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No hay duda sobre quiénes deben ser señalados por la muerte de Salvador Franco. La brutalidad, la negligencia y la maldad se unieron en contra del líder pemón, y el origen de todo está en Miraflores.

¿Cuál fue el delito de Franco? Alzar la voz y convertir su rabia en acción, como muchos otros venezolanos que están hartos de aguantar tantos desmanes. Lo más grave y lo que pone a todo el mundo a mirar este caso es que se trata de un indígena, un miembro de eso que al comandante muerto le gustaba llamar “pueblo originario”.

A Chávez le encantaba llenarse la boca diciendo que era un firme defensor de los pueblos indígenas. Se empeñó en cambiar nombres, abolir días conmemorativos y hasta aplaudió cuando sus hordas tumbaron la estatua de Cristóbal Colón que estaba en Plaza Venezuela porque aseguraba que quería darle el protagonismo que se merecen y defenderlos de todos los que les han hecho daño. Pero nunca en la historia contemporánea los indios han tenido un enemigo más feroz.

El chavismo los ha engullido como si fuera una fiera hambrienta. Los ha golpeado de muchas maneras, y quizás el ejemplo más simple es la imagen de los indígenas pidiendo limosna en los semáforos y plazas de Caracas. Han tenido que dejar sus tierras, han tenido que rendirse a otras costumbres para poder sobrevivir bajo un régimen que ni siquiera los toma en cuenta.

En ninguna parte del mundo se ha golpeado tanto a los indígenas como en Venezuela, y por eso Salvador Franco y un grupo de sus hermanos a finales de 2019 trataron de tomar instalaciones militares en el estado Bolívar. Al régimen eso le pareció un acto de terrorismo y por eso los pusieron presos en una de las cárceles más terribles del país.

Solo estar allí siendo inocentes de lo que se les acusa es una tortura. Y como si fuera poco la mala alimentación, la falta de sol y demás condiciones esenciales para la vida que les han arrebatado, tanto a Salvador Franco como a sus hermanos les han negado la atención médica.

Salvador indudablemente murió como producto de este maltrato y eso no debe olvidarlo nadie, porque los autores materiales de estas torturas están en la nómina de la cúpula rojita. Es uno más de sus crímenes de lesa humanidad por el que serán juzgados en algún momento de sus vidas.

Que el mundo sepa la crueldad de este régimen, para que por lo menos el sacrificio que hizo Franco y que hacen sus hermanos todavía presos no sea en vano. Justicia habrá más temprano que tarde, pues estas violaciones de derechos humanos no prescriben.

Y ese es el mensaje ahora que pareciera que Venezuela asiste al ocaso del régimen rojito. Donde sea que se escondan, adonde quiera que vayan, estas vidas que robaron contarán en sus expedientes hasta que paguen por ello.


Este artículo se publicó originalmente en El Nacional el 6 de enero de 2021

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