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Extraña sensación

Abatido, esa quizá sea la palabra precisa: abatimiento, eso es lo que se siente al padecer el Covid-19. Es extraña la sensación porque suma muchos padecimientos conocidos: gripe, fiebre, indisposición general, jaqueca, ahogo, asma, pero los presenta en bloque, todo a un tiempo. Por eso quien presenta los síntomas del virus chino ante todo se siente abatido, pierde el aire, se asfixia.

Así ha sido el año 2020, un gigantesco abatimiento no sólo para los venezolanos sino para el mundo. ¿Quién puede señalar que está satisfecho con lo que hemos sufrido?

Nadie, ni los chavistas.

Asfixiados, como el mundo

Amigos que han padecido el coronavirus me habían advertido sobre el malestar que causa. Ahora me tocó a mí padecerlo y, pese a no sentirme en agonía, entiendo el abatimiento universal que ha causado en carne propia, es una extraña manera de estar postrado, adolorido, solo. Al menos podemos narrar lo que sentimos, porque lamentablemente muchos –muchísimos– han muerto.

Aunque muy pocos, tengo conocidos a quienes se los llevó el virus chino, no me pude despedir de ninguno porque los agarró por sorpresa, ahorcó sus pulmones, los dejó sin aire.

Asfixiados, como el mundo.

La trampa china

Mi malestar –aunque por lo que he escuchado no es el peor– es oscilante, raro. El cuerpo se corta, los escalofríos son espasmódicos, toses pero no toses, te duele la garganta –como amigdalitis– pero no lo es, la espalda se tensa como si tuvieses un espasmo muscular, sientes asfixia pero puedes respirar, es, en todo caso, como digo antes, una suma de padecimientos rarísimos que te abaten.

Te sientes bien y caes en la trampa de pensar que estás curado, no es así, horas más tarde los chinos y su virus te recuerdan que no eres nadie, te clavan mil dolores en las entrañas, y ríen.

No he tenido fiebre, pero mi cuerpo arde.

Simples mortales

No sé si sea mejor o peor padecer el Covid-19. Unos dicen que reincide; otros, que no. Pienso que el entender esta sensación confusa de dolor, enfermedad y asfixia nos permite anticiparnos a una posible reincidencia y calibrar qué hacer ante ella. No obstante, el solo hecho de saber que sufriremos nuevamente este desasosiego mortifica y, a su modo, también asfixia.

El virus chino tomó desprevenida a la civilización, imaginen si nosotros –simples mortales– estaríamos prevenidos para sufrirlo. No, no lo estamos.

¿Deliro?

Extenuación por el virus

Me siento mal, pero no tan mal como otros se han sentido. Aunque apenas comienza mi nefasta experiencia, en realidad no creo que termine hospitalizado. Sin embargo, me aterra saber que en este momento millones de seres humanos están sintiendo exactamente lo mismo que yo o incluso peor. Me conmueve, me deja mudo, que millones de personas vivan este abatimiento. Duele.

La extenuación por el virus es tan individual como global, está en todas partes y millones de inocentes seres humanos se enfrentan en este segundo a esta inusual desgracia pandémica. 

¿Imaginan? ¿Pueden?

Una secuencia de horrores

He escrito mucho sobre el padecimiento espiritual y moral del venezolano como consecuencia de la peste chavista, esa lepra roja de nuestro tiempo. Por eso, tumbado en esta cama, con todos estos dolores y sensaciones extrañas, decidí escribir sobre lo que significa –en vivo y directo– sufrir el coronavirus. Algún día, dentro de muchos años, alguien leerá este escrito y comprenderá –ahora sí– nuestra agonía. 

Sin gasolina, sin luz, sin medicina, sin agua, con lepra chavista y virus chino. Esa es la Venezuela de principios de siglo XXI. No ha sido fácil. Una secuencia interminable de horrores.

Pero hemos resistido y seguimos…

 

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