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Muchas cosas han cambiado a lo largo de ya casi un año durante el cual la humanidad hizo un alto en el camino. La pandemia se abalanzó sobre el planeta dejando una estela de muertes, miedo y destrucción.

Las crisis pueden transformarse en detonantes de cambios que favorecen a la humanidad. Es probable, por ejemplo, que la II Guerra Mundial haya salvado más vidas de las que se perdieron en el conflicto. ¿Cuántos años hubiera demorado el desarrollo de la penicilina de no ser por aquella brutal confrontación? Y, ¿cuántas vidas se han salvado desde aquel momento gracias a los antibióticos?

Ya en 1928 Alexander Fleming, médico nacido en Escocia, había descubierto por accidente un hongo identificado como Penicillium Notatum que provocaba la muerte de una bacteria patógena (Staphylococcus aureus).

La trascendencia de aquel hallazgo, fue subestimada por la comunidad científica, a pesar de que Fleming la había publicado en el British Journal of Experimental Pathology en 1929. Sin embargo, el estallido del conflicto mundial vino a cambiarlo todo.

A partir de allí, las vidas de millones de mujeres que antes morían en el parto por sepsis puerperal, al igual que de enfermos de neumonías, heridos y pacientes quirúrgicos pudieron ser salvadas gracias al rápido desarrollo que experimentaron los antibióticos.

Los avances de la humanidad no se producen de manera lineal y las grandes crisis pueden provocar saltos cuánticos. De hecho, el conocimiento crece de manera exponencial y están a punto de surgir avances aún impredecibles en la medicina.

Las vacunas para enfrentar el COVID 19 han aparecido en un tiempo asombrosamente corto. En la última gran pandemia que padeció la humanidad, la Gripe Española en 1918, cerca del 27% de la población mundial -unas 500 millones de personas- se contagiaron y murieron entre 50 y 100 millones de ellas. Aquel virus terminó por extinguirse solo, por un fenómeno conocido como “contagio del rebaño”, sin que nunca se hubiese podido contar con una vacuna.

Lo que sí se avizoran ya son profundos cambios en los sistemas productivos, laborales y educativos. Con el surgimiento de la informática muchos habían previsto que a lo largo de las próximas décadas cambiaría la relación entre empleadores y empleados, sobre todo en aquellos casos en los que la presencia física del trabajador no es indispensable en la actividad productiva. Aún en esos casos la robótica, auxiliada por la informática, substituirá a incontables trabajadores.

En apenas un año de confinamiento como prevención al contagio del COVID 19, procesos que han podido demorar lustros, se han acelerado y se han hecho realidad con pasmosa velocidad. El desarrollo mismo de las ciudades va a cambiar. Ya hoy en día podemos ver como se han cerrado infinidad de oficinas en los grandes centros urbanos, porque gracias al internet los trabajadores pueden prestar esos mismos servicios, de manera más económica trabajando desde sus hogares. Los ciudadanos ya no tendrán que vivir en grandes ciudades y los suburbios se multiplicarán.

Lo mismo ocurre con la actividad comercial. Los grandes centros comerciales pudieran ser cosas del pasado. Empresas como Amazon, Alibabá y muchas otras, pueden suministrar los bienes que requieren los ciudadanos de manera más económica y eficiente.

Igual fenómeno está ocurriendo con la educación. Gracias al Zoom y otras plataformas similares, los estudiantes tienen acceso a los mejores profesores de cada especialidad, quienes podrán impartir sus clases desde cualquier lugar del mundo.

La naturaleza misma de muchas profesiones está experimentando profundos cambios. Surgirán algunas nuevas y otras viejas desaparecerán.

Todo indica que el número de contagios del virus comenzó ya a disminuir sin que ello pueda atribuirse todavía a las vacunas, que vendrán a acelerar el proceso. El virus sin duda será controlado, pero los cambios que su aparición desató, aún es temprano para ni siquiera imaginarlos. Debemos reconocerlo, nos ha tocado vivir en la una época extraordinaria y en un mundo audaz.


José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

Este artículo se publicó originalmente en Analítica el 23 de febrero de 2021

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