El pasado 14 de junio se cumplieron 100 años de la desaparición de Max Weber (1864-1920). Su extensa obra, en la cual sobresale “LA ÉTICA PROTESTANTE Y EL ESPÍRITU DEL CAPITALISMO”, contribuyó de manera inigualable al desarrollo de las Ciencias Sociales. Como bien observa Jesús Terna, el centenario de su muerte ha pasado por debajo de la mesa. Con su bien logrado artículo (3/Julio/2020): “MAX WEBER Y UNA CONFERENCIA SOBRE EL SOCIALISMO (1918)”, Terna quiso honrar la memoria del insigne pensador alemán.

Alineado con uno de los aspectos que él desarrolla, nuestro escrito tiene la intención de ser un modesto homenaje a Max Weber, el científico social a quien los socialistas, temerosos de la fuerza de su obra, buscaron siempre descalificar y marginar. Como pensador lo etiquetaron como el “Marx burgués” con la intención de descalificarlo para acrecentar así la estatura de Marx. Simultáneamente, su obra fue intencionalmente marginada de los círculos académicos, declarados reinos del pensamiento marxista. Y no sin razón, en ella Weber había demostrado la falsedad de la interpretación materialista de la historia, basada en la determinación de la infraestructura económica sobre la superestructura política, jurídica, cultural, etc.

Más, como dice Terna, lo que resulta incomprensible es la poca atención que tantos liberales como conservadores han prestado a su obra y a la aplicación de sus ideas en el campo de la contienda ideológica contra el Socialismo, señalando que:

“no hay razón para no airear la crítica lúcida y pragmática que el alemán hizo del Socialismo derivado del marxismo y su vaticinio acerca de a qué infierno iba a conducir.”

La Conversación entre Weber y Schumpeter

En el libro “LA GRAN MASCARADA” (2000), páginas 154-155, Jean-Francois Revel reproduce y comenta una conversación sostenida entre Max Weber y Joseph Schumpeter en Viena. El intercambio –aclara Revel- se produjo en los comienzos del régimen bolchevique, dado que Weber murió en 1920. Entonces, comentando ambos sobre el reciente triunfo de la revolución socialista en Rusia, Schumpeter subrayó “la gran satisfacción que le producía” el hecho de que “a partir de ahora el Socialismo no se limitaría a un programa escrito”, sino que “debería probar su viabilidad”.

A lo que Weber respondió contrariado que el Comunismo en el estado de desarrollo en que se encontraba en Rusia constituía “virtualmente un crimen”, que seguir esa dirección llevaría a una “miseria humana sin equivalentes” y a una “terrible catástrofe”.

“Eso es lo que ocurrirá, pero qué perfecto experimento de laboratorio” respondió Schumpeter. “Un laboratorio en el que se apilarán montones de cadáveres”, respondió Weber.

Comentando sobre este encuentro entre dos grandes, Revel resalta con precisión:

“Uno de los más grandes sociólogos y uno de los más grandes economista de nuestro siglo estaban de acuerdo en no alimentar de antemano ninguna ilusión sobre el comunismo y en darse cuenta de su disposición criminal.”

En este aspecto, ambos acertaban. En efecto, la disposición criminal del Comunismo fue entonces confirmada con la creación de campos de concentración por Lenin en Rusia, Mao en China y, posteriormente, el Che reproduciría la misma experiencia en Cuba.

Existía, sin embargo, una diferencia en la visión de los dos autores -destaca Revel: “Schumpeter conservaba todavía una ilusión que Weber no tenía, la ilusión de que los fracasos y los crímenes del comunismo servirían de lección para la humanidad”.

Finalmente, concluye Revel: “Como economista Schumpeter pensaba que fracaso significaría refutación. Como sociólogo, Weber sabía que ninguna utopía se siente jamás refutada por su fracaso”.

Tal fue en aquel momento el acierto de Weber, sustentado en la fortaleza intelectual que le proporcionó el dominio de disciplinas científicas como la Sociología, la Economía, la Historia, las Ciencias Jurídicas y Políticas, así como el de la Filosofía.

A propósito de “utopías no refutadas por su fracaso” y volviendo a Terna, éste teme por el futuro de su patria, España, ante el peligro real que la alianza globalista/socialista significa para la unidad nacional y la democracia luego de haber aquélla capturado el poder. El mismo peligro representa hoy esa alianza en EEUU -lo que hace temer por el futuro mismo de la Civilización Occidental (democracia, cristianismo, familia, propiedad privada)- tal y como se anuncia en la desafiante frase de la líder del Black Lives Matter: “Somos marxistas entrenadas”.

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