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Desde luego quienes disparan los tiros no se proponen llegar a un lugar a través de ellos, sino de generar un nuevo estado; y para evitar equívocos debo advertir que no es la creación, al menos por el momento de una nueva nación, sino de una nueva forma para la misma nación. Eso ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia. Países que fueron monarquías se transformaron en repúblicas y Roma que siempre es y será una referencia para nuestra Civilización Occidental fue primero Monarquía, después República y luego Imperio, que se fue desintegrando no precisamente con la llegada del cristianismo una religión o si se quiere secularizarla, una ideología, sino con la llegada de los bárbaros (Atila y otros tan bárbaros como él), primero en Occidente y casi 1000 años después en Oriente con la toma de Constantinopla por los turcos, en esta ocasión sí con un sentido ideológico, religioso, se trató más que de la llegada de los turcos, de la llegada del Islam.

Como dice el viejo refrán “nadie aprende en cuerpo ajeno”. Hace más de un siglo (1917) explotó en Rusia la “revolución de octubre” que instaló el comunismo y sus pobladores, más bien sus dirigentes,  junto a la cadena de repúblicas soviéticas que se fueron conformando a su alrededor hicieron surgir la URSS, que aunque se desintegró en sintonía con la caída del muro de Berlín, sigue estando gobernada nada menos que por la KGB con las mismas aspiraciones de control mundial que tuvo otrora.

En ese tejemaneje la Unión Soviética dejó en las procelosas aguas del mar Caribe a Castro en su isla de Cuba rodeada de tiburones para que quienes no se sintieran satisfechos con el régimen no se pudieran escapar, sino que tenían que calárselo y allí lleva 60 años (cumple 61 el 1° de enero del 2021), y aquí en Venezuela el castro-chavismo electo hace 22 años hoy con el usurpador a la cabeza enfrenta el éxodo masivo de quienes escapan a la miseria generada, sin otra fórmula que el atropello, la prisión y hasta la muerte de quienes quieren salir, siendo desde luego los que se van “gusanos”.

Ese término que supone desconocerle la condición de seres humanos les facilita sus atropellos, los vejámenes, las torturas, las prisiones y las muertes y desde luego, lo más importante, duermen tranquilos, a pierna suelta. Veinte venezolanos mueren en una pequeña embarcación tratando de escapar por mar a Trinidad y el usurpador no se culpa a sí mismo de esas muertes, sino que ordena la prisión del dueño de la hacienda de donde partió la embarcación y la del dueño de ésta y cree estar administrando justicia. Miento, la justicia le importa poco, cree estar consolidando su poder sobre la población.

No puedo vislumbrar lo que este movimiento “¿pro-indigenista?” en Chile le depara a los chilenos, es decir, no sé a dónde quieren llegar los tiros, pero lo que siento es que el adoctrinamiento de Castro, no en el marxismo sino en el stalinismo, le impuso como regla el poder es tuyo totalmente. Nosotros aquí en Venezuela sabemos que ni Chávez, ni el usurpador mandaron o mandan, sino Castro aun después de muerto. Lo hizo también en Nicaragua; y que Dios me perdone y me perdonen todas las etnias indígenas en Chile envueltas en este movimiento alimentado por “chilenos comunes”, pero es que Castro lo que ejecutó a plenitud en Venezuela con Chávez y con el usurpador, lo intentó ¿sin o con éxito? en Chile con Allende, en la visita más larga que la historia conoce de un jefe de estado en otro país. 

https://www.analitica.com/opinion/donde-quieren-llegar-los-tiros/