiana, uno se maravilla de que Jesús Santrich, para amenazar a Iván Duque, utilice el poético “memento mori”, aunque luego, al estilo Corraleros de Majagual, explique que a cada cochino le llega su sábado.

Si esa amenaza se hizo desde Venezuela, como dice Duque, estaríamos en presencia de un nuevo lío en el que se mete el chavismo. Pero eso será historia de los próximos días.

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