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El 31 de diciembre me llevé una sorpresa: pensé que sería distinto con respecto a otros años, que los fuegos artificiales serían escasos, que habría pocas personas con ánimos de celebrar en medio de una pandemia y mucho menos con la situación de hambre y crisis que vivimos.

Me equivoqué de punta a punta. Creo, sin exagerar, que nunca había visto tanta pirotecnia de la más cara en acción. Al menos en Caracas. Y sé que hubo otros sorprendidos como yo, pues la queja en Twitter se hizo sentir.

La Venezuela que celebró es la nueva Venezuela. La que tiene dinero para botar. La que no se mide en gastos. Lo que fácil viene, fácil se va. Es la Venezuela nueva rica, que tiene que demostrarles a todos cuánto dinero tiene. Es la Venezuela que puede pagarse parrandas en el Hotel Humboldt y la clínica si contrae coronavirus.

El profesor Elías Pino Iturrieta, entre otros, escribió: “No entiendo cómo una sociedad vejada y empobrecida, derrocha en ruidos y fuegos artificiales. Material de sobra para sociólogos y psicólogos”. Lo más increíble, añadiría yo, fue lo que vi temprano en la tarde de ese día, cuando fui a llevar comida a un barrio: como si no estuviera pasando nada, un grupo había cerrado la entrada de una de las calles y estaba explotando “tumbarranchos”. Uno detrás de otro. Estuve allí como 15 minutos y no cesaron. ¿Cómo sería al filo de la medianoche? ¿Será que ellos no pasan trabajo? ¿Serán enchufados que pueden darse el lujo de demostrarles a sus vecinos –que sí están padeciendo hambre y toda clase de carencias- que ellos sí tienen dinero para botar?

La falta de empatía, el no saber ponerse en los zapatos de otro se hizo evidente esa noche. La Venezuela indiferente, rica y ridícula, le hizo el gran desplante a la Venezuela pobre y devastada… ¿no fue por eso que llegó Chávez al poder? ¿No era una mínima parte de eso lo que supuestamente venía a reivindicar?

“El poder absoluto corrompe absolutamente”, decía Abraham Lincoln. Aquellos que se declararon hambrientos de justicia social se rindieron rápidamente ante el dinero fácil. Y se olvidaron de todo lo que los llevó hasta donde están hoy. Creen que con decir que la revolución sigue en pie, basta.

No sé qué más tendrá que pasar en Venezuela para que la gente reaccione ante tanta injusticia y el despliegue de insensibilidad –quizás el mayor de nuestra historia- de quienes un día aseguraron tenerla. Hay dos Venezuelas… una que muere mientras la otra celebra. Como dijo Elie Wiesel: “debido a la indiferencia, uno muere antes de morir realmente”…

@cjaimesb

https://www.analitica.com/opinion/las-dos-venezuelas-4/