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Aunque estamos en elecciones, ya sabemos los resultados, por lo que creo que es conveniente destacar el aspecto que más le interesa a la población que sufre y espera un rescate económico. 

Estamos acostumbrados a que el tema petrolero ocupe un sitial predominante en nuestros análisis sobre el bienestar, este tema hoy es doblemente relevante, pero por razones distintas a las tradicionales: Primero, porque Venezuela ya no es un exportador de importancia en el mercado mundial petrolero. Segundo, porque es muy difícil que vuelva a serlo. Tercero, porque la gran oportunidad para diversificar nuestra economía y democratizar al país dependen de la lentitud y moderación -no de la velocidad y magnitud – con que se recupere la producción de hidrocarburos. 

Es muy difícil que el país vuelva a ser un player importante en el mercado mundial petrolero porque, desde 2014 se observa una tendencia excedentaria en la capacidad instalada de producción sobre el volumen de la demanda. De allí los precios bajos. La pandemia vino a agravar esta tendencia debido a que la cuarentena impuso una caída del PIB mundial y, por ende, del consumo de energía y, particularmente, del transporte, del cual depende buena parte de la demanda petrolera. La respuesta de la mayoría de los grandes productores y exportadores de hidrocarburos fue cerrar unos 30 MM BD de producción. Es decir, que antes de invertir en nuevos campos petroleros o en la reactivación de los existentes, las grandes petroleras esperarían que se supere la pandemia y se recupere el PIB mundial. Por lo que quienes recuperarían la producción en Venezuela, no estarían en disposición ni capacidad de hacerlo. 

Así y todo, en la medida que la economía mundial se recupere, tenderá a aumentar la demanda de energía, pero el calentamiento global y la conciencia ambientalista están creciendo, fomentando la incorporación de fuentes de energía no contaminantes que sustituyen al petróleo. La peor noticia para los petroleros en este sentido es que el gobierno de Joe Binden, a través de su nueva política de Clean Energy, buscará sacar a su país de la cuestionada posición en que Donald Trump lo colocó al deslindarse de todos los pactos conservacionistas internacionales. 

A pesar de lo dicho, es posible que aparezcan inversionistas en Venezuela atraídos por sus reservas petroleras, ubicación geográfica y nexos con el régimen que neutralizarían la inseguridad jurídica que ha caracterizado la era chavista. Pero, lo más probable es que su inversión sea más para tomar posiciones en las alianzas estratégicas para controlarlas, pero no necesariamente para producir hasta que no estén seguras de que una producción adicional no bajaría los precios. Así sucedió en el Proyecto Cristóbal Colón para la producción de gas libre, proyecto que fue bloqueado por los socios de PDVSA que ya tenían una amplia participación en el mercado mundial de este commodity.  En todo caso, una moderada inversión podría dirigirse a recuperar una primera camada de pozos que no suponga grandes inversiones, lo cual nos puede llevar a producir hasta unos 700 MBD en un par de años y un millón de BD en tres o cuatro años; siempre dependiendo de la intersección entre la recuperación del PIB mundial, la sustitución del petróleo por otras fuentes y de los desarrollos tecnológicos que vienen incrementando la Eficiencia Energética. 

Como la economía venezolana ni sus gobiernos se pueden estabilizar con esos niveles de producción tan bajos, en la medida que eso sea así, a quien quiera que gobierne, se le presenta la opción de liberar la economía, abrirla, dolarizarla, privatizar las empresas del Estado (Ley Antibloqueo), con las consecuencias favorables de diversificar la producción y las exportaciones, así como las fuentes fiscales y de divisas. Todo lo cual redundaría en un mayor bienestar económico y en un mayor pluralismo político y democratización del país. Por el contrario, en la medida que la producción petrolera repunte y el gobierno de turno, del color que sea, pueda re estabilizarse con los ingresos petroleros, las probabilidades de diversificación de la economía y sus exportaciones se reducen porque se reducirían la liberación, la privatización, la dolarización, se mantendrían el bolívar como moneda, la política monetaria y la consiguiente emisión inorgánica de dinero, la sobrevaluación de la moneda y la concentración de las exportaciones en petróleo, oro, coltán, etc. Todas ellas fuentes rentísticas con las que el gobierno de NM ha buscado recuperar su capacidad fiscal y evitar la democratización económica y política del país. Creo pues que a los venezolanos amantes de la libertad y el bienestar nos conviene que el petróleo se recupere muy lentamente, que las otras fuentes rentistas no prosperen para que quienquiera que gobierne se vea obligado a dejarnos trabajar en paz. 

@joseagilyepes

https://www.analitica.com/opinion/escenarios-petroleros/