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El informe de la ONU, es un reconocimiento universal de la tragedia que se vive en Venezuela. Describe de manera pormenorizada, contundente, precisa, los casos, así como lo relativo a las violaciones en materia de derechos humanos. Esto no es cualquier cosa. Dicho informe, además, se corresponde con lo que ha venido denunciando el sector más serio y más responsable de la oposición, y deja en evidencia la perversión de la violación sistemática de los derechos humanos que ha sido de tal magnitud, que corrobora lo que nos ha llevado constantemente a alertar la imposibilidad de negociar, entenderse, dialogar o, peor aún cohabitar, con los sujetos que son precisamente los verdugos, los victimarios.

Después de semejante evidencia de los crímenes atroces de lesa humanidad hechos a la ciudadanía de Venezuela, no hay excusa para que la comunidad internacional no actúe en consecuencia para restituir el Estado, hoy fallido, forajido y usurpado del cual somos agraviados los venezolanos.

Por supuesto, es incongruente que, ante las violaciones desmedidas de los usurpadores, pueda haber entendimiento entre ellos y sus víctimas. Es una cruda realidad de la que conocemos solo una parte, y pongo como ejemplo el caso de Alemania, que solo posterior a la caída del nazismo, se supo de las verdaderas dimensiones de la tragedia que vivió el pueblo alemán, con el trauma consiguiente. Es también el caso de la Unión Soviética que supo de más de 100 millones de muertos, antes, durante y después de la II Guerra Mundial, bajo la responsabilidad de Stalin. Y todavía, a estas alturas de la vida, seguimos descubriendo atrocidades que sirvieron para acuñar términos como “Holodomor” ya que 5 millones de ucranianos fueron deliberadamente condenados a morir de hambre a principios de los años ’30, por el mismo monstruo de Stalin que muy poco debió envidiarle a Hitler.

Se infiere que el caso venezolano, tiene monumentales características que apenas asoma el informe de Naciones Unidas. Cuando llegue de saberlo todo, todos los crímenes de del régimen chavo-madurista, el trauma será muy severo. Hay miles de casos no denunciados de muertes y malheridos, entre otras atrocidades, que están muy pendientes de investigación. Son las cifras negras, ocultas, por el silencio de quienes no quieren perder a sus familiares inocentes, a los que dejan en Venezuela, porque estos criminales son capaces de las más inauditas maneras de chantaje. Son crímenes de lesa humanidad que nos le da tiempo al régimen de blanquear, de borrar las evidencias y testimonios, como ha hecho la dictadura fidelista en Cuba con buena parte de sus inmundas violaciones a la propia humanidad.

Es parte del terrorismo psicológico que ha orquestado el régimen, generando miedo, pánico, terror para intentar neutralizar a la población que protesta por cualquier medio pacífico que le es posible. Busca quebrar anímicamente a la población para que pierda el sentido y el sentimiento de dignidad y lucha. Además de la incompetencia, está muy calculado dejar a oscuras a comunidades, pueblos y ciudades enteras por las fallas y el colapso eléctrico, sedientos pero expuestos a inundaciones por lluvias torrenciales, susceptibles de brotes y epidemias, porque no hay condiciones sanitarias minimas ni siquiera a seis meses de declarada la pandemia universal.

Es necesario conformar una Comisión de la Verdad, después del cese de la usurpación, conformada por personas independientes, de indiscutible prestigio internacional, responsables, serias, acreditadas. Una genuina, auténtica Comisión de la Verdad que sea muy capaz de investigar todos los crímenes de lesa humanidad y todos los funciones de alta jerarquía que ya sabemos quiénes son, pero también a los mediano nivel y ejecutores directos de los asesinatos y de todas las violaciones a los derechos humanos.

“Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”
(Referencia: El Cantar del Mio Cid).

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