Una de las definiciones de la palabra síndrome es: “Conjunto de fenómenos que concurren unos con otros y que caracterizan una determinada situación.”

En diciembre de 2015 se produjo una extraordinaria situación: en las elecciones parlamentarias, la oposición unida obtuvo una mayoría de las dos terceras partes, con lo cual tenía el control de la Asamblea Nacional. Esa victoria, a mi juicio, dio lugar a un síndrome. Ante esa situación hubo muchos políticos que pensaron que ante ese triunfo podrían presentarse como candidatos a gobernadores, alcaldes y concejales, con la seguridad de que lo más probable sería que ganaran. Con esas posturas se empezó a resquebrajar la unidad de la oposición, que se ha hecho pedazos cuando muchos dicen que esos separatistas son quienes representan a la oposición. Ese grave error, como veremos, tendrá graves consecuencias

Navegando en Internet encontré un artículo titulado “3 Ways Toxic Positivity is ruining your life’[1] [Tres maneras cómo el positivismo tóxico esta arruinando su vida]

En el mismo se dice que es “una tendencia que nos está contagiando a muchos que hemos invertido demasiado en la cultura de la auto-ayuda”. Añade que es una tendencia a deshacernos de nuestras luchas y ‘sólo centrarnos en lo positivo’. Agrega que uno “puede experimentarlo como una presión a sentirse agradecido y feliz. Sigue diciendo que “uno puede tener la tentación de decirles a los demás que ‘no deben preocuparse’, que ‘todo sucede por alguna razón’ cuando su vida se está derrumbando’. Cito, por último: “La positividad tóxica nos impide buscar la fuente de nuestras luchas. Usualmente deriva de una gran intención. ‘Siendo positivos’ sólo tratamos de mantenernos felices los unos y los otros”.

En lo que llamamos síndrome de diciembre de 2015, vemos la presencia de la Toxicidad Positivista. Todos los diputados, así como los políticos que se beneficiaron de las elecciones parlamentarias en las elecciones que tuvieron lugar en esa fecha, incurrieron en esa toxicidad, se contagiaron. Creyendo que habían logrado el triunfo que tanto anhelaban, que podían dejar de lado sus luchas al ser vencedores y que podían centrarse en lo positivo. Pero ese positivismo fue tóxico, era lo del dicho de “dormirse sobre sus laureles”. Esa toxicidad llevaba consigo el olvido de las fuentes que llevaron a la victoria. Los diputados y dirigentes políticos que se beneficiaron, pensaban en gran parte, que cada uno de ellos era artífice del triunfo, desconociendo, que el triunfo no era de individualidades, sino de la unión de todos los que buscaban el mismo fin. Era común aquello de decir que, entre otras cosas, yo y mi partido hemos llevado a la victoria y, por lo tanto, debemos ser premiados con cargos de gobierno. Se equivocaban porque no siempre se justifica dar un cargo como premio, sino que debe llevar consigo el hecho de que el premiado esté capacitado, tenga las condiciones de cumplir eficientemente con su cargo, No se puede admitir aquello de que rota la piñata hay que apresurarse a recoger su contenido en el suelo.

Me atrevo a decir que el citado síndrome acabó con la unidad y por eso vemos cómo el pasado domingo 21 en las elecciones parlamentarias, se vio que por el hecho de que las candidaturas de la oposición, estaban dividas entre las de unidad de la MUD y las de otros candidatos de grupos separados, tuvieron el efecto de que el PSUV se llevara 20 gobernaciones, a pesar del hecho de que, como se ha visto, la suma de los votos por la MUD y los de los separatistas, superaron en todos los estados a los votos del PSUV.


[1] https://www.bigselfschool.com/post/3-ways-toxic-positivity-is-ruining-your-life

https://www.analitica.com/opinion/el-sindrome-de-diciembre-de-2015/