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En apenas unos días, varios medios de comunicación fueron objeto de distintas operaciones de boicot por parte del régimen autocrático venezolano. Entre ellos, VPI, Tal Cual, Panorama y Radio Fe y Alegría, los ataques a la libre prensa presentaron múltiples modalidades, desde la injustificable sustracción de equipos y materiales hasta el sabotaje electrónico. Es claro que Conatel está preocupada por la salud mental de la ciudadanía y nos cuida, no cabe otro calificativo, maternalmente. De su generoso seno, los ciudadanos solo podemos beber la pureza de la verdad oficial.

En una oportunidad visité la sede de Conatel y me impresionó la cantidad de equipos para el “monitoreo” de cada emisora. Eso fue hace unos cuantos años, considerando el creciente interés gubernamental por lo que la gente ve, escucha o piensa, es bastante probable que el arsenal tecnológico puesto al servicio del “Ministerio de la Verdad” sea aún mayor.

En la década de los 60s, un profesor de la Universidad de Stanford, Richard Fagen, nos proporcionó una poderosa advertencia: “no se requiere una excesiva imaginación para comprender que el terror nazi y el stalinista habrían sido cuantitativamente diferentes, si no cualitativamente, de haber tenido a disposición las respectivas tiranías el panorama completo de los sistemas de recolección y procesamiento de información que en la actualidad están en etapa de proyecto”.

Hoy es claro que existe una coincidencia que ni Hitler, ni Stalin pudieron siquiera soñar: medios digitales susceptibles, por su inmediatismo, a la difusión de noticias falsas y manipuladoras, autocensura de medios independientes por miedo a la represión y a la violencia oficial, cierre de aquellos medios que no siguen “las reglas”, medios oficiales que difunden más propaganda que noticias y aparatos de seguridad del Estado que, antes que sentir vergüenza, se enorgullecen de poder pinchar cualquier llamada telefónica entre particulares.

Quiénes aún se resisten a creer que existe una indudable vocación totalitaria en el régimen venezolano pueden hoy optar entre desengañarse con solo abrir los ojos ante los hechos o seguir cerrándolos ante la fantasía de la “chinización”. El régimen de Nicolás Maduro solo admite aplausos y si hoy, circunstancialmente, tolera la tibieza de los autocensurados es porque acaricia como proyecto futuro el que una mejor oportunidad le permita prescindir de estos y tener, al fin, el monopolio absoluto del pensamiento. Transitar toda esa procesión para darse cuenta, muy tarde, de estar asistiendo al propio entierro debería despabilar a los ni ni, a los indiferentes, a la oposición cooptada y a los apolíticos pero ese es un camino y una decisión personal.

Julio Castellanos / jcclozada@gmail.com / @rockypolitica

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