Creo que es importante rescatar experiencias que nos demuestran que los venezolanos estamos allí, listos para cuando debamos actuar en defensa de nuestra libertad y de nuestro futuro. Por eso dedico este artículo a lo que vivimos la semana pasada cuando, en nuestro recorrido por el Zulia y por toda Venezuela, estuvimos en la subregión Perijá. Después de recorrer La Villa del Rosario y San Ignacio, nos fuimos a Machiques, donde tuvimos dos días de gira. Una de las cosas que nos sorprendió fue que en ambos municipios pudimos ir a diversas emisoras de radio. Ese hecho, normal en cualquier país democrático, es una novedad en esta Venezuela donde los medios han sido acabados, confiscados, perseguidos censurados o autocensurados. El hecho es que llegamos a una emisora muy escuchada en Machiques, ubicada en el centro de la ciudad. Allí con nosotros estaba el diputado Julio Montoya y afuera, haciendo una diligencia, estaba el diputado Avilio Troconiz. En el momento en el que desarrollábamos nuestras ideas frente al periodista Freddy León, llegaron un grupo de señoras de la etnia yukpa, comandadas por un cacique que les decía qué debían hacer y decir. Todo había sido orquestado por la ilegítima alcaldesa Betty Zuleta, quien la noche anterior había dado instrucciones en ese sentido.

En medio de la violencia y la ruptura de vidrios de la cabina, el conductor del programa manifestó al aire la irregularidad que se estaba concretando e hizo un llamado a las “autoridades” para que se apersonaran. Para nuestra sorpresa, los que se hicieron presentes fueron los vecinos de la emisora quienes, mayores en número, disuadieron a los manifestantes violentos y lograron que pudiéramos salir del local sin problema alguno que lamentar, al contrario, con el acompañamiento y el impulso de la gente que, de manera espontánea, acudieron a enfrentar a este pequeño grupo violento.

Recientemente nos pasó lo mismo en Los Teques, en el sector Santa Eulalia. Un grupo de personas vinculadas a la dictadura, pretendían impedir nuestro recorrido y la comunidad los enfrentó con total valentía y acompañó la visita a las casas.

Muchas veces nos preguntamos cuáles son las razones por las que la gente –en este momento– no sale a la calle y hemos listado varias de ellas: la molestia con la dirigencia por errores cometidos, la situación de necesidad que hace que la gran mayoría esté en situación de sobrevivencia y no pueda dedicarse a otra cosa, el miedo a la represión, la sensación de que salir a la calle no producirá la caída del tirano, la pandemia, etc. Pero estás experiencias nos permiten constatar, primero, el contundente repudio que genera en la población el señor Maduro y, segundo, la total disposición de la gente a dar la pelea cuando sea necesario.

La ciudadanía venezolana tiene una fuerte adhesión a los valores democráticos y ha hecho todo lo que ha tenido que hacer para lograr salir de la tragedia generada primero por Chávez y luego por Maduro. A los dirigentes nos corresponde seguir motivando la lucha en la calle, hacer todos los esfuerzos para que se mantenga la esperanza, acompañar a los ciudadanos en el momento que vivimos. Pero también estamos obligados a demostrar con hechos, que podemos echar a un lado las cosas que nos separan y centrarnos a luchar por Venezuela. Que nada nos distraiga en el objetivo de lograr la democracia y la libertad para Venezuela. El camino ha sido difícil, pero la constancia y la convicción de que estamos haciendo lo correcto, nos acompañarán en todo este esfuerzo.
Venezuela parió a los hombres que forjaron nuestra independencia. También a los que lucharon hasta lograr que pudiéramos experimentar la democracia. A los venezolanos de hoy, a la nación venezolana, le corresponde alzarse hasta lograr el sueño de una patria libre y democrática, llena de oportunidades para todos por igual.

Juan Pablo Guanipa

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