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El mercado de las nostalgias es un mercado que suele ser exclusivo. Una pequeña parte de una sociedad disfruta de los productos o servicios basados en la nostalgia. La nostalgia simboliza el pasado. Un pasado presumiblemente mejor que el presente. Suele utilizarse para productos descontinuados o para crear colecciones. Un ejemplo de este mercado, es el mercado de los discos de vinilo o acetato. Hoy existen varias tecnologías que permiten no sólo la grabación, sino la reproducción de mayor calidad de la historia. Sin embargo, hay quienes gustan de escuchar un buen vinilo mientras observan el estuche del disco. No obstante, el uso de la nostalgia y de que todo pasado fue mejor como argumento discursivo en política, deja por fuera la lucha por construir un futuro mejor. 

¿Ahí viene?

Sí, ahí viene. El discurso de la oposición venezolana de que este gobierno no sirve (cosa evidente) y que era mejor la cuarta república (cosa también evidente), y que es posible volver a la cuarta (cosa imposible) no es más que un mercado de nostalgias. No se ganan elecciones con un discurso de nostalgias. No se ganan electores por la simple añoranza de un pasado mejor. 

¿Y “el cambio” no es una promesa de futuro?

¡Claro que no! Llamar a una población al cambio, sin darle un horizonte claro de dicho cambio que no sea “la cuarta”, no es una promesa de futuro, es una promesa de pasado. Encontramos partidos en la oposición cuyo nombre está directamente referido al “cambio”; pero ninguno indica “hacia dónde se quiere cambiar” a excepción, repito, de aquellos que quieren “viajar al pasado”. Al pasado mi querido lector, se puede viajar yendo a un museo, hablando con las abuelas y los abuelos, viendo películas viejas y leyendo algún libro de historia. Además, la cuarta república genera  muchos resentimientos todavía. Así como hay un grupito que la añora, hay otro que con toda razón la rechaza, y la gran mayoría (la juventud) la siente indiferente. Por otra parte, “El cambio” lo único que representa es la incertidumbre, de no saber qué esperar del futuro por parte de liderazgos muy mediocres. “El cambio” sólo sirve para sembrar miedo en una población psicológicamente muy frágil y maltratada. No podemos dejar el discurso anclado en “el cambio”. Hay que trascender esa idea mostrando el futuro posible. Hay que apuntar a “La Sexta República”. 

¿Rumbo a la 6ta República?

 

El fracaso general del proyecto de sociedad planteado en la constitución de 1.999, y la precaria situación de la institucionalidad del país, no deja otro camino que asumir la necesidad de re-institucionalizar a Venezuela. El país necesita un nuevo contrato social y un compromiso de las fuerzas políticas de respetarlo, para no agotar su capacidad de acción tan violentamente como se agotó el contrato actual. Da lástima ver a Venezuela partida en bloques, desgobernada, robada y saqueada y sin cuerpo institucional que la haga andar. Hoy depende más que nunca de los mandatos de potencias y no potencias extranjeras. No se da un paso aquí si “los rusos” o “los cubanos” o “los gringos”. El problema quizá no está en el contrato en sí; tal vez, son los intérpretes y los ejecutores, que son los mismos. En todo caso, qué necesitamos para conducir a Venezuela hacia la “6ta República” podemos dejarlo para futuras entregas. Lo importante es mostrar cómo queremos que sea, “La Sexta República” no tiene víctimas porque no es aún, hay que gestarla. 

¿Cómo te imaginas la 6ta?

Bella y contundente, y con la sabiduría que nos han dejado las enseñanzas  del hambre. Veo a un país que tendrá que re aprender a trabajar, a ser independiente, maduro, responsable de su destino; y por tanto, así su pueblo. El futuro de Venezuela cuenta con una juventud pujante, sembrada de conocimiento como pocas en Latinoamérica. Cuenta con riquezas naturales, con la solidaridad planetaria; cuenta además, con una fuerza vigorosa que son los venezolanos en el exterior, y la valentía de los que nos hemos quedado. Y eso a fin de todas las “cuentas”, es determinante en la sumatoria de lo que finalmente será La 6ta de Venezuela. 

 

Los 5 Pilares para un Plan de Gobierno

 Socialdemócrata en Venezuela  (otra vez)

Me gustaría en lo particular que se construyera tomando en cuenta los “5 Pilares” (altamente correlacionados) publicados en este mismo diario. Democracia, transparencia producto de la igualdad, innovación producto de la conjunción del sector privado, el sector público y los centros de enseñanza e investigación, globalización en lo tecnológico, en lo político, en lo social y en lo cultural, y por último pero la más importante “EDUCACIÓN” para la libertad, para la democracia, para la economía del conocimiento. Da pena ajena ver la página web del Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior” vacía de contenido, sin interacción con los docentes, sin información relevante, mostrando una gestión paupérrima y fatua. 

¿Es posible?

Todo es posible. Venezuela necesita menos extremismos y más ponderación. Más negociaciones y menos efectismos. Más votos y menos balas. No parece que los representantes políticos  extranjeros puedan hacer nada por los venezolanos sino lo hacemos nosotros en primer lugar. “La 6ta República” será honesta, estudiosa, trabajadora, productiva, madura, generosa en oportunidades a los jóvenes, respetuosa de los ancianos, aseada, ética, con modales,  nutrida física, espiritual e intelectualmente, sana, llena de optimismo y respetuosa de la ley. Y sobre todo, sabrá de la fragilidad de la libertad y la democracia, sabrá que la desigualdad es una tiranía y no permitirá que en nombre de la libertad o de la igualdad le esquilmen sus sueños los extremistas e hipócritas de la política. 

¿Por dónde empezamos a construir la “6ta República”?

Empecemos por rescatar el voto como la mejor vía para solucionar nuestros conflictos y fortalecer a los partidos políticos. 


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