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A pie y por trochas; otros con mejor acomodo económico, por vía aérea o terrestre. Son las historias de venezolanos asfixiados por la realidad política, social y económica que corre en Venezuela, y no parece tener fin.

Ciudadanos como Diana Rodríguez que con piel curtida por el intenso sol y pies lacerados ingresan a nuevas fronteras, con la ilusión de una mejor calidad de vida, para proveer dinero a sus hijos menores.

Es así como por estas fechas, donde la nostalgia está a flor de piel y los recuerdos de aquellos momentos vividos con familiares que ya hoy no están cerca, nos hacen más sensibles e incrementan el deseo de verlos, abrazarlos y compartir la cena navideña y de fin año.

Historias de vida como la de Rolixa Adrián, una venezolana del estado Yaracuy, que no se cansa de pedirle perdón a Dios, se siente culpable de haber dejado a sus hijos en casa, mientras ella camina buscando un mejor porvenir; son parte de los relatos que ya son comunes en cada familia.

“No tenía por qué dejarlos allá”, dice con voz quebrada refiriéndose a sus cuatro hijos.

Realidades duras de  creer

Así como Rolixa encontró en sus hijos el impulso necesario para abandonar su país, Luis Ángel Lucena, tampoco lo dudó. A pesar de tener una limitación física, el padre de familia se vio confrontado al ver que no tenía como mantener y dar de comer a sus hijos, razones de sobras para salir de su natal Venezuela. Sin embargo, a distancia le pesa y le arruga el corazón por estas fechas.

“Deseo acostarme tranquilo y no tener que pasar toda la noche pensando qué le voy a dar a mis niños mañana para que se desayunen”. Es la idea principal que sacude la mente de Luis, cuando el deseo de regresar le parece un impulso casi incontenible.

Sin temor a equívocos el deseo de los migrantes venezolanos por estas fechas, es tener una tregua, un respiro, un espacio en el tiempo para que entre connacionales pueda darse la oportunidad de vivir momentos alegres semejantes a los de hace un par de años atrás.

https://www.caraotadigital.net/nacionales/abrazarnos-y-comer-juntos-el-deseo-de-los-migrantes-venezolanos-en-navidad