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Los venezolanos luchamos en medio del dolor, la indiferencia y las durísimas dificultades que se han conjugado en nuestro diario vivir en medio de la catástrofe humanitaria compleja que nos envuelve, hunde y sacude con su peso, producto de los desmanes de una corporación criminal que ha sepultado la soberanía popular.

Ciertamente, el valor universal y permanente que encarna la justicia constituye el puntal de nuestra lucha. Registramos que, al fin, la fiscal de la Corte Penal Internacional ha reconocido la existencia de elementos indicativos de que el régimen ha cometido delitos de lesa humanidad y son de la competencia de esa jurisdicción. Sin duda alguna, el informe de la Misión de Determinación de Hechos de la ONU contribuyó significativamente a hacer evidente la necesidad de que se imparta rápida justicia ante el cumulo de crímenes que llevan años perpetrándose impunemente.

Reverenciamos la lucha de los mártires que vertieron su sangre por la libertad, de los presos políticos, de sus familiares y defensores de los derechos humanos que no se han doblegado ante la inclemente persecución y amenazas de todo tipo hasta lograr el veredicto de la justicia por los innumerables delitos de lesa humanidad cometidos.

En esta hora aciaga el compromiso es más que nunca con la verdad. Es una hora de responsabilidades que jamás evadiremos con el silencio cómplice, avanzando siempre con la fuerza que da el ejercicio activo de la virtud de la esperanza cristiana. Sin segundas intenciones abrevamos en la fuente limpia de la justicia.

Somos de opinión que la consulta histórica del 16 de julio de 2017 fue burlada por el G4, al desatender la voz del pueblo soberano y burlar sus mandatos acudiendo casi inmediatamente a elecciones amañadas y diálogos débiles y secretos. Ya el pueblo fue consultado. Sin embargo, por respeto a la figura señera, moral y firme de la magistrada emérita Blanca Rosa Mármol de León y demás integrantes de ANCO, nos dimos un margen de tiempo.

Llegó el tiempo de advertir sobre un nuevo engaño a la nación y que el G4 confisque, una vez más, las luchas sacrificadas de un pueblo democrático para producirle desencanto y frustración. Se supone que la naturaleza de la consulta es ciudadana y la irrespetan al habérsela arrogado cambiando las preguntas propuestas para convertirlo en un instrumento apaciguador de las protestas sociales que brotan espontáneamente a lo largo y ancho del país.

Primero, hay que sacar de raíz a la corporación criminal que tiene secuestrada a la nación antes de que se atrevan a pedirnos un proceso electoral con la usurpación en el poder. Tiene que producirse en secuencia el cese del narcorrégimen, la transición en la que se dote al país de un mínimo de institucionalidad, para luego convocar a elecciones libres, confiables y transparentes.

Se agota el periodo de la AN y los 4 factores dominantes, en mora, aún no autorizan lo estipulado en el artículo 187, numeral 11, de la Constitución.

¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!

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