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En reciente entrevista con Ernesto Villegas a Javier Bertucci el país pudo conocer de pies a cabeza, por su propia boca, la personificación del conservadurismo religioso en Venezuela. Al ser interrogado sobre la despenalización del aborto y sobre la legalización del matrimonio igualitario el candidato a diputado, ex candidato presidencial y pastor protestante (está última característica incompatible con los requisitos constitucionales para ser candidato a cargos de elección popular dado que los postulados deben ser de estado seglar) arremetió contra tales aspiraciones que son compartidas por importantes segmentos de la población.

Con respecto al matrimonio igualitario, siendo aún más refractario que la Iglesia Católica, indicó que está decidido a “defender la base de la sociedad que es la familia. El matrimonio viene de matriz, viene de la procreación y una pareja del mismo sexo no tiene capacidad de procrear”. Es decir, para este ciudadano, las parejas del mismo sexo que viven en comunidad, incluso algunos con hijos, no merecen ser acreedores de derechos patrimoniales, conyugales o hereditarios, no merecen reconocimiento a su identidad y está tan orgulloso de lo que piensa que lo dice en público. Imagínese entonces lo vomitivo que debe ser lo que no dice. La ONU, la OEA, la CIDH han hecho llamados públicos a los Estados a reconocer los derechos de la comunidad LGBTI dado que son derechos humanos, buena parte del continente ya ha avanzado en ese sentido, pero no, aquí tenemos a Javier Bertucci, con conexión directa a Dios, para decirnos cuál es el camino correcto.

Al ser interpelado sobre la posibilidad de despenalizar el aborto, insiste Bertucci en hacerse impresentable indicando que “nadie puede decidir sobre la vida de otro ser humano (…) decidir que no va a nacer porque afecta su vida es egoísmo”. Siendo de Carabobo, debería saber que varias organizaciones no gubernamentales especializadas, como AVESA, han detectado claros indicios de un sub registro evidente y la alta incidencia de abortos clandestinos. Muchas mujeres son empujadas a practicar interrupciones de embarazos no deseados de forma insegura, con métodos de altísimo riesgo, que en muchos lamentables casos las llevan a la muerte o a sufrir graves trastornos de salud. Ya el aborto ocurre, lo que debemos hacer es proporcionar las condiciones legales y sanitarias para su práctica bajo vigilancia médica, de ese modo se respetarían los derechos reproductivos de la mujer y su derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Pero Bertucci, tal cual Macho Alfa Lomo Plateado, se cree con derecho a decidir sobre el cuerpo de la mitad de la ciudadanía. Recordemos, el tiene el número de WhatsApp de Dios.

Lo peor, el TSJ decidió entregar la tarjeta de AD de forma ilegal y perversamente antidemocrática a Bernabé Gutiérrez y este, decidido a destruir a la socialdemocracia auténtica, puso al servicio de Javier Bertucci y de su campaña de la vergüenza a la tarjeta blanca. Esa no es AD. AD es un partido socialdemócrata, de izquierda, miembro de la Internacional Socialista. Nuestro partido, el auténtico, el que está dirigido por Henry Ramos Allup y Carlos Prosperi, no secunda fanatismos religiosos ni agendas conservadoras. De hecho, nuestro partido tiene una significativa dirigencia LGBTI cuya misión es proponer reformas que permitan no solo visibilizar (como se ha contentado con hacer la dictadura solo para fines propagandísticos) sino hacer reales derechos humanos de última generación largamente postergados en Venezuela.

Es lamentable que Bernabé Gutiérrez y sus aliados hayan perpetrado tamaño daño a la imagen del partido, pero sus 5 minutos de fama algún día terminarán y el partido del pueblo volverá a mostrar con orgullo su identidad de avanzada, de inclusión, de igualdad y libertad.

Julio Castellanos / jcclozada@gmail.com / @rockypolitica

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