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Hoy lunes 21 de diciembre se celebra en muchas partes la llegada del espíritu de la navidad, este año con una alineación planetaria espectacular que va a ofrecer desde la tierra un evento astronómico que los cristianos de la nueva era y los astrólogos comparan con la famosa luz que guió a los magos en su viaje a la aldea de Belén, donde se dice nació Jesús en una cueva o en un pesebre huyendo de la persecución del rey Herodes. Este año 2020 ha sido rudo por la pandemia desatada por el Covid 19, con unas consecuencias terribles para la humanidad, retomar la esperanza  con el nacimiento de un niño judío como mesías según la tradición cristiana es para los millones de personas que profesan esa creencia algo esencial que hace parte con la muerte de ese niño 33 años después el centro trascendental que le da fuerza y renovación al cristianismo en sus distintas interpretaciones.  Pero me disculpan que no desarrolle el título de esta nota completa y ofrezca una explicación del simbolismo espiritual y astronómico de estos dos sucesos que unidos seguramente tendrán algún significado más allá del solsticio de invierno, que ocurre para el hemisferio norte todos los años en esta fecha y una alineación planetaria importante con la tierra de los dos planetas más grandes del sistema solar, porque no soy astrónomo, astrologo ni estudioso de la simbología cristiana, lo que sí quiero  comentar es la simbología del silencio que representa el uso del tapabocas como medida preventiva contra el virus.

El uso del tapabocas sanitario como medida preventiva para evitar el contagio del Covid 19 es una humillación que sufre la humanidad, 100 años antes la mal llamada peste española que llegó a Europa en los barcos que transportaron tropas y pertrechos de Estados Unidos para librar la primera guerra mundial también implementó el tapabocas como medida sanitaria, esto quiere decir que la raza humana que es una sola, a pesar de todo el desarrollo científico tecnológico que ha alcanzado es frágil, se muestra indefensa y como en el pasado recurre al confinamiento, al distanciamiento físico y al uso del tapabocas para sobrevivir. Recordemos que en la historia del pueblo judío para liberarse de la esclavitud en Egipto, el Señor mandó 10 plagas para obligar al Faraón a dejarlos abandonar esa nación como hombres libres, entre esas  plagas la décima y última plaga fue la de la muerte de los primogénitos, de la cual se salvaron los judíos porque tenían instrucciones divinas de pintar los marcos de las  puertas de sus casas  con  sangre de cordero, quedándose en ellas sin salir para evitar que el ángel de la muerte penetrara a sus hogares y diera muerte a sus hijos.  A lo largo de la Biblia hebrea (la Torá) como en el Antiguo Testamento cristiano las plagas por virus siempre fueron un castigo de Dios para los hombres por sus malas acciones y comportamiento pecaminoso. Por supuesto que muy pocos son los que sostienen que el Covid 19 es un castigo de Dios a la humanidad, algunos más ecológicos hablan de una lección de la naturaleza para que aprendamos a convivir con el ambiente, en lo particular creo que después del Covid seguiremos tan iguales como antes porque la naturaleza humana en su sentido colectivo tiene una tendencia más dionisiaca que apolínea, esto quiere decir que prefiere la rumba y la fiesta a la oración, la meditación y el orden, los ejemplos sobran en Europa y en distintas ciudades del mundo en donde se organizan fiestas clandestinas de jóvenes y adultos en total rebeldía al confinamiento. Estas celebraciones orgiásticas son la respuesta a la autoridad del estado que pretende con todos los argumentos validos o no, controlar la vida individual de los ciudadanos. El uso del tapaboca se interpreta como la negación o ausencia de sonrisa porque tapa la mitad del rostro, además el distanciamiento físico se ha vendido equivocadamente como distanciamiento social, y esto no solo es imposible porque el ser humano es gregario por naturaleza, sino que le es imprescindible el contacto para reproducirse biológica y socialmente. 

Pero lo más preocupante que representa el tapabocas es la ausencia del habla, los gobiernos obligan a usar el tapabocas mientras se libra una guerra de laboratorios y nacionalidades con miles de millones de dólares invertidos, en donde el ciudadano no decide cual vacuna cuando este lista quiere aplicarse o si se la quiere aplicar, esto quiere decir no hables, mientras dure la pandemia el Gran Hermano avanza y los demás tenemos que mantenernos distantes uno de los otros, sin  ver la sonrisa de los demás ni la propia,  callados, dentro de nuestras casas, con un grupo reducido de familiares porque si te pasas de diez personas como en España te multan. Personalmente uso el tapabocas y guardo las medidas recomendadas, pero no vivo con el Covid en mi mente, en Venezuela hay extensas zonas populares en donde no existe el distanciamiento físico, el uso de la máscara ni nada parecido porque les es imposible dejar de buscar un poco de alimento para no morir de hambre, eso debe preocuparnos por el Covid y por todo. Ojalá el espíritu de la navidad llegué de verdad y la conjunción de los planetas signifique algo para los venezolanos que estamos confinados en nuestro propio país, mucho tiempo antes de la pandemia por un gobierno inepto y autoritario.

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