El resultado de las Elecciones Presidenciales que se celebrarán este año en EEUU y Rusia podrían significar el retorno a la Doctrina de la Coexistencia Pacífica entre EEUU y Rusia y el consecuente finiquito a la Guerra Fría 2.0.

La Guerra Fría 2.0

Las durísimas declaraciones de Joe Biden sobre Rusia («Putin es un criminal de guerra») y la implementación de sanciones para lograr la asfixia económica y la inanición financiera de Rusia a raíz de la crisis ucraniana han escenificado la llegada de la Guerra Fría 2.0 y el retorno de las tesis geopolítica de George Kennan quién afirmó que «decir que el derrocamiento de los regímenes hostiles a EEUU es el objetivo principal de los servicios de inteligencia de EEUU, es un secreto a voces»., que vendría simbolizado en el gazapo de Biden al afirmar que «Putin no merece estar en el poder».

Putin era consciente de la nueva dinámica acción-reacción en la que se verían  envueltas las relaciones ruso-estadounidenses a partir de este momento  y que se tradujeron en el recrudecimiento de la estrategia kentiana de EEUU para asfixiar la economía rusa. Dicha estrategia bebería de las fuentes de la teoría expuesta por Sherman Kent en su libro «Inteligencia Estratégica para la Política Mundial Norteamericana» y publicado en 1949 donde anticipaba que «la guerra no siempre es convencional: en efecto, una gran parte de la guerra, de las remotas y las más próximas, ha sido siempre realizada con armas no convencionales: […] armas […] políticas y económicas», estrategia que resultó fallida y  que significó un triunfo para Putin.

El conflicto ucraniano habría significado pues  el retorno a la Guerra Fría entre Rusia y EEUU y el retorno a la Doctrina de la Contención, cuyas bases fueron expuestas por George F. Kennan en su ensayo «Las fuentes del comportamiento soviético», publicado en la revista Foreign Affairs en 1947 y cuyas ideas principales se resumen en la cita «el poder soviético es impermeable a la lógica de la razón pero muy sensible a la lógica de la fuerza».

En este contexto se incluiría la entrada de Finlandia y Suecia en las estructuras militares de la OTAN y el incremento de fuerzas militares con 4 nuevos batallones desplegados en la frontera europea con Rusia y la réplica por parte rusa con la instalación en Bielorrusia de misiles Iskander-M dotados de ojivas polivalentes así como misiles antiaéreos S-40 siguiendo la dinámica de la Guerra Fría (acción-reacción).

Putin busca un Acuerdo de Paz que establezca que Ucrania no entrará en la OTAN y que el contencioso ucraniano quede perfilado con la división de Ucrania en dos mitades, quedando el Este del país, incluida Crimea, el Donbás, Zaporiyia y Jersón bajo la órbita rusa y el Centro y Oeste de la actual Ucrania navegarán bajo la tutela de Occidente, mientras la línea imaginaria que uniría Járkov, Zaporiyia, Bajmut y Rubizhne pasaría a ser el nuevo Muro de Berlín de la Guerra Fría 2.0.

Así, el ínclito Zelensky se habría ya convertido para EEUU en un lastre del que conviene desprenderse con inmediatez, no siendo descartable que sí Trump vence en las Elecciones de Noviembre,  Zelensky sea acusado de corrupción y obligado a exiliarse a EEUU, tras lo que asistiremos al diseño de la nueva cartografía de Ucrania y a un nuevo triunfo de Putin.

¿Doctrina de la Coexistencia Pacífica con Putin y Trump?

Los indicios de senilidad de Biden, la crisis del fentanilo, la carestía de la vida y el incremento de la inseguridad ciudadana habrían hundido la popularidad de Biden hasta mínimos históricos del 38%, lo que facilitaría el retorno triunfal de Donald Trump en las presidenciales de noviembre,  candidato que según una encuesta de CBS News y YouGov, contaría con el apoyo del 65% de los votantes republicanos.

Una posible victoria de Trump en Noviembre representaría pues el ocaso de la estrategia atlantista de Biden y Soros empecinados en defenestrar a Putin del poder así como la firma de un acuerdo de Paz en Ucrania y el retorno a la Doctrina de la Coexistencia Pacífica con Rusia. Ello supondría la entronización del G-3 (EEUU, Rusia y China) como «primus inter pares» en la gobernanza mundial lo cual chocaría frontalmente con el sueño obsesivo de los globalistas de Soros y de la Open Society Foundation (OSF) por conseguir el sometimiento de Rusia, pues Rusia sería para George Soros» la ballena blanca que lleva décadas intentando cazar».

Así, Donald Trump aseguró en sus redes sociales que «nunca hemos estado tan cerca de la III Guerra Mundial» y que debe haber un «compromiso total para desmantelar el grupo de poder neoconservador globalista responsable de arrastrar al mundo a guerras interminables». Asimismo, en un discurso pronunciado en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), el futurible candidato republicano afirmó : «Soy el único candidato que puede hacer esta promesa: evitaré la Tercera Guerra Mundial», al tiempo que denunció la «excesiva cantidad de armamento que circula actualmente en el mundo», lo que estaría anticipando el retorno de la Doctrina Aislacionista de EEUU.

Sin embargo, el aislacionismo trumpiano sería un misil en la línea de flotación del complejo militar-industrial que tiene perfilado para el próximo quinquenio la recuperación del papel de EEUU como gendarme mundial mediante un incremento extraordinario de las intervenciones militares estadounidenses en el exterior para recuperar la Unipolaridad en el tablero geopolítico global.

Así, tras la invasión de Gaza por Israel, EEUU e Israel intentarán la desestabilización del Líbano e Irán por métodos expeditivos, lo que se traduciría en el inicio de un gran conflicto regional que marcará el devenir de la zona en los próximos años.Dicho conflicto podría involucrar a las tres superpotencias (EEUU, China y Rusia) contando como colabores necesarios a las potencias regionales (Israel, Siria, Egipto, Jordania, Irak, Arabia Saudí e Irán) y abarcaría el espacio geográfico que se extiende desde el arco mediterráneo (Israel, Siria y Líbano) hasta Yemen y Somalia con el objetivo confeso de diseñar la cartografía del Nuevo Oriente Medio favorable a los intereses geopolíticos de EE.UU., Gran Bretaña e Israel.

En consecuencia, en el supuesto de fracasar la actual ofensiva judicial contra Trump, no sería descartable la gestación de una trama exógena de los globalistas para neutralizarlo por métodos expeditivos e impedir la utopía de la Coexistencia Pacífica entre EEUU y Rusia. 

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