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Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

Habrá diferencias sin duda, nadie debe entusiasmarse demasiado. Si se ratifica en la Corte Suprema que el ganador es Joe Biden, los estadounidenses que votaron por él y los que no, amanecerán con aumentos de impuestos, tradición política y económica en Estados Unidos; los republicanos ofrecen bajar los impuestos federales -para todos-, los demócratas no dicen nada, pero los suben.

Si el nuevo Presidente es el anciano demócrata, habrá cambios en la política internacional de Estados Unidos, que Donald Trump vió como lo que es, un hombre con mentalidad empresarial, como especie de gasto sin retorno y no una presencia de participación en todas las cosas del mundo. Un buen ejemplo, el Club de Paris, del cual anunció la salida por considerarlo una institución poco útil, y una botadera de dinero; de inmediato, su rival respondió, de eso nada, Estados Unidos seguirá en el club.

Difuso, complicado de salud, el “46 Presidente” dejará protagonismo en su Vicepresidenta demócrata e izquierdosa Kamala Harris, al punto que algunos pronostican: de los cuatro años del período cada uno gobernará dos, y eso es un sueño dorado hecho realidad para el castro-madurismo cubano, nicaragüense y venezolano, que ve con temor un triunfo del empresario Presidente, que les ha dado hasta con el tobo, anunciando su legado seria arrinconar y eliminar al comunismo socialista del hemisferio occidental.

Pero no hay que confiarse demasiado. Confuso, enfermo o no, ejercería la presidencia, y con certeza continuará el estilo del Presidente al cual acompañó ocho años, que sonreía mucho, pero anunciaba poco sus verdaderas intenciones. No tuvo el menor empacho en dialogar con los Castro y aparecer en su televisión, como tampoco se le aguó el guarapo para autorizar una especializada incursión aérea a Pakistán con tropas en helicóptero para despachar a Osama bin Laden. Operación compleja que presenció en detalle, y su vice-presidente estaba allí, plácido y sonriente.

Si es reelecto el Presidente agudizará las decisiones, como las sanciones contra Venezuela como régimen y unos cuantos de sus líderes; no habrá invasión militar, ya no se usa, no es necesaria -para más detalles pregúntenle a los iraníes-. Aunque por la necedad y bobería adelantada pongamos en peligro Citgo.  

Si finalmente es confirmado Joe Biden, Washington será flexible en la presión, y abrirá las puertas a negociaciones que podrían en peligro a la oposición que no da tregua ni entrega concesiones, llena de principios, además de sacrificar políticamente a Maduro y Guaidó en beneficio de pocos y como parte de un gobierno pactado entre Washington, la oposición complaciente, cohabitadora y el chavismo activo. Se repartirán el poder y los temas como impunidad, colaboración, complicidad, robo al erario público, economía sancionada, violación de los Derechos Humanos, demás barbaridades, arbitrariedades y abusos serian manejas con la elasticidad adecuada y conveniente. La Habana, por mantenerse, es capaz de negociar el alma. Los politiqueros interesados y complacientes impulsan pactos tenebrosos, convencidos, que una transición pasa por Washington y La Habana, sin descartar el Vaticano. 

Reformará el Departamento de Estado y la política exterior, desmantelará cualquier vestigio de su antecesor, incluyendo Venezuela, que estará marcada por un tono cordial, de menor belicosidad y mayor conciliación, siendo desplazada de un puesto privilegiado a mero trámite simulado. Los demócratas lo han demostrado. Regresará la inefable política enfocada en el arreglo, negociación y el beneplácito mutuo, sin importar quien sea la víctima, daño colateral, en lugar de la orientación confrontadora, libertaria. Festejan y brindan el Foro de Sao Paulo, las izquierdas, socialistas, Cuba, Nicaragua, Venezuela serán las más beneficiadas. Sin embargo, aún falta la confirmación jurídica y legislativa de su triunfo tras los alegatos de fraude por parte de su rival republicano. 

Los demócratas tuvieron inmejorables, magníficas relaciones con el castrismo cubano, especial en el segundo período de Obama/Biden. Habrá nuevos interlocutores para pactar. La escuela de Barack Obama, se impondrá y significa que retornará la política borrosa e indefinida de hace cuatro años. Reconociendo la “legitimidad” de Maduro, restando ánimo y apoyo a la esperanza de los auténticos, verdaderos movimientos opositores de Venezuela. 

Si el nuevo Presidente estadounidense es Joe Biden, tanto como si finalmente repite Donald Trump, hay temas en los cuales Washington no transigirá; amenazas a la seguridad nacional y narcotráfico. Puede que se suavice y hasta interrumpa la presencia del Comando Sur, pero seguirá navegando. El curso es lo difícil de prever.

@ArmandoMartini

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