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Desde el 15 de octubre, Nicolás Maduro comenzó a anunciar “navidades felices” con un aparte muy especial para los niños venezolanos, a los que prometió “10 millones de juguetes” a través de las cajas CLAP para ser repartidos en la Navidad de 2020.  

Si la situación de los venezolanos es en general desesperada, son los niños y los ancianos los que han llevado la parte más pesada de la crisis, como advierten ONGs como Cecodap y Convite, que centran su atención en estos dos extremos del viaje existencial. 

Más allá de un juguete, los niños venezolanos padecerán en este 2020 unas de las peores navidades de la historia del país: niños carenciados, sumidos en la ignorancia, sin estructuras familiares y con una vida completamente triste y sin alicientes. 

A continuación, con datos, cinco verdades que le amargan la Navidad de 2020 a los niños venezolanos: 

Mortalidad infantil: 

Un niño que haya nacido en a partir de 2014 tiene 40% más posibilidades de morir en el parto, o en los primeros cinco años de vida que uno nacido en 2000. 

Según un informe de la ONG Save The Children (publicado el año pasado, y nada garantiza que la situación haya mejorado, sino más bien todo lo contrario), Venezuela es uno entre los apenas tres países del mundo en los que los indicadores de mortalidad infantil han empeorado desde comienzos de siglo, junto con Siria y Trinidad y Tobago. 

De hecho, en el mismo lapso, la mortalidad infantil y la desnutrición se han reducido a la mitad de hace 20 años en América Latina, lo que indica cuán a contravía ha marchado la “revolución bolivariana” en este tema, y cómo esto afecta a la felicidad infantil en la Navidad de 2020. 

Desnutrición infantil: 

La hermana siamesa de la mortalidad infantil es la desnutrición infantil, que creció en los últimos años a los límites en los que la situación venezolana puede catalogarse de hambruna.

Hace un mes, Cáritas, que trabaja el tema en serio, decía que monitorean al menos a 40 mil niños que padecen desnutrición severa, y que el porcentaje de desnutrición infantil se eleva a 14,4% del total, una verdadera alarma.  

La situación ha empeorado este año con el cierre de los planteles escolares, los cuales, aunque precariamente y en muchos casos solo con carbohidratos, suplían parte de las deficiencias nutricionales de los niños de los estratos sociales más bajos en los hogares a través del Programa Alimentario Escolar (PAE). 

Desescolarización: infancia que no aprende

Más allá de que al menos uno de cada cuatro niños (2,2 millones) ya no estaban escolarizados al inicio de la pandemia, el coronavirus ha hecho que por muchas razones esa cifra se eleve. 

Y más allá, para aquellos que aún permanecen en la escuela, 2020 es un año perdido. A mediados de septiembre, Maduro le pedía a su ministro de Educación, Aristóbulo Isturiz, que preparara “un plan de educación a distancia” el mismo día, por cierto, en que empezaban las clases. 

El resultado, por supuesto, ha sido desastroso. Según Orlando Alzuru, presidente de la Federación Venezolana de Maestros, ni docentes ni alumnos tienen acceso a Internet, y en la práctica, cuando llega la Navidad de 2020, vamos para dos años educativos perdidos. 

“El Estado debe dejar de improvisar” y establecer un plan que logre garantizar la educación a distancia, señala Adelba Taffin, presidenta de la ONG Padres Organizados de Venezuela.

Crecen el maltrato y el trabajo infantil

El encierro obligado, en espacios pequeños y con pocas oportunidades de distracción, han incrementado también el número de casos de maltrato infantil; mientras, la crisis ha hecho que crezca el trabajo informal de los niños, según ONGs especializadas en el tema. 

La ONG World Vision, que realizó 420 encuestas en cuatro estados, mostró que la violencia infantil es un fenómeno recurrente en los hogares de menores ingresos, así como el incremento de la mendicidad como principal forma de trabajo infantil. La tendencia se incrementará en la medida en que se acerque la Navidad de 2020. 

Los periodistas que cubren la fuente de Sucesos también pueden atestiguar de la ocurrencia casi cotidiana de crímenes, en muchos casos atroces, contra infantes, buena parte de ellos incluyen violencia sexual.   

Y lo que se conoce, es solo la punta del iceberg de un delito que tiene un enorme subregistro, porque se comete dentro de los hogares.

La misma ONG Save The Children señala que una de las principales causales de mortalidad infantil en los últimos 20 años son los homicidios, que han crecido en 60% en este siglo. 

Niñez dejada atrás, sin raíces ni alas

En momentos en que se produce una nueva oleada de migrantes, en vísperas de la Navidad de 2020, es bueno recordar que según la Unicef, una de cada cinco familias que emigra deja niños a cargo de parientes.

Esto hace que, como mínimo, cerca de 1 millón de niños estén a cargo de familiares, los cuales, en muchos casos, son de la tercera edad y con poca fuerza para controlarlos. 

Además, la casi total carencia de actividades complementarias a la educación, como actividades deportivas o artísticas, hacen de 2020 un año muy triste para ser un niño venezolano. 

Esto va mucho más allá de que un niño tenga un juguete o no. Y deben recordarse los juguetes de mascota que entregó el CLAP en 2017, que causaron una ola de indignación en el país.

https://www.caraotadigital.net/nacionales/cinco-razones-por-las-cuales-la-navidad-de-2020-no-puede-ser-feliz-para-los-ninos-venezolanos