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Bernard Horande @BHorande

¿Qué le conviene más a los EEUU y al mundo? ¿Que gane Trump o que gane Biden? ¿Quiénes celebrarán el triunfo de uno u otro?

Preguntas que unas cuantas personas se hacen a escasos días de las elecciones norteamericanas.

Mucho se habla de teorías conspirativas. Es cierto que existen muchísimas teorías que sostienen hipótesis realmente insensatas. Algunas rayan en la demencia.

Una que recuerdo bien es aquella que afirma que el hombre nunca llegó a la luna y que todo fue un show montado en la tierra. Disparatado.

Pero hay otras que no. Hay unas cuantas teorías a las cuales ciertos intereses les conviene hacer pasar por “teorías conspirativas de baja o nula credibilidad”.

Pero que no lo son. El interés es trivializarlas, banalizarlas. La realidad es que son ciertas al 100%.

Una de estás últimas, totalmente comprobada y documentada, es la que tiene que ver con que en el mundo está en marcha un poderoso movimiento que, en resumen, busca violentar los principios y la forma de vida occidental.

Una ola que quiere modificar los rasgos y valores de la civilización judeocristiana y redireccionarla hacia el socialismo, hacia el “progresismo”, palabrita relativamente novedosa con la cual se intenta disfrazar el verdadero objetivo: el socialismo y, de seguidas, el comunismo.

Un movimiento “progre” que apela a los “derechos de las minorías”, que se afinca detrás de fachadas como el ambientalismo, que no tiene escrúpulos en mezclarse y ser apoyado por el islamismo, y que se nutre del financiamiento del narcotráfico, de acciones terroristas y del apoyo de países como China, Rusia, Irán, sólo para mencionar los más importantes.

Para no extenderme sobre este particular, cualquiera puede informarse mejor leyendo estos artículos:

https://bit.ly/2TAGc8H – https://bit.ly/3jGNq5J

Lo cierto es que hay alguna gente que no se ha dado cuenta del peligro. Por ingenuidad, ignorancia o simplemente buena fe (“no, yo no creo…”).

Para otros no son fiables ni veraces. “Una teoría conspirativa más”.

Pero hay otros que sí lo saben y están plenamente conscientes, y juegan a que ese movimiento, abundantemente financiado por capitales ya ampliamente detectados, vaya alcanzando éxitos.

¿Cuál es la gran barrera a vencer por parte de este movimiento, por parte de este intento de “Nuevo Orden Mundial”?

La sociedad norteamericana. La sociedad capitalista por antonomasia, impregnada de valores familiares y religiosos.

Un sistema que ha convertido a los Estados Unidos en la nación más poderosa del mundo y una de las economías más prósperas del planeta.

Por ello, las elecciones en Estados Unidos de este 3 de Noviembre de 2020 son cruciales. Representan una encrucijada.

Los electores norteamericanos no sólo decidirán su propio futuro, sino en buena parte el del mundo occidental.

El Partido Demócrata norteamericano, apreciado por muchos venezolanos por décadas, ya no es hoy el que solía ser. Se había guardado una relación empática con los Demócratas, no tanto así como con el Partido Republicano.

Quizá sea porque figuras como, por ejemplo, Franklin D. Roosevelt, Harry Truman y, sobre todo, la de JF Kennedy, enamoraron a muchos.

También cabe decir que el mundo en general nunca notó una diferencia sustancial entre las ejecuciones de los gobiernos republicanos y demócratas.

Al final, se sabía que ambos seguirían defendiendo el “capitalismo”, con eventuales matices en cuanto a materias como los impuestos y otras.

Pero las cosas han cambiado. Hoy el Partido Demócrata norteamericano está penetrado por clarísimas fuerzas socialistas (“progresistas”) opuestas a los valores occidentales que han guiado la sociedad norteamericana.

¿Ejemplos? El mil veces declarado socialista Bernie Sanders, las cuatro congresistas que forman “The Squad” (Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib), Elizabeth Warren, todos con altísima influencia y mucho poder dentro del ala Demócrata. No son los únicos “rojos-rojitos” pero sí de los más representativos.

No son casualidad los desórdenes callejeros en USA impulsados por movimientos como BLM, Antifa, etc.

Tampoco la ola de manifestaciones que ocurrieron hace pocos meses en varios países de Sur América y de Europa y que volvieron por sus fueros recientemente, por ejemplo, en Chile.

Ahora bien, si algo detectó Trump claramente es la existencia de este movimiento mundial que busca subvertir la forma de vida occidental. Y lo ha venido enfrentando en todos los órdenes y espacios.

Políticamente, económicamente, socialmente, culturalmente.

También detectó la lenta pero firme tendencia que algunos estudios en USA indican acerca de la creciente preferencia de muchos estadounidenses hacia ideas socialistoides.

Joe Biden es un candidato opaco, con problemas mentales evidentes, con fuertes acusaciones de corrupción en su familia que lo involucran directamente, y con una candidata a VicePresidente sobre quien existen muchas dudas.

Algunos afirman que Kamala Harris podría sustituir a Biden a los pocos meses de gestión si este se ve obligado a dimitir por razones de salud o juicio por corrupción.

Por otro lado, Donald Trump, un outsider del Partido Republicano, ha sido un Presidente sumamente polémico y polarizador, alejado de las formas “políticamente correctas”, señalado por evadir impuestos, acusado de ejercer el populismo.

Su carácter, su arrogancia y su talante caen mal a muchos. Vamos, que no se hace querer fácilmente por todo el mundo.

En su favor, sería mezquino no reconocerle sus éxitos en materia económica. El norteamericano en general tiene más dinero en el bolsillo, y de manera particular, las comunidades negras y latinas.

Por eso, esta elección presidencial del 3 de Noviembre en Estados Unidos quizá sea histórica y definitoria, no sólo para los norteamericanos sino para los latinoamericanos y todo el mundo occidental.

No es un secreto cómo están hoy regresando al poder en América Latina gobiernos de corte socialista: Mexico, Argentina, Bolivia. Claras amenazas en Colombia, Chile, Brasil.

Pensemos: ¿quiénes podrían celebrar un triunfo de Joe Biden y Kamala Harris, o más bien, una derrota de Donald Trump y Mike Pence?

La respuesta es simple: con toda seguridad destaparán cajas de botellas de champagne los regímenes chino, ruso, turco, cubano, iraní, y por supuesto, algo que nos afecta directamente a los venezolanos, el régimen de Nicolás Maduro.

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