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La coacción como política universitaria del régimen, Por William Anseume

Por medio de la imposición se ha pretendido vulnerar de nuevo la Autonomía administrativa de las universidades venezolanas. Digo imposición por cuanto, nuevamente, no son el diálogo ni la negociación los mecanismos empleados por el régimen del terror para alcanzar acuerdos laborales. Desde Hugo Chávez empezó a aplicarse este método de colocar sueldos y arrebatar beneficios de los que nos enteramos acaso por algún anuncio en cadena. Pero esta vez no solo consistió el hecho vulnerador en “ajustar” malamente los sueldos mantenidos en estándares de pobreza más que extrema; esta vez buscan avanzar mucho más allá, al arrogarse los manejadores de ministerio y del poder también impuesto la nómina de las universidades.

Para ello recurren a un organismo que carece de facultad alguna para decidir sobre la administración de los recursos de los trabajadores y profesores de nuestras instituciones, como es la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU). Así, de la noche a la mañana, un fin de semana, como acostumbran, anuncian el descontrol, la toma financiera definitiva. Con un solo propósito, el de ejercer la mayor coercibilidad para dominar y doblegar a las universidades. Unos de los últimos reductos sociales que les queda por coercer a Nicolás Maduro y sus cofrades mafiosos en su afán totalitario.

En la Universidad Simón Bolívar desde el Consejo Directivo, donde se ha discutido el tema, por supuesto, se ha sentido la amenaza: si no se hace con este desplazamiento hacia el régimen del pago de los sueldos y salarios, no cobrarán la quincena (cosa que ayer se cumplió). Lo que es decir para ellos, como ejecutores: están a nuestra merced, finalmente. Pero la USB se negó de plano, como otras universidades, incluidas la Universidad Central de Venezuela y la Universidad de Los Andes, por mencionar algunas. La coerción no sólo consiste en la aplicación de fuerza física y/o psicológica, también le asiste la aplicación de fuerza moral. Tema para el que las universidades están mucho más preparadas que este régimen oprobioso.

La idea central consiste en maniatarnos por eso que pagan. Por esa miseria con la que pretenden compensar la labor académica, administrativa y de los obreros. Maniatarnos como esclavos modernos. Obligarnos por el pan. Nada más. Evitarse así, del modo que sea, como intentan que sea, el derecho a huelga, que luego avanzará al derecho a la libertad de cátedra, profundizando los límites a la libertad de expresión y a la libertad de información. La Autonomía Universitaria está entre los señalamientos que en sus informes recurrentes ha hecho Michelle Bachelet desde la Organización de Naciones Unidas como Alto Comisionado de los Derechos Humanos.

La universidad, una vez más, con valentía y firmeza, resiste los embates implacables de un régimen que no ha podido conquistarla, en ningún sentido. La sociedad venezolana y el mundo (ya la FAPUV entregó la queja ante la Organización Internacional del Trabajo y se ha elevado la denuncia a otras instancias internacionales de DDHH) deben respaldar esta lucha universitaria contra la definitiva destrucción física y moral que le quiere aplicar el régimen del terror en Venezuela. Una más de las fuertes razones que tenemos para optar por salir de este secuestro colectivo.

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