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En estos primeros días del año he leído en las redes sociales numerosos textos plenos de ingenio y agudeza, pero confieso que ninguno como el que que nos ha brindado León Arismendi. Con su natural ironía y buen humor, nuestro estimado amigo escribió: «Esta frase, a mi juicio falaz, es la madre de los callejones sin salida: “luego de las parlamentarias del 2015, la coalición dominante decidió que no volvería a perder una elección”.». Se puede discutir si es falsa o verdadera la mentada frase, si lo acordaron o no. En mi caso, abrigo dudas, pues me vino tiempo atrás desde el mismo corazón del régimen, como seguramente también le llegó a otros compañeros de causa. Sospechosamente, la presunta conclusión de la «coalisión dominante», se difundió tan pronto los chavistas se lamían las primeras heridas de la batuqueada recibida durante la refriega electoral parlamentaria de aquel 6 de diciembre de hace cinco años, cuando preparaban sus cañones con los «magistrados express». Su uso indiscriminado, desde este lado de la acera, también sospechosamente, se inicio una vez el esfuerzo de convocar el referéndum revocatorio se frustró con la suspensión del proceso a partir de la mamarramucia de las cautelares de unos tribunales penales regionales en octubre de 2016. La autocrática decisión del régimen, a través de los poderes electoral y judicial bajo su control, dejaba en el recuerdo aquella hermosa épica para recoger las firmas sorteando todos los obstáculos que nos atravesaron. Una vez más cifrábamos nuestras esperanzas en la voluntad del dictador de permitir o no el referéndum para perderlo y una vez ibamos a llorar al valle, cual magdalenas. Era como demasiado obvia cuál sería su respuesta. Así, tan pronto apareció en 2017 el llamado a las elecciones de alcaldes y gobernadores, el mandado estaba hecho: una mayoría frustrada y un discurso subterráneo desde las entrañas mismas de la MUD que le hacía facil el trabajo al extremismo abstencionista recordando la consabida frasecita que nos ha traído el jodedor de «Leoncito». Pues lo que si es indiscutible es su consecuencia al haberla asumido como una verdad inmodificable, contra la cual no se puede luchar, para convertirla en «la madre de los callejones sin salida». Haberla aceptado de ese modo nos ha inhibido y nos ha cegado porque una cosa es que el régimen lo haya decidido así y otra que la pueda hacer efectiva, máxime si tenemos en cuenta que si nosotros estamos mal en la oposición, el poder de ellos es hoy mucho más frágil y vulnerable que ayer. Amanecerá veremos.

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