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Para finalizar el viejo año y recibir el nuevo pedí a mis amigos, en breve y afectuosa nota, un esfuerzo por renovar la esperanza. Aunque todos con agradecimiento, no faltó quien respondiera mi ruego con gesto de duda y aflicción. Se entiende, transcurrido un annus horribilis el regreso del entusiasmo no es fácil. Sin embargo, debo admitir también que la gran mayoría se mostró dispuesto a echar hacia adelante. Es el mismo ánimo visto el último dia del año en la calle. Todos buscaban el pan o el trago que les permitiera recibir el primer día del nuevo año con alegría. Ese espíritu estalló después de las doce de la noche en forma de millones de llamadas para conciliarnos en la distancia con los que están allende las fronteras y en hermosas palabras de buenos deseos para los nuestros. Ese es el verdadero país. La Venezuela de verdad. La que se resiste a quedar anclada en la pobreza y la parálisis. El país que emprende para salir de abajo, que se auxilia para impedir hundirnos. Esa nación que intenta mantenerse a flote no abandonará su deseo de una vida mejor. El regreso de la motivación a echar hacia adelante es harto difícil, pero los venezolanos enfrentan el reto con decisión. Que la desesperanza ande por los tuétanos de la república según los estudios de opinión no significa que no exista disposición al relanzamiento. Los venezolanos emprenden hacia la mejoría desde cualquier opción y seguro no se detendrán. Devolvernos el optimismo pasa por buscar algo de luz en las tinieblas. A tientas pero con mucho tesón, se han recuperado ciertas e importantes libertades económicas. No son concesiones del tirano y su régimen, son el fruto de la lucha diaria, de la presión, de la protesta, del no dejarse joder que identifica a los venezolanos. No la han logrado los cubanos en sesenta años de destrucción comunista. Nosotros sí. La imposición del dólar en los intercambios diarios es el fruto de esa presión popular que se resiste y busca alternativas frente a la penosa quiebra del bolívar. Esa presión popular expresada en miles de protestas le impuso al régimen la liberación de precios y prácticamente un libre cambio para detener la escasez. Aparecen signos importantes que caminan hacia la privatización de lo que el Estado no puede ni debe manejar. De devolverle sus tierras y empresas a antiguos dueños para produzcan y generen trabajo. Hay disposición en numerosos empresarios a no dejar morir sus empresas. En suma, son buenos signos que auguran detener este año la descomunal caída del crecimiento económico del anterior. A todo cuanto he dicho cualquiera pudiera objetar que me niego a ver el desastre que destruye la economía del país. Yo prefiero ver el vaso medio lleno y no el vaso medio vacío. Ese afán destructivo de este régimen corrupto y criminal contra la economía nacional viene retrocediendo. Esos avances en las libertades económicas, lo reitero, son fruto de la presión popular. Ellos pueden llegar a ser un preámbulo para avanzar en las conquistas de las libertades políticas y la recuperación de la democracia. Solo falta que la dirigencia política democrática así lo entienda y actúe unitariamente en consecuencia para entrar en sintonía con el pueblo venezolano. El 2021 nos ofrece oportunidades de oro para aprovecharlas en esa dirección. Tengo fe y confianza en que avanzaremos. La táctica política de este año debe poner el ojo y el esfuerzo en elecciones y sanciones.

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