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La pandemia de coronavirus generó estrictas medidas de aislamiento, para prevenir el aumento de contagios en Venezuela. En consecuencia, los centros de estudios, colegios y liceos se mantienen trabajando a puerta cerrada, optando por una educación a distancia que no exponga a los estudiantes y docentes.

Sin embargo, miles de niños afrontan los desafíos de crecer en un barrio pobre de Venezuela, a lo que se suma el agravamiento por la pandemia. Uno de los tantos casos es el de Jenashly Matos, de 9 años de edad, quien tiene el sueño de convertirse en médica algún día y ayudar a la gente.

En consecuencia, la pequeña asiste a un tutorial del vecindario un par de veces a la semana, donde obtiene algunas tareas para hacer en su casa. Estos son los medios que tiene Jenashly para lograr educarse en los tiempos del coronavirus, según un reportaje de AP.

“Si no estoy aprendiendo, siento que no soy nadie en la vida (…) Por eso vengo aquí”, dijo.

Se supone que las autoridades del régimen de Nicolás Maduro decretaron que la educación se iba a llevar a cabo a distancia, pero no ha sido posible para muchos. Los aislamientos pandémicos, la escasez de maestros y las fallas eléctricas obligaron a los estudiantes a salir del entorno escolar tradicional.

Cifras de la ONU alertan de la situación de la educación

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) alertó que la COVID-19 privó al 97 % de los niños de su escolaridad normal. Muchas familias no tienen herramientas confiables, como Internet, computadoras, televisión y radio.

Algunas naciones de África, Asia y Europa están reabriendo gradualmente las puertas de sus aulas, pero en América Latina y el Caribe la situación no es así. La mitad de los países mantienen las escuelas cerradas, por lo que aproximadamente 137 menores de edad están perdiendo la educación.

En tal sentido, el Unicef alerta que es posible que 3 millones de estudiantes nunca regresen a clases. Eso amenaza especialmente el futuro de los jóvenes más vulnerables: niñas, jóvenes discapacitados, migrantes y niños indígenas, según el informe.

La madre de Jenashly, Saray Farías, de 33 años, reconoció que le preocupa el futuro de Venezuela, ya que no prepara a su próxima generación. “Sí, me ha resultado bastante complicado educarlos cuando deberían estar en una escuela (…) A veces, hay tareas que no entiendo», expuso.

https://www.caraotadigital.net/nacionales/la-pandemia-amenaza-la-educacion-de-la-proxima-generacion-de-venezuela