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Julio Cesar Arreaza B.: Jugando al caos

Algunos parecen no preocuparles el origen del poder que los tiene apuntados con una pistola. Cosas veredes, Sancho. Observamos la adaptación de grupos que producen en el país, sólo piensan en lo poco que ellos tienen. Con los malandros no se puede negociar. Los utilizan y luego los botan, esto es historia conocida.

El empresario, a diferencia del mercenario, crea riqueza y puestos de trabajo.

Prescinde de la ética de bolsillo de que todo vale. La labor moral, por realizar, luce inmensa. Comencemos por decir la verdad.

La usurpación reacciona iracunda contra la visita de la canciller de España a Cúcuta, en la que realizó contactos con migrantes y evaluó la efectividad de los diferentes programas que financia su país. Las 19 sanciones de la Unión Europea son individuales y no contra Venezuela, por delitos de lesa humanidad y violación sistemática de los derechos humanos.

El usurpador niega la diáspora de 2 millones de venezolanos registrados y regularizados en Colombia, bajo un modelo de gestión migratoria que promueve la protección y la corresponsabilidad; la solidaridad y el pragmatismo; que motiva proyectos de vida sostenibles. Constituye un genuino gesto de paz del hermano país.

El venezolano que permanece en su país suda diariamente la realidad de su vida, trabaja como puede para sobrevivir y se va adaptando a nuevos rangos de pobreza. Sobre esa base no se puede normalizar el país, se cuenta con pocas capacidades. No es viable una economía de bodegones. Los chinos y los rusos son otra cosa, lo logran bajo el sometimiento de la libertad y una esclavitud terrible. Los bodegones no hacen una economía, son vidrieras. Los cubanos las tienen, pero de eso no viven. A los iraníes se les dio la distribución de gas y gasolina.

La nebulosa conformada por una comunidad de mentiras no logra tapar que hay gente que sigue comiendo de la basura. Que la falta de electricidad, gas y el regreso a la leña, lanza a un tropel de caminantes a traspasar las fronteras.

El desmadre causado por el narcorrégimen impregna la realidad. Pueblos desolados. El país rural está desapareciendo y alimentando la diáspora. Venezuela vaciada. Un proceso continuo de migración de grupos poblacionales. También en las ciudades. Despoblamiento causado por violencia, hambre, falta de servicios, falta de trabajo. Pueblos de casas muertas. País vaciado por falta de Estado y población.

De cada 10 puestos de ventas, 8 están clausurados en las orillas de la carretera. El segundo puente del Orinoco está cerrado. Hoy resulta temerario viajar por tierra, abundan los asaltantes de caminos que salen a cazar incautos. Si vas a Maracaibo, a vender, requieres de la compañía de un convoy para que no te maten.

Padecemos una desintegración territorial marcada. No hay vinculación entre estados. De tanto jugar el régimen al caos, ya lo está sobrepasando. La realidad de pequeños cotos de violencia, con distintas fuentes de poder, lo pone en peligro. El caos lo consumirá todo.

El liderazgo tradicional del G4 no sabe hacer otra política que esa a la que lo arrastra el régimen. Se requiere construir una base interna no electoral o es que no queremos pensar en otra cosa distinta a farsas electorales, sin condiciones.

Se observa un liderazgo distinto, muy consciente del secuestro de la vía electoral. No ha dejado de hacer política y está enfocado en construir nuevas vías políticas y de organización al margen de los partidos. Allí se nota mayor voluntad política de los que muchos creen. Hay algo distinto por hacer.

Nada ha cambiado desde el 6D, los mismos presos, mismo CNE, partidos confiscados, políticos inhabilitados, persecuciones, judicialización de la disidencia.

Las democracias del mundo los repudian, pero ellos se radicalizan en su posición suicida, aislados y sometiendo por la armas al pueblo. Urge cambio de gobierno y de sistema.

¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!

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