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Tito Gallegos, Luis Leguía y Tony Changaray pasan a formar parte, desde este 11 de enero, de la Historia Universal del Derecho, al haber basado una de sus decisiones, sin que viniera a cuento, en la teoría conspirativa de que fueron Bill Gates, George Soros y la familia Rockefeller los creadores de la pandemia de Covid 19; y que por esta creación, una de sus sentencias se retrasó.

Ni al TSJ de Nicolás Maduro se le había ocurrido semejante argumento para una decisión jurídica, equivalente en leyes de “el perro se comió mi tarea” en cualquier segundo grado de primaria de cualquier país del mundo, como la emitida por estos tres magistrados para justificar la demora para emitir un fallo por parte de la Sala de Apelaciones de Chincha y Pisco, que aseguró que la pandemia tuvo un carácter «imprevisible» salvo para sus creadores, «que lo manejaron y siguen direccionando con un secretismo a ultranza dentro de sus entornos y corporaciones mundiales».

El síndrome de Macondo

Uno no sabe si George Soros, a su tierna edad de 90 años, tuvo que ir a buscar en un mapamundi a Chincha y Pisco; si Bill Gates usó Google Maps, herramienta emblemática de sus archienemigos, para ubicar esos remotos puntos del Amazonas peruano; o si alguno de los herederos de la otrora poderosa herencia petrolera de John D. Rockefeller se habrá preocupado de que su vida muelle se ponga en riesgo como consecuencia del fallo de la Sala de Apelaciones de Chincha y Pisco, que los acusa directamente de haber generado la pandemia de Covid-19 y más allá, de “formar parte de las élites criminales que dominan el mundo”.

Gracias a Dios, el PIB de Perú ha crecido mucho desde 1990, y entonces, no se lo puede comprar Soros, con su fortuna de 8.600 millones de dólares, ni los Rockefeller, que todos sumados tienen piches 11.000 millones, según las cifras de Forbes.

Pero cuídense, señores magistrados, de Gates, quien con su fortuna de 119 mil millones podría comprarse la mitad de los activos peruanos, y es capaz de cobrarse la afrenta de haber tenido que usar una herramienta no Microsoft para enterarse de dónde diablos queda ese lugar perdido, tan bien descrito por Vargas Llosa en su libro “El Sueño del Celta”, en el que las sentencias de los tribunales solo sirven para cohonestar barbaries y desollamientos en Iquitos, a comienzos del siglo XX.

Barbaries como la de mantener a un pobre diablo detenido porque tres señores, a miles de kilómetros de allí, ralentizó las sentencias judiciales creando un virus que a su vez “direccionan el virus en función del nuevo orden mundial”. Una vergüenza que pone a toda Latinoamérica a nivel de Macondo y que bien ameritaría un pronunciamiento del Colegio de Abogados de Perú.

https://www.caraotadigital.net/nacionales/la-insolita-sentencia-en-peru-contra-bill-gates-george-soros-y-los-rockefeller-latinoamerica-sigue-siendo-macondo