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Rómulo Ernesto Betancourt Bello (Guatire, Miranda, Venezuela, 22 de febrero de 1908 – Nueva York, Estados Unidos, 28 de septiembre de 1981) / LIFE

 

El 15 de diciembre de 1948, en una conversación secreta en la embajada de Colombia, Rómulo Betancourt dijo al embajador norteamericano Walter J. Donelly:

-“No hay duda de que con el tiempo regresaremos al poder. Pueden ser uno, dos o diez años, pero no olvide mis palabras. Regresaremos al poder, no por la fuerza ni por el apoyo de los cuarteles sino por petición popular” (1)

Un presagio que la tenacidad de una legítima sed de poder, haría realidad exactamente una década después.

Convicción y determinación

Tres semanas antes, el sábado 24 de noviembre, a las 11 de la mañana, Alberto Carnevalli había hecho una llamada al presidente Rómulo Gallegos, a su casa en “Los Palos Grandes”, para informarle que el rumor era una realidad.

-“Presidente, ahora si es verdad, los militares ocupan en este momento el Palacio. Es el golpe …”. (2)

El infausto golpe de estado contra el primer presidente electo democráticamente en el país por el sufragio universal, directo y secreto, Rómulo Gallegos, el más importante escritor venezolano del siglo XX, electo apenas nueve meses antes, con una apabullante mayoría del 75% de los votos, había puesto a dar carreras todo el gobierno.

Betancourt, que si bien no tenía cargo alguno en ese gobierno y hasta peleado andaba con Gallegos, será el más buscado de todos los adecos del país. Era el fundador y máximo líder del partido y como tal el principal objetivo de los militares golpistas.

Pese a que los rumores tenían meses y se habían hecho de una frecuencia insólita durante los últimos cinco días, el zarpazo militar parece haberlo sorprendido dadas las difíciles circunstancias en la cual transcurrieron los próximos siete días, de los cuales dejó constancia en un mensaje al CEN de su partido interceptado por la dictadura y utilizado por ésta para acusarlo de cobardía por su decisión de asilarse.

-“No estábamos preparados para la ilegalidad y esto me afecta más que a nadie. He andado estos días saltando de una casa para otra a pleno día, manejando yo mismo, entre gentes aterradas, tirándome la puerta en las narices. Ayer atravesé a pie por un pelotón de soldados, dirigidos por Rincón Calcaño”. (3)

La historia posterior demostraría que la firme convicción contenida en las enfáticas afirmaciones del líder principal de Acción Democrática al embajador Donelly, no era esa vocinglería tan frecuente en los liderazgos políticos.

El convencimiento pleno de Rómulo de que el futuro le aguardaba, representó un intangible de inmenso valor a la hora de insuflar el necesario optimismo a los suyos y fortaleció su férrea determinación tan indispensable para enfrentar a una tiranía cuyo principal arma contra los enemigos que osaran enfrentarla era el terror policial.

La esperanza del regreso al poder

Rómulo sabía que venían días muy duros, la oscuridad había interrumpido la luz del primer ensayo de democracia liberal en Venezuela, el retorno al poder era la única esperanza que podía ofrecerle a su gente para hacerla sentir dueña del futuro y mantenerla en la lucha.

El pronóstico hecho al embajador norteamericano, era en esencia el mismo resentado en su improvisado mensaje al CEN del partido el 1 de diciembre cuando justificaba su decisión de asilarse:

-“La presencia mía en la clandestinidad si es que pudiera mantenerme en ella, creará en las gentes falsa ilusión de que vamos a recobrar de inmediato el poder. Volveremos a él, pero después de un trabajo lento y no por una acción mágica”. (4)

Sin embargo, ese regreso seguro al poder por “petición popular”, fruto de un “trabajo lento” y no por el “apoyo de los cuarteles”, tenia como tarea previa desalojar de Miraflores a los nuevos inquilinos: una dictadura impuesta por la vía de las armas.

El enemigo a vencer era un un “gobierno de las Fuerzas Armadas”, como se definió entonces, con cuantiosos recursos económicos que pronto conquistaría amplio reconocimiento internacional, gracias a la importancia estratégica mundial del petróleo venezolano en la economía de postguerra y de la Guerra Fría, un contexto que condicionaría gran parte de la formulación política de Betancourt.

Camino a la rectificación

Cómo asumir y llevar a cabo esa lucha era un reto para Betancourt. La resistencia basada en el camino de la violencia de la conspiración, el abstencionismo, los atentados, los intentos de golpe de estado y hasta de una invasion militar frustrada fue la primera respuesta.

El costo fue demasiado elevado en vidas, torturados, presos y exilados. El partido perdió a sus mejores hombres en esa etapa de la resistencia. Leonardo Ruiz Pineda, Alberto Carnevalli, Antonio Pinto Salinas, Luis Hurtado Higuera y tantos otros cayeron en la lucha contra la dictadura.

Esta política se mantuvo, al menos hasta 1954. En adelante, aunque no faltó quien la siguiera promoviendo, ya no era posible sostenerla dado los continuos reveses y el descalabro general de la fuerza partidista.

En 1955, Rómulo admite el fracaso de la línea golpista de conspiraciones militares y se inicia un lento pero sostenido proceso de rectificación que ponía el acento en la organización y adoctrinamiento del Partido y en el impulso de la construcción de un Frente partidista para oponerlo a la dictadura. El diagnóstico era sumamente dramático.

-“No se necesita argumentos en favor de la tesis de que es desfavorable para nosotros la coyuntura en el interior del país. Pérez Jiménez ha logrado estabilizarse, hay reflujo evidente en la acción oposicionista y no puede especularse, racionalmente, sobre una crisis económica y fiscal de gran magnitud. Desde el punto de vista del Partido, no podemos hacernos ilusiones, porque serían pueriles. Contamos con un aparato interno debilitado, que apenas se hace sentir. Nuestros cuadros en Caracas son débiles y apenas existentes en el interior del país”. (5)

Ante un cuadro tan deplorable, la conspiración golpista se hizo un mal recuerdo, los atentados fueron desalentados por la incapacidad de realizarlos, la invasion se hizo una ilusión echada al olvido, el sectarismo adeco de Rómulo y la “vieja guardia” se redujo solo al anticomunismo y comienza una nueva política unitaria que, con sus bemoles, conduciría al 23 de enero de 1958. Pero esa ya es otra parte de la historia que narraremos en otra ocasión. Los sucesos que siguieron a continuación durante los próximos años, dejaron claro la validez de la frase de Churchill: “aquellos que no cambian de opinión nunca cambian nada”.


Notas

1- Manuel Caballero, Rómulo Betancourt político de nación, p. 289
2- Guillermo García Ponce y Francisco Camacho Barrios, Diario de la resistencia y la Dictadura 1948-1958, p. 30
3- Germán Carrera Damas, Rómulo Histórico. P. 386
4- Ídem.
5- Rómulo Betancourt, Antología Política, Volumen Sexto 1953-1958 p. 301

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