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Según cifras de la organización Foro Penal, en Venezuela al menos 370 presos políticos permanecen en las mazmorras de la dictadura. De esta cifra, 243 son civiles y 127 son militares. A ninguno se les ha respetado el debido proceso. La mayoría de ellos permanecen secuestrados, sin juicio, sin garantías, sin justicia. Hay quienes sobrepasan incluso el número de años imputables a los supuestos delitos que se les acusa. Delitos que han sido fabricados por la dictadura simplemente porque un día se volvieron peligrosos y el costo de encarcelarlos era menos elevado que el de asesinarlos. Aunque todos sabemos que no siempre es así, basta con preguntarle a la familia de Rodolfo Pérez González, de nuestro hermano Fernando Albán o del capital Rafael Arévalo.

Cuando uno lee entonces que la dictadura que desaparece, tortura y asesina solicita al gobierno de Cabo Verde una medida humanitaria en favor de Alex Saab, no puede más que indignarse. Sobre todo cuando la demanda viene de un régimen en cuyo vocabulario la palabra humanitaria no existe. Ojalá el drama de nuestros presos políticos fuesen los mosquitos y el calor de los que Alex Saab se queja. Pero sin instituciones que los defiendan nuestros presos políticos tienen que preocuparse que el esbirro de turno les pase la comida, que no le roben sus pertenencia, que no los torturen o que no los lancen de una ventana y luego digan que se suicidaron. A nuestros presos políticos solo los mantiene vivos la esperanza sus familiares y la lucha que cada uno de ellos da en pro de su libertad.

Sorprende igualmente ver a una dictadura que, cuando le conviene, acude a los tribunales internacionales pidiendo justicia. Lo han hecho con Saab, cuya millonaria defensa pagada con oro venezolano, ha llegado al punto de introducir en tribunales africanos recursos para “proteger” los Derechos Humanos del delincuente de nacionalidad colombiana. Sí, es la misma dictadura que en Venezuela pisotea y viola el más mínimo derecho de sus presos políticos y de millones de venezolanos. La misma dictadura que desacata las sentencias de tribunales internacionales y las medidas de protección otorgadas por el sistema interamericano en favor de sus perseguidos. La misma dictadura que se ha pasado por el forro las recomendaciones de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet. Esa misma dictadura es garantista cuando de defender a sus maleantes se trata.

Mientras llegue la hora que la justicia internacional toque a los torturadores y asesinados del régimen chavista no queda más que recordar cada día a todos y cada unos de nuestros presos políticos. Quienes junto a todo el país solo podrán recuperar su libertad el día que termine la etapa más oscura y perversa que ha vivido nuestra Venezuela: el madurismo.

@BrianFincheltub

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