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“En defensa de la política” es el título que en 1962 desde la London School of Economics, el profesor de “Ciencias Políticas” Bernard Crick le dio a la obra que se convertiría en una de las herramientas más utilizadas en el mundo occidental para abordar el aprendizaje de la política como medio para tomar decisiones. Es así, que he querido aludir este excelente manual, antídoto contra los escépticos de la política en el título de este artículo. En nuestro caso, en “defensa de la democracia de USA”. 

¿Por qué debería ser la democracia de USA defendida?

La democracia debe ser defendida en todos los lugares donde exista, bien sea como forma de gobierno prevaleciente o “como posibilidad remota de ocurrencia”: me refiero a lugares como Rusia, China, Irán, Cuba, Corea del Norte y Venezuela. Es un activo muy valioso la democracia. Quienes la poseen a veces la dan por sentada, la dan como un hecho. Los que la disfrutan en la plenitud de sus imperfecciones, contradicciones, beligerancias  y debates, la suponen sólida, fija, establecida; no tienen conciencia de su fragilidad ocasional. Los que vivimos nuestra democracia partida, rota, quebrada, aquellos que tuvimos una y que la fuimos perdiendo, sabemos lo importante que es defenderla. Los que defendemos la democracia, sabemos que es más importante ella que la victoria política de cualquiera de nuestras demás convicciones; y si la victoria de éstas pusieran en peligro a la democracia, no dudaríamos ni un segundo en doblegarnos ante su prevalencia. En el caso de la democracia de USA, la misma ha sido históricamente criticada por su intrincada forma de elección de las autoridades nacionales, así como por la valoración que desde otros territorios se hace de su inclinación liberal, “Burguesa”. 

¿Y está en peligro la democracia en USA?

Está siendo fuertemente atacada por aquellos que anteponen su ego y sus pretensiones mesiánicas a su prevalencia. Se frotan las manos de gusto los mal llamados “líderes” de los países donde la democracia es una posibilidad remota. “aquí se saben los resultados el mismo día de las elecciones” y “pendejadas” como esa repiten, para denotar aún más su desfachatez y su falta de civilidad.   La democracia de los Estados Unidos de Norte América es la democracia continua más antigua del planeta con 220 años de existencia; y con todas sus características “propias de las formas federales que en ese país decidieron darse” desde el momento en el cual se constituyeron como nación, es un valioso activo mundial; y por este hecho, está calificada en el índice de democracia de “The Economist” como “democracia imperfecta”. Debería, por la implicancia que tiene, ser nombrada “patrimonio cultural de la humanidad”, si esto, de acuerdo a las normas existentes fuera posible. 

¿Ha salido alguna personalidad influyente de USA en su defensa?

Gracias a Dios así ha sido. Entre los más honrosos ejemplos han estado el ex presidente George W. Bush, activo miembro del “partido republicano”, el mismo partido de Trump. Éste ha reconocido la victoria de Biden y ha sostenido que ganó “en unas elecciones que han sido fundamentalmente justas”, por su parte, el canal “Fox”, canal de tendencia republicana, ha explicitado reiteradamente que  el saliente y “derrotado electoralmente” presidente Trump, no ha mostrado “una sola prueba que sustente sus acusaciones de fraude electoral masivo”. Y es que más allá de una derrota electoral de un partido, más allá del ego, los intereses y hasta las convicciones (por qué no) de “este señor”, está el sistema de vida de una nación que existió antes de él y que pretende seguir existiendo después de él.   

¿Cambiará algo con el triunfo de Biden?

Veremos un ajuste en la política internacional de USA; sobre todo, aquella relacionada con las dictaduras antes mencionadas. Una reconfiguración de la llamada “realpolitik” con Rusia va a significar la sinceración de la posición de USA con respecto de Venezuela. Veremos sin duda, no un “cambio de convicciones”, pero sí un cambio de “formas” y “métodos” con respecto a los asuntos relacionados con Venezuela y “Maduro”. El callejón sin salida en el cual se encuentra “la ruta” seguida por Guaidó, obliga a ajustar las movidas y los protagonistas para reconfigurar el tablero político en el país. En mi opinión, podríamos estar en presencia de una “desguaidización” o “desleopoldización” de las estrategias, y por tanto, de la oposición venezolana. 

 

Mucha gente creía fervorosamente en Trump como el “salvador” de Venezuela y el “protector de “la moral y las buenas costumbres”

La precampaña de Trump fue muy sucia. La movida de acusar a prácticamente todos los demócratas de abusadores infantiles, de ser gente que no tenía moral, de comunistas, de complotarse en aquello del “estado profundo”, y  a su vez, distorsionar las demandas de justicia y equidad de las minorías de los Estados Unidos de Norte América, fue sin duda, una de las peores “jugadas” de “política sucia” que se han dado en los últimos tiempos. Con respecto a la situación de Venezuela, están las declaraciones de John Bolton, en las cuales pone en duda el “sincero interés” de Trump en la “causa democrática” de Venezuela. Al menos, da qué pensar. Con respecto a los acuerdos y a las organizaciones mundiales, veremos una reinserción de los Estados Unidos de Norte América en los foros, reafirmando algunos compromisos globales, y más involucrado en la preservación y distribución de los “bienes públicos globales”, aunque no de forma tan radical. Con respecto al “guayabo pandémico electoral” el tiempo hará de curandero. En fin, no celebren aquí los enemigos de la democracia venezolana porque salió Trump, ni lloren tanto los que ven a “ese señor” como un “mesías”, porque tampoco lo es.    

¿Prevalecerá la democracia de USA?

Ha estado dando una lección de cómo civilmente puede compartimentarse el “desafuero ego maniaco” de un “embustero arrollador”. Y cuando las instituciones den respuesta a las querellas interpuestas y muestren la “fundamental justicia” de las elecciones, le tocará a Trump “responder por sus actos”, porque si de algo podemos estar seguros es de que en USA “eso no lo van a dejar así”.

Hablando de elecciones. Cuando en Venezuela dejemos de pensar que van a venir de afuera a resolvernos el problema, y empecemos a “votar” en cuanta elección exista “chimba o no chimba” y lo hagamos sostenidamente, una vez tras otra, iremos construyendo la “verdadera” ruta para poder transformar esta realidad tan desventurada. Empecemos por “rescatar el voto” como el instrumento para solucionar nuestros conflictos y fortalecer a los partidos políticos. 


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