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Los resultados de la Consulta Popular organizada por un selecto grupo de personalidades encabezada por la ex magistrada Blanca Rosa Mármol de León, Enrique Colmenares Finol y otras destacadas figuras de la política, acompañados por instituciones de la llamada sociedad civil,  fue  asumida por la Asamblea Nacional a pedido de una respuesta a las parlamentarias organizadas por  Maduro que hicieron los Obispos en la Conferencia Episcopal, que plantearon la inconveniencia  de dejarle todo el campo de batalla a Maduro sin ofrecer una alternativa al descontento opositor. La respuesta fueron más de 6.400.000 de votos, una cantidad mayor a  lo que dice el CNE participaron en los comicios de Maduro, al principio la alegría y la esperanza de la oposición que organizó y participó, contrastó con las caras largas de los jerarcas del madurismo que fueron golpeados por una alta abstención que fue evidente para todos los que vieron los centros de votación vacíos y a los funcionarios y testigos durmiendo mientras esperaban a los votantes que nunca se presentaron.  

Con votos o sin ellos legal o ilegal, nadie debe tener dudas que Maduro va a instalar el próximo 5 de enero su Asamblea con un control total, contando con una escuálida representación de la llamada mesita que avaló y participó en las elecciones con los cambios de última hora que realizó el CNE, lo que quiere decir que participó con las condiciones que ofreció el régimen que en nada se acercan a las exigidas por la comunidad internacional y la mayoría opositora que rechazó participar precisamente por ausencia de condiciones democráticas que el gobierno no solo no concedió sino que hizo imposible la participación por la confiscación arbitraria de partidos y símbolos a sus genuinas autoridades, para otorgárselas graciosamente a través del TSJ a quienes se prestaron dentro de esas organizaciones políticas para tamaña marramuncia.

El escenario que se va a presentar con la instalación de la Asamblea no es un secreto de estado, a Guaidó y a los diputados que votaron por la continuidad de la Asamblea electa en 2015 en la última sesión del año este diciembre le esperan días difíciles, ya desde el gobierno han anunciado que irán por ellos acusándolos penalmente, pero eso no es noticia nueva y los diputados tendrán que decidir entre la cárcel, el exilio o la resistencia clandestina pacifica, que va a depender en mucho de la defensa y presión que ejerzan los organismos internacionales y los países más comprometidos con la libertad de Venezuela, es decir incremento de sanciones personales a funcionarios civiles y militares, con el objetivo declarado de agrandar las presuntas fisuras internas del madurismo, que teniéndolo todo a partir de enero entra en una zona de conteo para ofrecer soluciones reales e inmediatas a la mega crisis que sufrimos, ya que no le quedan excusas de ninguna clase, porque esa Asamblea electa ilegítimamente por las razones que todo el mundo conoce tiene como objetivo darle una cierta garantía a sus aliados económicos y políticos y a más nadie, porque no va a ser reconocida por las principales democracias del mundo ni le va a lavar la cara al régimen.

Yo entiendo perfectamente que los partidos políticos en una democracia normal participen en elecciones, soy partidario del ejercicio del voto siempre y cuando existan condiciones para ejercerlo, en esto se ha basado la estrategia opositora cuando rectificó en 2015 obteniendo una victoria que tomó por sorpresa a Maduro que confiaba ciegamente en la movilización del aparato chavista, el ventajismo y el uso de los recursos del estado. Esa derrota le enseñó a Maduro y a sus asesores que para participar de nuevo tenían que cambiar más de lo que ya lo han hecho las reglas de juego a su favor y usar con precisión el cuchillo para rebanar a la oposición hasta el punto que cuando se instale la Asamblea madurista en enero lo que quede de la unidad salte olímpicamente a una narrativa de participación electoral como tabla de salvación, porque según los que se están asomando a esa posibilidad de ir a elecciones  con o sin condiciones,  en esa narrativa somos tan arrechos que podemos arrebatarle un significativo número de gobernaciones y alcaldías, con cualquier tarjeta porque el pueblo venezolano va a acudir a votar masivamente por los candidatos que pongan los jefes de los partidos que no tienen partidos porque se los robaron  y la sociedad civil que con honrosas excepciones no pasan de ser  grupos de amigos que comparten inquietudes e ideas políticas  por  whatsapp y zoom por el confinamiento y porque a pesar del entusiasmo no se ha producido el desenlace de cambio que se ofreció y mientras el pueblo protesta por la situación terrible, no hay una conexión real entre esas protestas y la clase política que no acompaña esas manifestaciones populares de repudio a Maduro y su gobierno porque está disminuida, sin músculo organizativo y sobrevive por el apoyo y las acciones que desde el exterior acometen los políticos en el exilio, que desde hace tiempo tienen claro que solos no podemos salir de Maduro.

Entiendo que la Consulta Popular tuvo como objetivo la ratificación de una estrategia de no reconocimiento a Maduro, una participación más activa de los factores internacionales para buscarle una salida a la crisis y si se puede, obtener condiciones para una elección general con condiciones equitativas o lo más cerca que se pueda de ellas,  observancia internacional y restitución de derechos políticos. Si esto es así y el resultado ha sido altamente valorado como positivo, ¿cuáles son las razones para abandonar esa estrategia y montarse en las regionales de mediados de año con el objetivo de acumular fuerza electoral para las presidenciales en 2024? Alguien puede creer sinceramente que Maduro va a solucionar algo que lo mantenga en el poder hasta esa fecha, no lo creo, es más comparto lo que repitió Chávez muchas veces, gobernaremos hasta el 2021, su palabra vaya adelante comandante.

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