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Aunque toda democracia sea imperfecta, sigue siendo democracia por definición. La estadounidense no elige directamente a su presidente, pero es demasiado evidente que es un sistema de plenas libertades y convincente estado de derecho, lo cual deja mal parado a sus críticos más acérrimos. Hay una elocuente división de poderes, y hasta los más modestos cargos de responsabilidad pública pasan por el consentimiento del ciudadano.

Casi nadie comenta lo que ocurre en Cuba o Corea del Norte aunque podemos detenernos por un instante en el caso Venezuela. Formalmente, el presidente de la República es elegido por votación directa, universal y secreta. Sin embargo, el actual régimen controla absolutamente todos los resortes institucionales, incluyendo el nombramiento del órgano comicial, y emplea, además, a discreción. los recursos materiales y simbólicos del estado, bajo el imperio de la represión y de una descarada censura. No hay Estado de Derecho ni modo de auditar sus eventos electorales y, si damos otra versión a la consagrada por el castrismo monopartidista, el plebiscito es la herencia por excelencia de Chávez Frías, perfeccionada por Maduro, con el respaldo cómplice de las Fuerzas Armadas. 

Por supuesto, las elecciones norteamericanas generan un interés mundial. Hay quienes sienten simpatías por las opciones expuestas por el bipartidismo, o en algunos casos, un fanatismo inusual. Esta vez ellas se inscriben en el drama existencial de un país que sigue siendo objeto de atención y penetración de la ultraizquierda que busca, desde hace muchos años, desestabilizarlo,con el trillado cuento de la lucha contra el imperio y la igualdad de clases. Reciben también el aliento de las otras potencias económicas, en nada democráticas, como la de China, o dudosamente democrática, como la de Rusia. 

No obstante, forzados más económica que políticamente al exilio, miles de latinoamericanos, y,especialmente, venezolanos, se han enfrascado en opinar o tomar posición ante las actuales elecciones norteamericanas. Han hecho campaña, como si fuesen ciudadanos gringos. Algunos hasta tienen pendiente la regularización de su estadía en un país al que sorprenderán por los niveles de beligerancia, a veces, insólitas. Por ejemplo, a pesar de haber huido o decir huir del desastre de su país,han violentado las calles de algunas ciudades americanas, portando franelas del Che Guevara y lanzando escupitajos a la policía, mientras que en su país poco o nula fue su lucha para mejorar sus condiciones de vida.

Cierto que son una minoría si se comparan con los venezolanos muy respetables, trabajadores y pacíficos que al partir buscaban horizontes de oportunidades en un país libre como no lo es Venezuela. Aunque el punto está en los venezolanos que no han abandonado Venezuela que son – por lo menos – líderes de opinión. El fanatismo hacia Trump o Biden, no tiene explicación lógica, porque ambos candidatos son y somos ajenos a la vida cotidiana misma del norte: nuestras realidades son completamente diferentes. Si me dieran a elegir, simpatizo con el que más cerca ha estado de la causa venezolana por la libertad, pero de ahí a que, incluso, me crea un estadounidense que está forzado a hacerle campaña proselitista, media una gran distancia.

El caso del venezolano fanatizado por una de las opciones llama poderosamente la atención. Quizá sólo observemos, por una parte, que a falta de elecciones libres en Venezuela, se entusiasma con las ajenas en lugar de bregar por las libertades en su propio país. Y, por la otra, que así como existe la disputa en muchas oraciones alzadas de tono por el Barça o el Real Madrid, imposible de reeditar la pelea por el Caracas o el Magallanes, lo hace por Trump o Biden, pensando que nuestra solución política está en el triunfo de alguno de alguno de esos dos candidatos. Cuando la realidad nos sigue diciendo que nuestro problema se debe resolver acá, que nuestros aliados son solo eso. No podemos olvidar que, aunque el venezolano por más de 20 años ha puesto su empeño en generar un cambio, este no se ha concretado. Esta negación no significa que todo está perdido, tenemos que trasladar ese fanatismo a la recuperación de nuestra democracia, porque seguimos existiendo, persistiendo y resistiendo en este nuestro país para lograr alcanzar nuestra libertad.

@freddyamarcano

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