Acto 1.

Presencio la siguiente escena en un negocio de chinos (¡válgame Dios!).

Ando acompañando a un amigo que necesitaba unas vituallas. Yo, como de costumbre, me muestro reacio a ingresar a ese local. Me molesta el olor a miao de ratón (típico de negocio chino), me incomoda la jerigonza cantonesa (estos rasgados ni tan siquiera se molestan en aprender castellano). Mas, como el pana insiste, hago de tripas corazón, y entro al antro.

Para más ñapa hay que calarse una colita a la hora de pagar. Los puntos de venta, como cosa rara, están morrocoyunos. Un señorcito con cara de guardia nacional desubicado solicita que lo atiendan con prioridad. Va a pagar cash.

El billete verde sobrepasa con creces el monto de lo que ha comprado. El chino que funge de jefe le dice en su galimatías que no tiene sencillo en divisas para darle lo vuelto. Tampoco hay bolívares “sobelanos”. El doncito le replica que le haga un Pago Móvil. Okey, dice el amarillo. ¿Cuánto es lo vuelto?, pregunta el criollo. Tantos “lólales”, replica el asiático. El hombre pregunta a cuánto cotiza la moneda imperialista. Un parroquiano que posee la aplicación en el cuernófono inteligente informa: doscientos y pico’e garza, según la página que ciertos jerarcas juraron que iban a pulverizar.

El chino le liquida el saldo a ciento setenta. El sujeto protesta: “¿Qué abuso es este? ¡Me están desplumando!” Cuando el interfecto parece que va a ponerse intenso, el rasgado hace una seña subrepticia y aparece un uniformado de la fulana “policía nacional”. Es evidente que la matraca funciona a favor del paisano de Shi Ying Ping (a) Winipú.

El doncito traga grueso y se va refunfuñando. Otro round más a favor de los chinos del chavismo. No vinieron a crear riqueza, no vinieron a realizar inversiones reproductivas. No, mi señorcito. Vinieron a especular, a acaparar, a exprimirnos.

Acto 2.

Tenía tiempo que no conversaba con mi amigo HJ. Como yo, anda en vísperas del medio cupón, al igual que todos los nacidos en la década de 1970.

HJ es, o solía ser, activista de uno de los otrora grandes partidos de cuando en Venezuela había democracia. Como candidato a cargos de elección popular llegó a competir en buena lid, antes y durante de la desgracia chavista. Pero hacía un tiempo que no se sabía nada de él. Por ahí me habían llegado algunos rumores sobre supuestos enchufes.

A la vera de sendos marrones en una panadería sirviendo a media máquina, por causa de la pandemia, conversé con HJ. Hay algo en mí que hace que los interlocutores se avengan a revelarme cosas. Luego de repasar el devenir de antiguas y comunes amistades, lo fui llevando al terreno de las confidencias.

Había estado pasando por una racha deplorable. Le había dado con empeño a la lucha antidictatorial, arriesgando el pellejo y casi aterrizando en chirona. Fueron tiempos de privaciones. Su mujer lo dejó ante tantas estrecheces. HJ, en medio del slump (para usar un término beisbolístico), se dio cuenta de algo verdaderamente estremecedor.

“Mientras nosotros, los cuadros medios y subalternos del partido (¡barajo con la terminología marxista!, digo yo, Quírico), los grandes jefes miembros del cogollito la estaban pasando como nunca”.

HJ pudo constatarlo observando a HA, el líder omnímodo de su tolda. Es verdad, la mujer de HA proviene de familia pudiente. Pero el tren de vida del pichón de caudillo resultaba chocante para quienes lograban atisbarlo. Y, como colofón, rodaban como reguero de pólvora los comentarios sobre los negociados de los hijos de HA con connotadas figuras de la pomada chavista.

Simultáneamente, HJ logró “coronar” con un pariente consanguíneo quien, como ya sucede en todos los ámbitos familiares, había “coronado” a su vez con la manguangua chavista. El propio enchufado, pues.

“Si no es por este familiar mío ahorita andaría pasando las de Caín”, me confiesa HJ. Negocios van, negocios vienen. Alimentos, medicinas, gasolina, nada se les escapa a estos avispados que han tenido éxito pegándose a los jerarcas como garrapatas en carapacho de guau guau callejero.

Le replico con un argumento que no por lo trillado deja de ser más valedero: ¿pero y los demás venezolanos cómo quedamos con este saqueo? HJ revuelve pensativo el azúcar de su café y refiere que a él a veces le dan cargos de conciencia, pero el llamado de la supervivencia lo arrastra todo. Por cierto, añade, esta azúcar la trajimos de México, gracias a los buenos oficios del célebre general en jefe Q., a quien por supuesto le queda su gruesa tajada en el negociado.

¿Y las fulanas elecciones dizque parlamentarias?, lo conmino. HJ me devela algo que tampoco es nuevo. Se trata de una parte del inmenso tinglado de negocios donde todos quienes participan cobran y se dan lo vuelto. Okey (o vales, como dicen en Madrid), esto tampoco es de ahorita. En democracia también se hacía. Lo que varía es la magnitud y el descaro, aclara HJ.

Por parte del chavismo ya se sabe. Nunca han tenido intenciones de entregar el poder. Tú podrías alegar que siempre ha habido la ocasión de agarrar algo, aunque sea fallo, por parte de los oposicionistas. Pero la verdad es que desde la época del moquilloso galáctico, la práctica consistía en otorgarles a quienes compitieran su premio consolación.

Dales tantas gobernaciones a los raquíticos en tales y cuales estados, ordenaba el Hércules de Sabaneta. Entrégales tantas alcaldías así y asao, ladraba el Goliat socialista. De este modo se guardaban las apariencias, para que algunos factores comentaran que en Venezuela no se podía hablar de dictadura y para que  algunos lideretes de la oposición se tragaran el anzuelo con todo y nylon, afianzando así su prédica participacionista, electoralista, colaboracionista.

Y, como tapa del frasco, los encuesteros corroborando, con sus muestreos de campo y sus focus groups chimbos, las cifras amañadas emanadas desde el sanedrín electoral chavista. En fin, todos cobran gordo y a seguir gozando la vida.

Por eso, compadre, remacha HJ, una de tres. O corres pa’l exilio, o te quedas callado aguantando la roncha o, ultimadamente, te anotas a ganador en el Clásico del Enchufe, porque a este gente no la saca nadie. Hasta trompetillas le tiran al catirrucio Trump, demostrándole al mundo, como solía arengar el pedófilo Mao Zedong (un precursor chino del chavismo), que los gringos no son sino tigres de papel. Unos tigres agarraos por el rabo, pues.

Nos despedimos. HJ se va en su camionetota full de gasolina enviada por los pestíferos embatolados dueños y señores de la antigua Persia. Yo me voy arrastrando estos zapatos que imploran con urgencia una reencauchada, porque ya están que se tiran tres flatulencias.

Mientras los venezolanos fallecemos de mengua, los enchufados, bolichicos y jerarcas del rrrégimen, los chinos del chavismo, los rusos de Putin, los hediondos santones iraníes, los cubanos castristas, los elenos, farrucos y paracos, los colaboracionistas y ciertos lideretes de la oposición dialogante y electoralista están gordos y cachetones como cochinos rumbo al matadero.

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@QAlbuerne

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